VALÈNCIA. La ciudad del futuro quizá no sea tan futurista como durante años se imaginó. Frente a las grandes transformaciones tecnológicas, los coches autónomos o los nuevos desarrollos urbanos, arquitectos, diseñadores y profesionales vinculados a la creatividad plantean una mirada que recupera conceptos mucho más tradicionales: calles para las personas, proximidad, naturaleza, artesanía, materiales locales y espacios donde vuelva a existir vida colectiva. Todo ello sin renunciar a una tecnología, incluida la inteligencia artificial, que abre nuevas posibilidades, pero que debe estar al servicio del diseño y no sustituir el criterio ni la creatividad. Una combinación entre pasado y futuro que centró el desayuno de Foro Plaza "El diseño en el centro: creatividad para construir las ciudades del mañana".
En el encuentro participaron Fede Reyna, CEO de Meteorito SE; Vicente Martínez, presidente de la Fundació del Disseny; Ana Illueca, general manager de Ana Illueca Ceramics; Luis Calabuig, cofundador y director de Diseño de Odosdesign; Sara Portela, directora de Open House Valencia; Adrián Salvador, director de Bags, Shoes and Objects Design del Máster de Artesanía Contemporánea de Barreira Arte + Diseño; y el arquitecto Federico Esteve. Una conversación que puso sobre la mesa desde la transformación del espacio público y el modelo de movilidad hasta la recuperación de la artesanía, la vivienda, la inteligencia artificial o la necesidad de incorporar más criterio de diseño a las decisiones de las administraciones.
Uno de los consensos fue precisamente que muchas de las soluciones que empiezan a marcar el futuro de las ciudades tienen, en realidad, bastante de regreso al pasado. Fede Reyna, CEO de Meteorito SE, puso como ejemplo la recuperación de materiales tradicionales de construcción por su eficiencia o el renovado interés por la artesanía y por oficios que durante años estuvieron denostados. También recordó cómo algunas transformaciones urbanas inicialmente controvertidas terminan modificando la percepción de la ciudad. "Cuando se planteaba el carril bici en Valencia parecía un horror", señaló, mientras que ahora considera que su extensión ha contribuido a crear una ciudad "más amable" tanto para el ciudadano como para el turista.

En esa recuperación de la calle para las personas, Reyna defendió incluso cambiar la propia concepción de los espacios infantiles. "No debería haber espacios para los niños, porque todos los espacios deberían estar adaptados a los niños", apuntó. A su juicio, parte del proceso pasa por sacar progresivamente los coches de determinadas zonas urbanas para permitir que "la vida vuelva a la calle". También destacó cómo en países nórdicos se ha empezado a abandonar la idea de crear entornos infantiles completamente blandos para recuperar materiales naturales como piedras o troncos, de forma que los niños aprendan también a relacionarse con el riesgo.
Recuperar una personalidad propia
La identidad fue otro de los grandes ejes del debate. Vicente Martínez, presidente de la Fundació del Disseny, defendió la recuperación de una personalidad propia, pero sin convertirla en una reproducción nostálgica del pasado. La artesanía, sostuvo, puede conservar el conocimiento acumulado durante generaciones y utilizarlo desde una cultura contemporánea que refleje su tiempo. "No tienes que renunciar a la tecnología, sino que te permite ir más allá", señaló.
Para Martínez, ese equilibrio puede aplicarse también a sectores como la construcción, que tendrá que transformar profundamente sus procesos. Puso sobre la mesa modelos industrializados y "gigafactorías" capaces de reducir residuos y mejorar los procesos frente a un sistema tradicional en el que "entra un camión de material y sale uno de escombros". La clave, resumió, está en "estrujar la tecnología" y casarla con aquello que demanda la sociedad. Una transformación que también debería alcanzar a la vivienda, con modelos en los que puedan compartirse servicios y reaparezcan espacios comunes de convivencia.

También Ana Illueca, general manager de Ana Illueca Ceramics, reivindicó esa identidad local como un activo, especialmente para quienes intentan proyectarse internacionalmente. "Yo intento tener una identidad local y vendo fuera", explicó. El problema, apuntó, está en la dificultad de construir un relato suficientemente reconocible en un entorno donde los mensajes cada vez tienen que ser más inmediatos.
Illueca puso además el foco en uno de los grandes activos de València: la relación prácticamente directa entre ciudad y huerta. Una proximidad que considera especialmente relevante en un futuro en el que la autosuficiencia alimentaria puede ganar peso. Frente a otras ciudades que intentan incorporar pequeños huertos a edificios y nuevos desarrollos urbanos, recordó cómo en València es posible desplazarse diariamente junto a una huerta pegada a la propia ciudad. Un elemento diferencial que, a su juicio, debería ser tenido en cuenta en la construcción de ese modelo urbano futuro.

Más diseño dentro de la administración
Pero transformar las ciudades exige también que esas ideas lleguen a las administraciones. Y ahí aparecieron algunas de las principales dificultades. Luis Calabuig, cofundador y director de Diseño de Odosdesign, explicó que su experiencia en proyectos de mobiliario urbano le ha demostrado que la cocreación no siempre resulta sencilla cuando se trabaja sobre elementos destinados a toda la ciudadanía y en los que "todo el mundo opina".
Eso no significa, defendió, que la ciudadanía deba quedar al margen. Calabuig apostó por hacerla partícipe especialmente en las primeras fases de los proyectos y por mejorar posteriormente su explicación. "Solo se dice el resultado, pero no se explica todo lo que se ha dado en medio", lamentó. Para el diseñador, sería necesaria una mayor presencia del criterio de diseño dentro de la administración. "La parte de contar el diseño es muy clave", resumió.

Martínez fue incluso más allá al reclamar una visión política capaz de mantenerse en el tiempo. Recordó la experiencia de València Capital Mundial del Diseño como ejemplo de una iniciativa nacida desde abajo que logró sumar el respaldo de las diferentes fuerzas políticas y convertirse en un proyecto de ciudad. "Hay un punto fundamental sobre la visión de futuro", afirmó. El problema aparece cuando las estrategias quedan condicionadas por el cortoplacismo y los cambios políticos. De ahí que apuntara una idea: del mismo modo que determinados proyectos necesitan estudios de impacto ambiental, "haría falta un estudio de impacto del diseño".
Illueca coincidió en la necesidad de disponer de una estructura más estable dentro de las instituciones. La experiencia de la capitalidad permitió, señaló, que diferentes administraciones avanzaran en una misma dirección, pero defendió que esos procesos no pueden depender únicamente de acontecimientos puntuales. "En la administración debería haber una base estable, una estrategia clara o un foco estable", reclamó.
Del Espai Verd al Gulliver: cuando la ciudad se adelanta a su tiempo
El debate dejó también ejemplos de proyectos que inicialmente fueron cuestionados y terminaron convertidos en referentes. Sara Portela, directora de Open House Valencia, destacó el caso del Espai Verd, un edificio que recibió duras críticas cuando se construyó y que, con el paso del tiempo, se ha convertido en uno de los espacios más populares entre el público de Open House.
A su juicio, casos como este demuestran que en ocasiones la visión de un profesional puede adelantarse al sentir social del momento. Algo parecido ocurrió con el Gulliver, recordó. El proyecto estuvo cerca de no ejecutarse en València e incluso de marcharse a Barcelona hasta que logró avanzar dentro del Ayuntamiento. Son ejemplos, sostuvo, de cómo una decisión que inicialmente genera incomprensión puede terminar formando parte de la identidad colectiva de una ciudad.

Portela defendió que la arquitectura debe resolver los espacios de una manera "útil, bella y duradera", y advirtió de que la incorporación de tecnología no puede hacerse a costa de la creatividad. "La tecnología no tiene que comerse a la creatividad, sino ir de la mano", señaló.
Como modelo de urbanismo regenerativo mencionó el barrio de Vauban, en Friburgo, construido con criterios de proximidad, autosuficiencia y una fuerte reducción de la presencia del vehículo privado. Un espacio diseñado para que buena parte de las necesidades cotidianas puedan resolverse en aproximadamente 15 minutos y donde los coches quedan fuera del barrio, con bolsas de estacionamiento y sistemas de carsharing para desplazamientos exteriores. "Eso que parece una utopía es un barrio de los años 90", destacó Portela.
Tecnología sí, pero con criterio
La tecnología y, especialmente, la inteligencia artificial atravesaron buena parte de la conversación. No tanto desde el temor a una sustitución del trabajo creativo como desde la necesidad de aprender a utilizar nuevas herramientas con criterio. Reyna explicó que la IA permite actualmente desarrollar muchas más tareas en mucho menos tiempo y probar soluciones con mucha mayor rapidez. Pero marcó una frontera clara. "No sustituye a las personas ni a la innovación disruptiva. Tampoco a las personas y a su creatividad".
Calabuig explicó que esa transformación ya ha llegado tanto a los estudios profesionales como a las escuelas de diseño. Este año, señaló, la totalidad de los trabajos de fin de grado y de máster con los que trabaja están incorporando estas herramientas, al mismo tiempo que está cambiando la manera de evaluar a los estudiantes, con menos peso de la presentación escrita y mayor importancia de la exposición oral. En Odosdesign también fueron early adopters de estas tecnologías. "Permite hacer el trabajo más rápido, pero no se puede tomar como algo 100% seguro", advirtió.
También Adrián Salvador, director de Bags, Shoes and Objects Design del Máster de Artesanía Contemporánea de Barreira Arte + Diseño, explicó que las escuelas están incorporando asignaturas relacionadas con la IA en sus procesos formativos. Pero insistió al mismo tiempo en la importancia de promover una mirada colaborativa y multidisciplinar entre los alumnos, de forma que puedan conectar diferentes ámbitos y afrontar los proyectos desde una perspectiva global.

Comercio local, artesanía y barrios con identidad
Precisamente Salvador incidió en otra de las tensiones que afrontan las ciudades: la intersección entre lo global y lo local. Mientras desaparecen comercios y talleres artesanales, percibe al mismo tiempo una creciente búsqueda por parte de la sociedad de negocios y productos diferentes que permitan conservar la identidad de los barrios. Esos establecimientos, explicó, cumplen varias funciones. Permiten que los propios vecinos se reconozcan en determinados productos y actividades, ayudan a mantener una personalidad local y ofrecen además una manera de consumir más sostenible y próxima. "Es un camino que se está abriendo", señaló.
Para Salvador, esta transformación exige además dejar de tratar a los ciudadanos como agentes pasivos dentro de la ciudad. Determinados acontecimientos y actuaciones temporales pueden servir a las administraciones como laboratorio urbano para probar cambios antes de hacerlos definitivos. Puso como ejemplo intervenciones sencillas como el cierre de un espacio mediante elementos provisionales que permitan comprobar cómo responde la ciudadanía.
El problema de fondo es que el suelo urbano es limitado y durante décadas se ha intentado que sirviera simultáneamente para demasiadas cosas: desplazarse, aparcar, jugar o encontrarse. "Hemos querido tener todo", resumió. Elegir qué funciones deben priorizarse será, por tanto, una de las grandes decisiones del diseño urbano del futuro.
La ciudad del futuro ya está construida
Frente a la idea de levantar grandes ciudades desde cero, el arquitecto Federico Esteve introdujo otro planteamiento: buena parte de la ciudad del futuro ya existe. Por ello, uno de los grandes esfuerzos tendrá que centrarse en transformar y rehabilitar lo que ya está construido. "La ciudad de proximidad son modelos urbanos para que las necesidades básicas de las personas puedan resolverse de forma muy humana y que en 15 minutos puedas llegar a tu trabajo", explicó. Para avanzar hacia ese modelo, defendió recuperar soluciones que la arquitectura tradicional ya utilizaba para responder al clima mediante sombras, naturaleza o sistemas pasivos capaces de reducir el consumo energético.

Esteve insistió en que el diseño tiene como finalidad última mejorar la vida de las personas. Eso obliga a escuchar a la ciudadanía, pero también a incorporar el conocimiento profesional para transformar esas necesidades en soluciones técnicas mediante materiales y tecnologías adecuadas. Y defendió igualmente herramientas como los consejos asesores municipales para perder el miedo a probar nuevas soluciones.
Porque cualquier transformación de una ciudad, recordó, provocará críticas. Pero precisamente por ello reivindicó también el ensayo y error como herramienta para avanzar. Una idea que resume buena parte del debate: experimentar con nuevas soluciones, aprovechar las posibilidades de la tecnología y anticiparse a las necesidades futuras, pero sin perder de vista para quién se diseña la ciudad.