MURCIA. La del artista mazarronero Miguel García Vivancos fue una vida de película. La de un militante anarquista, comandante militar durante la Guerra Civil Española y colaborador de la Resistencia francesa, que colgó las armas y los idearios para crear con los pinceles el mundo apacible e ingenuo con el que soñaba. Se convirtió así en uno de los pintores de arte naíf más importantes del mundo. Y posiblemente en el pintor murciano con más reconocimiento a nivel museístico internacional. No obstante, se trata de una figura muy poco conocida en su tierra, como señala el experto en arte murciano del siglo XX Darío Vigueras Marín-Baldo, comisario de la exposición sobre este artista tardío que se inaugurará este miércoles 3 de septiembre, a las 18.30 horas, en la sala Glorietauno del Ayuntamiento de Murcia, donde se podrá ver hasta el 18 de octubre.
Como curiosidad y para evidenciar la relevancia que adquirió su obra, cabría decir que García Vivancos es un nexo común entre personalidades tan distintas como Pablo Neruda, los Rothschild, Kirk Douglas, Andre Bretón, Picasso, Dora Maar, Greta Garbo, Helena Rubistein , Marie Cuttoli o Francoise Miterrand. Todos ellos poseyeron un cuadro del mazarronero. Como también lo hicieron los Museos de Arte Moderno de New York, París, Río de Janeiro o Estocolmo, además del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, entre otros muchos. Algo bastante sorprendente si se tiene en cuenta que empezó a pintar a partir de los 50 años de edad.
Hay una historia "increíble" detrás Miguel García Vivancos (Mazarrón, 1895-Córdoba, 1972), quien tras una vida militar y política bastante azarosa, marchó tras la Guerra Civil española al exilio en Francia, donde se posicionó como uno de los más grandes pintores de arte naíf del mundo, siendo el mismísimo Picasso quien le dio su "bendición" para que mantuviera su estilo y siguiera trabajando. Así se recoge en la información que acompaña la muestra, en la que se señala que, acabada la Segunda Guerra Mundial y viendo que no se cumplían sus idearios, "decidió romper con todo y pasar el resto de su vida en la tranquilidad que a bien seguro le reportó la dedicación a la pintura de estilo naíf. Un giro radical a su vida que sin duda se muestra en sus pinturas, en donde no hay indicios de su anterior vida militar y política, sino que muestra escenas de la vida cotidiana, bodegones y paisajes".
Y es que mientras que con las ideas no logró transformar el mundo, García Vivancos no dejó indiferente a nadie con su pintura. Es el caso, por ejemplo, de Juan Antonio Vallejo-Nájera, quien en su libro de Naifs españoles contemporáneos (1975), toda una biblia sobre este estilo pictórico en España, empieza su referencia al mazarronero diciendo lo siguiente: "Vivancos destaca como el naif español más conocido internacionalmente. Es el único que figura en todos los libros sobre el tema".
.
"Es por lo tanto de justicia y necesario, que Murcia y por ende sus tierra natal, decida dar a este paisano el reconocimiento que merece, reconocimiento que por otra parte tiene en Córdoba, ciudad en la que apenas vivió un par de años y donde en el 2010 se le hizo una exposición con los fondos que la fundación Caja Sur tiene del pintor, o en Jaén, donde el Museo Internacional de arte Naif 'Manuel Moral' tiene una sala dedica a Vivancos", señalan desde el comisariado de esta muestra que sumergerá al espectador en las escenas ingenuas y felices de los cuadros de este pintor inusual.
Apoyo de André Breton

- Obra de Migue García Vivancos -
Miguel García Vivancos protagonizó una de las transiciones vitales más singulares del siglo XX, mutando de combatiente revolucionario a un referente internacional del arte naíf. En su juventud, movido por sus firmes ideales libertarios, se integró en la CNT y formó parte del célebre grupo de acción Los Solidarios junto a Buenaventura Durruti.
Durante la Guerra Civil Española, su liderazgo lo llevó a asumir el mando de grandes unidades militares republicanas, como la 25.ª División, combatiendo en batallas cruciales del frente aragonés antes de verse forzado al exilio en Francia tras la derrota de la República.
Fue precisamente en el destierro francés, y ya cumplidos los cincuenta años, donde emergió su genialidad artística de forma totalmente autodidacta mientras buscaba un sustento económico decorando pañuelos. Su estilo pictórico, caracterizado por una vibrante meticulosidad y una gran frescura visual, cautivó a grandes figuras de la vanguardia como Pablo Picasso y el escritor André Breton, quienes impulsaron su carrera.
Con el tiempo, sus lienzos de paisajes urbanos y escenas cotidianas pasaron de los talleres clandestinos a las galerías más prestigiosas de Europa, consolidando su nombre en el coleccionismo de élite antes de su regreso definitivo a España.