MURCIA. Pasada la una de la mañana, cuando el cansancio del sábado ya debería empezar a asomar, el escenario de Rusowsky se convirtió en el punto de no retorno del festival. No cabía un alfiler; la marea de gente era tal que resultaba casi imposible moverse, pero eso no impidió que la energía estallara desde el primer segundo. El madrileño no vino a dar un concierto al uso, vino a imponer un ritmo que mezclaba la suavidad del R&B con la pegada seca del hip hop y la electrónica más técnica.
El ambiente se volvió eléctrico con la entradilla de "pink+pink": ese sonido crudo y oscuro envolvió el recinto mientras miles de gargantas gritaban aquello de “ay reina mía, que por verte hasta el infierno yo bajaría”. Era una escena casi de culto: música experimental sonando a todo volumen y una conexión total con un público que sentía cada palabra de ese sueño del que nadie quería despertar.
Pero si hubo un momento en el que el suelo de Murcia vibró de verdad fue cuando sonaron los primeros acordes de "Malibú"; el éxito de su álbum Daisy se hizo carne y el estribillo de “(...) ese estilito Malibú te va genial” se convirtió en un rugido colectivo que se escuchaba desde cualquier punto de La Fica, confirmando que la canción se ha convertido en un himno generacional.
A pesar de ser uno de los últimos de la noche, rusowsky mantuvo la intensidad por las nubes, tirando de temas míticos como "Búscate una gata que te quiera" para soltar la parte más bailable y canalla de su repertorio. Fue un viaje constante entre sonidos underground y ritmos que te obligaban a saltar aunque no tuvieras espacio, cerrando el sábado por todo lo alto.