Hay voces que necesitan apenas unos segundos para despertar recuerdos. Luz Casal tiene una de ellas. Anoche le bastó con aparecer sobre el escenario del Auditorio Parque Almansa para convertir la última cita del 56 Festival Internacional de Teatro, Música y Danza de San Javier en algo más que un concierto. Era también la despedida de casi un mes de cultura, noches de verano y encuentros alrededor de un escenario.
Y San Javier ha decidido despedirse a lo grande. Las entradas para el concierto estaban agotadas desde hacía semanas, anticipando la expectación por una artista que regresó con Me voy a permitir, el trabajo que da nombre a una gira marcada por la libertad de quien, después de más de cuatro décadas de trayectoria, ya no necesita demostrar absolutamente nada.
Luz apareció acompañada por Tino di Geraldo, Jorge F. Ojea, Peter Oteo, J. M. Baldoma ‘Baldo’ y Borja Montenegro, una banda a la altura de un repertorio que se mueve sin pedir permiso entre géneros, épocas y emociones. Chanson francesa, canción latinoamericana, electrónica, rock y esa particular manera de Luz de apropiarse de cada canción hasta conseguir que parezca escrita para su voz.
Me voy a permitir es, sobre todo, una declaración de libertad. En él conviven composiciones propias con miradas personales a autores tan distintos como Amália Rodrigues, Luis Demetrio, Violeta Parra, Charles Aznavour o Chris Barron. Una artista permitiéndose hacer exactamente aquello que desea hacer en cada momento.
Pero un concierto de Luz Casal nunca pertenece únicamente al presente. Su voz arrastra más de cuatro décadas de canciones y recuerdos, y la noche fue encontrando algunos de sus momentos más especiales cuando el repertorio permitió reencontrarse con esa Luz que forma ya parte de la memoria sentimental de varias generaciones. Canciones que el público no necesita aprender porque lleva años guardándolas en algún sitio.
Ahí desaparece la distancia entre escenario y grada. Ya no canta solamente Luz. Canta también quien recuerda dónde estaba la primera vez que escuchó aquella canción, a quién se la dedicó o en qué momento de su vida terminó convirtiéndose, sin saberlo, en parte de su historia.
El alcalde de San Javier, José Miguel Luengo, destacó el simbolismo de cerrar la edición con una artista de la dimensión de Luz Casal y con todas las localidades agotadas. “No podíamos imaginar un broche mejor para esta edición. Luz representa la excelencia, la trayectoria y esa capacidad que tiene la cultura para acompañarnos durante toda una vida. Ver esta noche el Auditorio Parque Almansa lleno es también ver la respuesta de un público que ha vuelto a hacer suyo el Festival”.
Luengo recordó asimismo el peso que el certamen tiene para el municipio después de 56 ediciones. “Este Festival es una de las grandes señas de identidad cultural de San Javier y una de las joyas que más cuidamos. Durante estas semanas hemos vuelto a recibir artistas y compañías extraordinarias, pero sobre todo hemos conseguido que la cultura esté presente en distintos puntos del municipio y que vecinos y visitantes formen parte de ella”. La importancia del Festival como una de las “joyas” culturales de San Javier y su apuesta por extender la programación a distintos espacios del municipio han sido dos de las líneas defendidas por el alcalde durante esta edición.
Para el concejal de Cultura y director del Festival, David Martínez, la última noche tuvo inevitablemente algo de celebración y algo de despedida. “Cerrar el Festival con Luz Casal, con todas las entradas agotadas desde hace semanas y después de la respuesta que hemos tenido durante toda la edición, es un final extraordinario. Han sido semanas muy intensas, con teatro, danza, música y calle, con propuestas muy diferentes y con un público que ha vuelto a responder”.
Martínez destacó también la diversidad como una de las señas de identidad de una edición que ha llevado propuestas a distintos escenarios de San Javier, Santiago de la Ribera y La Manga. El Festival ha reunido este verano 15 espectáculos, cuatro de ellos de calle, además de incorporar un ciclo gratuito de cine vinculado a la dramaturgia.
“Un festival con 56 años de historia tiene que respetar todo lo que ha sido, pero también seguir preguntándose qué quiere ser. Este año hemos tenido grandes clásicos, creación contemporánea, compañías internacionales, danza, música y teatro en la calle. Esa mezcla es la que queremos seguir defendiendo”, señaló Martínez. Y entonces llegó lo inevitable: el último aplauso.
Después de semanas en las que por el Parque Almansa han pasado Shakespeare, Cervantes, Plauto, Blasco Ibáñez, Fedra y Carmen; después de los tambores japoneses de Yamato, los ocho Hamlets de Teatro La Plaza, la libertad corporal de Rocío Molina o los 65 años de irreverencia de Els Joglars, el escenario quedó anoche en manos de una voz.
Una voz que ha atravesado décadas sin dejar de buscar caminos nuevos.
Luz Casal cerró así una edición que comenzó mirando hacia todo lo que todavía podía ocurrir y terminó con un auditorio lleno cantando canciones que muchos conocen desde hace media vida.
Las luces del Parque Almansa se apagaron una última vez. El Festival terminó. Pero esa es precisamente la extraña belleza de los festivales: durante unas semanas construyen un mundo que parece destinado a desaparecer y, cuando finalmente lo hace, ya estamos esperando que vuelva.