Cultura

Luis Sala Miquel: "Vivimos en un momento muy polarizado; parece cierto que la historia se repite"

El escritor alicantino reconstruye en 'La última frontera' la memoria olvidada de las víctimas LGTBIQ+ en los grandes conflictos del siglo XX

  • Luis Sala Miquel
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ALICANTE. El alicantino Luis Sala Miquel da un salto decisivo en su trayectoria literaria con La última frontera (Ediciones Urano, 2026). Tras varias obras marcadas por la intimidad y la exploración emocional, el autor se adentra ahora en una novela histórica ambiciosa que recorre algunos de los episodios más convulsos del siglo XX adentrándose en la Guerra Civil española, la II Guerra Mundial y la Guerra Fría. Sin embargo, lejos de limitarse a reconstruir el pasado, utiliza ese contexto para contar una historia profundamente humana. La de dos hombres que se aman en un mundo que no les permite hacerlo.

La novela arranca en la Barcelona de 1938, todavía bajo el peso de la guerra, y sigue a Hugo, un joven pintor, y Pablo, un profesor más racional y contenido. A través de ellos, el escritor construye un relato que atraviesa fronteras físicas y emocionales, desde la Europa ocupada hasta los escenarios de la posguerra, en una narración que combina la gran Historia con las historias individuales. Y, aunque este cambio de registro pueda parecer brusco, el propio autor lo matiza. “Puede parecer un género nuevo, pero en realidad siempre he estado rodeando esta historia”, afirma.

En obras anteriores como su ensayo sobre moda Vestir es soñar (Turner, 2022) ya exploraban el pasado desde otra perspectiva. Sin embargo, La última frontera marca un antes y un después. Y el detonante fue, en parte, su interés personal por ciertos periodos históricos. “La II Guerra Mundial siempre me había llamado mucho la atención”, señala, al tiempo que reconoce que la Guerra Fría, en cambio, era para él “una gran desconocida”. Y esa curiosidad inicial se transformó en un proceso de investigación que acabaría definiendo la novela.

Fue precisamente durante esa documentación cuando surgió una de las ideas centrales del libro. Se topó con la existencia de silencios en los relatos oficiales. “En los campos de concentración hay cifras muy detalladas de víctimas, pero en el caso de las personas homosexuales aparece como ‘número indeterminado’ en muchas ocasiones”, explica. Ese vacío le llevó a plantearse una pregunta fundamental: ¿qué historias han quedado fuera del relato?

A partir de ahí nacen los personajes de Hugo y Pablo, que no están basados en personas concretas, pero sí en una realidad histórica posible. “No me he basado en nadie, pero creo que pudieron ser muchas personas las que vivieron algo así”, afirma. La novela, en ese sentido, no pretende documentar un caso específico, sino dar voz a quienes no la tuvieron. En los campos de concentración nazis, los homosexuales eran identificados con el triángulo rosa, una marca que, como recuerda el autor, suponía prácticamente una sentencia de muerte. Ese detalle histórico se convierte en uno de los ejes simbólicos del relato.

El proceso de documentación fue, según reconoce, el mayor reto al que se enfrentó. “Yo soy muy visceral escribiendo, me gusta avanzar, pero aquí tenía que parar constantemente”, admite. A esa dificultad se suman obstáculos prácticos: acceso limitado a archivos, documentos no digitalizados y la necesidad de contrastar información. “Tienes que tocar muchas puertas y ser muy insistente”, resume. En ese camino, el apoyo de historiadores y la consulta de ensayos especializados resultaron fundamentales. También lo fue el acompañamiento de otros escritores, que le han ayudado a pulir el texto y a ajustar ciertos aspectos narrativos e históricos.

Entre los elementos que más le impactaron durante este proceso, destaca la crudeza de los campos de concentración. “Es un tema que impone mucho respeto a la hora de escribir”, señala. Pero no fue lo único. De hecho, lo que más despertó su interés fue la figura de los llamados “gorriones”, espías sexuales al servicio del KGB durante la Guerra Fría. “Es algo que me sigue costando entender por la mentalidad que implica”, confiesa.

El amor en un mundo hostil

Si hay un elemento que vertebra La última frontera, ese es el amor, pero no un amor libre, sino condicionado por el contexto histórico. A diferencia de Sobre nosotros (Lunwerg Editores, 2025), donde las relaciones se desarrollan en la actualidad, aquí el autor se enfrenta a un escenario mucho más restrictivo. “Eran amores que tenían que vivirse en privado, casi en secreto”, explica. Incluso en contextos aparentemente avanzados como la Segunda República, la realidad social imponía límites claros. “Podía haber avances legales, pero la calle seguía siendo la calle”, resume. Un condicionamiento que afecta no solo a la trama, sino también al lenguaje y a la construcción de las escenas. Y es que el autor tuvo que adaptar expresiones, comportamientos y formas de relacionarse para mantener la coherencia histórica. “Había cosas que no podían decirse o hacerse en ese momento”, señala.

Una historia del pasado que habla del presente

A pesar de estar ambientada en el pasado, la novela establece un diálogo evidente con el presente. “Vivimos en un momento muy polarizado”, afirma el autor, que reconoce que antes consideraba tópica la idea de que “la historia se repite”. Sin embargo, su percepción ha cambiado. “Creo que sí hay paralelismos”, admite, señalando que el estudio del pasado puede ayudar a entender el presente. En ese sentido, la escritura de la novela ha sido también un proceso de aprendizaje personal. “Para mí ha sido como una clase de historia”, reconoce. Esa dimensión pedagógica no resta fuerza emocional al relato, sino que la refuerza. La Historia, con mayúsculas, se cruza constantemente con las historias individuales, moldeándolas y, en muchos casos, destruyéndolas.

Hugo y Pablo: dos formas de sentir

En el centro de la novela están Hugo y Pablo, dos personajes que representan formas distintas de enfrentarse al mundo. Hugo, más pasional, y Pablo, más racional, ofrecen dos voces narrativas diferenciadas que enriquecen el relato. El propio autor reconoce sentirse más cercano a Hugo. “Es más pasional”, explica, aunque insiste en que ambos personajes son completamente ficticios. Una dualidad entre ambos que no solo estructura la narración, sino que también refleja la tensión entre emoción y razón, entre impulso y contención.

La última frontera no es solo una novela histórica ni una historia de amor. Luis Sala Miquel intenta rescatar del olvido a quienes no tuvieron voz. A través de Hugo y Pablo, reconstruye una memoria fragmentada e incompleta, pero necesaria. Su novela se sitúa en un espacio intermedio entre la ficción y la memoria, entre la emoción y el documento. Un lugar donde la literatura no solo cuenta historias, sino que también las recupera.

Un nuevo camino literario

Ese salto a la novela histórica no parece ser un experimento aislado. Al contrario, el autor se muestra interesado en seguir explorando este terreno. “Creo que hay muchas historias que no se han contado”, afirma, mencionando especialmente el exilio español y otros episodios poco representados. La clave, según explica, está en encontrar esas historias, “que a veces surgen de la forma más inesperada como un dato o un nombre”. Un proceso de descubrimiento que se convierte en el motor creativo que le impulsa.

Otro de los rasgos distintivos de su obra es el componente visual. Su formación y su interés por la moda y el cine influyen directamente en su manera de narrar. Una influencia que se traduce en descripciones detalladas, en la construcción de escenas casi cinematográficas y en la atención al vestuario como elemento narrativo. La novela, de hecho, arranca con una descripción de la indumentaria del protagonista, una muestra clara de esa sensibilidad estética. “La moda forma parte de mi manera de mirar el mundo”, afirma el alicantino, dejando claro que seguirá presente en sus futuros proyectos.

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