El anuncio del alcalde de San Javier, José Miguel Luengo, de hace tan solo unos días ha causado un gran revuelo entre empresarios, vecinos y turistas que trabajan, viven y disfrutan en La Manga del Mar Menor. Pero éste no es un ajuste urbanístico más. Es, en la práctica, un cambio de modelo para La Manga del Mar Menor cuyo fin es frenar la construcción de viviendas, una política urbanística implantada desde hace décadas en la zona y apostar decididamente por el desarrollo turístico.
Tal y como dicta la propuesta la modificación de planeamiento elimina el uso residencial colectivo en los suelos pendientes y reduce la edificabilidad en torno a un 30%. Traducido: no habrá más torres de viviendas -así de categórico fue Luengo- y el crecimiento se orientará a hoteles, apartamentos turísticos y servicios vinculados al sector.
Un diagnóstico claro: sobran casas, falta vida
Los datos expuestos explican este giro. Más de 20.000 viviendas frente a apenas 3.000 residentes censados y unas 4.000 plazas turísticas regladas. Durante gran parte del año, La Manga funciona a medio gas, por lo que está claro que el anhelo de la desestacionalización que tanto se ha promulgado y vendido a lo largo de los últimos años ha sido una auténtica quimera.
El modelo basado en la segunda residencia ha generado una realidad difícil de sostener: urbanización intensiva con actividad económica intermitente. Calles llenas en verano y prácticamente vacías el resto del año.
Con este contexto, la decisión busca romper esa dinámica: sustituir el crecimiento inmobiliario por actividad turística continua. El objetivo: actividad todo el año
El planteamiento es sencillo sobre el papel. Donde antes cabían hasta 4.000 nuevas viviendas, ahora se apostará por infraestructuras turísticas. El objetivo es claro: generar empleo, consumo y movimiento más allá de los meses de verano.
El turismo reglado -hoteles y apartamentos turísticos- tiene una ventaja clave frente a la segunda residencia: mantiene actividad constante. Esto implica más demanda de servicios, más empleo estable y un tejido económico menos dependiente de picos estacionales.
Otro de los puntos clave es la falta de plazas hoteleras, que limita la entrada de La Manga en grandes circuitos turísticos. Sin suficiente oferta reglada, el destino queda fuera del radar de muchos operadores internacionales.
El nuevo modelo abre la puerta a cambiar eso. Si se alcanza una masa crítica de plazas turísticas, La Manga podría aspirar a:
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.- Atraer touroperadores
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.- Diversificar mercados
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.- Competir con otros destinos del Mediterráneo
En resumen, pasar de destino de segunda residencia a destino turístico estructurado.
La reducción de 100.000 metros cuadrados de desarrollo también tiene un impacto relevante. No solo se cambia el uso del suelo: se limita el crecimiento en un territorio ya muy explotado.
Esto puede contribuir a mejorar la sostenibilidad del enclave, siempre que el desarrollo turístico se haga de forma ordenada y no repita errores del pasado.
Los riesgos: no todo depende del urbanismo
El cambio de modelo es potente, pero no suficiente por sí solo. La Manga arrastra problemas estructurales que van más allá del tipo de suelo:
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.- Accesos limitados, pues solo hay una vía de entrada y salida
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.- Problemas de movilidad, principalmente derivada de la falta de un servicio de transporte urbano eficaz y rápido
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.- Presión sobre servicios públicos
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.- Falta de diversificación económica
Sin resolver estos factores, el riesgo es claro: cambiar el modelo sobre el papel sin transformar la realidad.
Pero, apostar por más plazas turísticas también tiene sus peligros. Sin planificación, puede derivar en:
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saturación del destino
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caída de precios
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pérdida de calidad
El reto no es solo crecer, sino crecer mejor. Es decir, atraer un turismo más estable, con mayor gasto y menos dependiente del verano. La medida va en la dirección correcta: menos viviendas vacías, más actividad real. Pero no es una solución mágica.
Si se acompaña de inversión, planificación y estrategia turística, puede suponer el inicio de la transformación del destino. Si no, se quedará en otro intento más de corregir un modelo que lleva años mostrando signos de agotamiento.
La Manga se enfrenta ahora a una decisión clave: seguir siendo un lugar que se llena en verano o convertirse en un destino que funcione todo el año.