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Molina de Segura viaja al México que venera a la Santa Muerte: el fotógrafo Vida Coy expone 'Tanatolatría'

La muestra estará en la Sala Municipal de Exposiciones 'El Jardín' hasta el 26 de marzo

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MOLINA DE SEGURA. El culto en México a la Santa Muerte -también conocida como Niña Blanca- es una devoción al margen de la Iglesia Católica practicada por muchos que se consideran católicos, apostólicos y romanos, y que ha ganado numerosos adeptos durante las dos últimas décadas. Tantos, que algunos estudiosos calculan que al menos cuenta con diez millones de devotos. Así lo cuenta el fotoperiodista, reportero de guerra y profesor de periodismo murciano José Luis Vidal Coy en el catálogo de su exposición Tanatolatría. El culto a la Santa Muerte en México, que hasta el 26 de marzo se puede contemplar en la Sala Municipal de Exposiciones 'El Jardín' de Molina de Segura.

La muestra está compuesta por unas sesenta fotografías que fueron tomadas por Vidal Coy durante los viajes que realizó a México durante cinco años, entre 2015 y 2020. Las imágenes fueron tomadas en los barrios de gente trabajadora de Tepico, Morelos y Tultitlán, en los suburbios de Ciudad de México. Y es que, como relata el autor, "es difícil encontrar un altarsito a la Santa Muerte en cualquier vivienda burguesa o altamente burguesa de distritos de la Ciudad de México como Lomas de Chapultepec, Polanco, Condesa o la Roma. Pero también a buen seguro es muy probable que el portero, portera o vigilantes de cualquier finca de vecinos pudientes tenga en la planta baja un pequeño rincón en el que la Niña Blanca siempre tendrá velas, algunas flores y luz permanente".

El culto a la Santa Muerte fusiona creencias populares y tradicionales, y revela una espiritualidad única y subversiva cuestionando la moral establecida. De hecho, añade Vidal Coy, "se mezcla con el de San Judas Tadeo, patrón extraoficial de los delincuentes de poca monta, de los malandros de medio pelo, y patrón oficial de la policía de Ciudad de México. Tampoco es raro encontrar en los altares dedicados a la Santa, sean públicos o privados, imágenes de Jesús Malverde, advocación preferida de los narcos mexicanos. Así, por los altares y entre los devotos, circulan estampas con las imágenes de los tres, aunados con el epítome de la Santa Trinca".

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Y, aunque "hay tendencia a identificar el culto con la Santa Muerte con individuos carcelarios, delincuentes de mayor o menor importancia, pistoleros, narcotraficantes y demás, no hay más que visitar los altares de la Niña Blanca para caer en la cuenta de que la “clientela” son gentes modestas, sí, principalmente mujeres, también, pero bien alejadas de cualquier asunto delincuencial en su inmensa mayoría. Es un culto popular en doble sentido: porque se ha convertido en tremendamente numeroso y ha crecido exponencialmente en los últimos años; y porque encuentra su éxito entre los estratos más bajos de la sociedad mexicana. Gentes que de ninguna manera pueden ser asociadas mecánicamente al crimen, organizado o no. Lo que no quita para que haya entre los devotos también algún que otro malandro notorio".

La interesante exposición del fotógrafo murciano sobre un culto extraordinario y único en el mundo, el culto a la Niña Blanca, a la Santa Muerte, también presenta al espectador personajes e historias, como la de doña Queta, "la primera que osó sacar el culto al espacio público, colocando la imagen a la vista de todos en la calle Alfarería número 12, corazón de Tepito, el barrio 'bravo' por excelencia de la capital. Esto ocurrió en el año 2000, con el advenimiento de la nueva centuria. Desde entonces, para muchos mexicanos devotos, la relevancia alcanzada por el altar de Doña Queta ha asociado indisolublemente la Santa Muerte a Tepito". Su marido fue asesinado en 2016, justo cuando le ponía una vela a la Niña Blanca.

Periodista y fotógrafo nacido en Murcia, José Luis Vidal Coy es doctor en Información y Comunicación y profesor asociado de la Facultad de Comunicación de la UMU. Fue corresponsal y enviado especial en Oriente Medio y África.

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