MURCIA. Sobre Murcia, sin mucha precisión de qué significa eso territorialmente, pesa algo así como una leyenda negra. Proviene de casi todo el resto de España, sin precisar tampoco, en lo geográfico. Esa leyenda negra supone un claro desaprecio, no tanto desprecio. En primer lugar, por nuestra pronunciación del español. Ya desarrollé ese tema en estas mismas latitudes editoriales. Asimilar cualquier elemento fonético a niveles de calidad es, ya lo dijo Saussure, una especie de racismo lingüístico. No existe una norma objetiva superior en ese terreno. Calificar y clasificar acentos y hablas por calidad de pronunciación es estúpido, supremacista e ignorante.
Hoy, nos ocupamos del refranero. “Mata al rey y vete a Murcia”, dice el primero de los que vamos a tratar. La cosa viene de cuando aún estaba vivo el imponente Castillo de Xiquena, que en principio sería Giquena o Jiquena. Hoy pronunciamos todos esa equis. La palabra viene del árabe: Gehena, que significa Infierno, nada menos. Este castillo, o sus ruinas, aún se alza en el camino viejo de Lorca a Los Vélez, por dentro, por la sierra. Casi hasta tocar con la linde almeriense. Fue construcción andalusí, para vigilar las incursiones castellanas desde la Ciudad del Sol. Luego, fue alternativamente cristiano y moro, según los conflictos fronterizos caían de una u otra parte.
Ya en el XV, nadie quería ir a servir al Castillo del Infierno, aislado y pobre. Y el señor del Castillo, un Fajardo, logró del rey que perdonase la vida a los asesinos convictos, con tal de que fuesen a servir un año a ese Averno en la Tierra que era aquello. El resultado fue que el castillo se llenó de “homicianos”, palabra antecesora de homicidas. No siempre se mantenía abastecido el castillo, por lo que aquellos hombres sin escrúpulos salían en razzia, bien a tierra de moros, bien a tierra de cristianos.
Así las cosas, el caso es que la llamada del rey, a petición del bravo y pendenciero Fajardo, cundió en Castilla, y algún amigo de la innovación refranera, acuñó la frase: “Mata al rey y vete a Murcia”; es decir, todo asesinato era perdonado con tal de irse a Murcia a defender contra el moro la fortaleza, durante un año. El entendimiento popular de la frase se extendió, por el mecanismo de pensamiento débil, en “Murcia, tierra de asesinos”. O cualquier otro semejante. El caso es que eso: “yéndote a Murcia, se te perdona todo”.
Y, en esas estamos. Los asesinos convictos y redimidos eran en su mayoría castellanos, pero el sambenito recayó en exclusiva sobre esta tierra y sus habitantes. Laus Deo.