La Mar de Músicas inicia su cuarta década sin renunciar a la estructura que la ha convertido en una de las grandes citas culturales del verano en Cartagena, pero incorporando nuevos contenidos con los que seguir creciendo. La 31ª edición del festival amplía el número de conciertos gratuitos, profundiza en su carácter inclusivo y concede un mayor protagonismo a la gastronomía como otra vía para descubrir la diversidad cultural de Ecuador, el país invitado.
El director del festival y director general de Cultura del Ayuntamiento de Cartagena, Eugenio González Cremades, explica que una de las principales novedades será el aumento de conciertos en la plaza del CIM. A las actuaciones programadas habitualmente de lunes a viernes se incorporan cuatro nuevas jornadas: el viernes, sábado y domingo del primer fin de semana y el último sábado del festival.
“La estructura continúa siendo la misma, pero este año hemos aumentado los conciertos en la plaza del CIM. Son cuatro actuaciones más”, señala González, quien recuerda que la programación comenzará cada tarde a partir de las siete.
La otra gran novedad será el crecimiento de la vertiente gastronómica mediante La Mar de Platos. “La gastronomía también es muy importante para mostrar la cultura de un país”, sostiene el director. En este sentido, reivindica la riqueza de la cocina ecuatoriana, que considera tan variada como la peruana, aunque todavía sea mucho menos conocida internacionalmente.
“Ecuador es un país pequeño situado entre dos países muy grandes, como Perú y Colombia, que cuentan con unas industrias turística y cultural mucho más desarrolladas. La cocina ecuatoriana es igual de rica y diversa que la peruana, pero no se ha dado tanto a conocer”, expone.
La elección de Ecuador responde, además, a la importante presencia de ciudadanos procedentes de este país en España y, particularmente, en la Región de Murcia. González cifra en cerca de medio millón la comunidad ecuatoriana residente en España y en más de 55.000 las personas que viven en la Región.
“Son nuestros vecinos, convivimos con ellos y, sin embargo, los desconocemos casi por completo. Como festival público, uno de nuestros objetivos es dar a conocer a esas personas a través de su cultura”, afirma. La Mar de Músicas ya siguió este planteamiento cuando dedicó una de sus ediciones a Marruecos, país de origen de una de las comunidades migrantes más numerosas de la Región.
El propio director reconoce que su conocimiento sobre Ecuador era limitado antes de viajar al país para preparar la programación. “He convivido durante 15 años con un ecuatoriano en la misma casa y nos ponía pasillos y canciones de Julio Jaramillo, que es una de las figuras más conocidas internacionalmente. Sin embargo, Ecuador es muchísimo más diverso”, relata.
Esa diversidad se refleja tanto en su sociedad —formada por comunidades afroecuatorianas, indígenas y mestizas— como en su territorio. Los Andes, las selvas tropicales, el litoral, los volcanes y los extensos páramos han generado identidades culturales y musicales muy diferentes. “Todo ese paisaje ha creado una gran diversidad en los territorios, la música y la cultura. Eso es precisamente lo que queremos mostrar: cómo un país tan pequeño puede ser tan diverso”, resume González.
La edición dedicada a Ecuador permitirá al público realizar una inmersión prácticamente completa en el país. Será, según su director, la que reúna un mayor número de formaciones procedentes de un territorio invitado, con diez grupos ecuatorianos dentro de la programación musical.
La propuesta se completa con ocho películas representativas del mejor cine contemporáneo ecuatoriano y la participación de once autoras en La Mar de Letras. Las artes visuales también ocupan un lugar destacado con una exposición dedicada a Oswaldo Guayasamín, considerado el artista ecuatoriano más importante del siglo XX y una de las grandes figuras del arte latinoamericano.
A ella se sumará la muestra Los de aquí, concebida alrededor de la idea central de esta edición: conocer a los ecuatorianos que viven junto a nosotros. La exposición reunirá obras de algunos de los artistas contemporáneos más importantes del país, tanto de creadores afincados en Europa como de otros que continúan trabajando desde Ecuador.
La respuesta del público vuelve a ser positiva. Los conciertos de Rodrigo Cuevas y Rubén Blades ya han agotado las entradas, mientras que la venta para el resto de las actuaciones avanza a buen ritmo. No obstante, González insiste en que el éxito de La Mar de Músicas no puede medirse únicamente por el número de llenos.
“Nuestro objetivo no es que absolutamente todo se llene ni lograr el ‘sold out’ que necesitan otros festivales para hacer caja. La Mar de Músicas es algo distinto. La repercusión mediática y económica es importante, pero, como festival público, también lo son nuestra labor cultural y social”, defiende.
La organización dispone de estudios que sitúan habitualmente el impacto mediático del festival entre los seis y los siete millones de euros, aunque no cuenta con un análisis específico sobre su repercusión económica. Su director evita realizar estimaciones sin una metodología que las respalde.
“No puedo dar una cifra porque no existe todavía un estudio científico sobre el impacto económico. No voy a caer en lo que hacen otros festivales y ofrecer cantidades sin una base. Del Rock Imperium sí contamos con un primer estudio elaborado por la Universidad Politécnica de Cartagena y, a partir de ahí, se pueden realizar proyecciones, pero con La Mar de Músicas todavía no lo hemos hecho”, aclara.
González considera, además, que esta edición está consiguiendo una repercusión especialmente significativa en Ecuador. Los medios de comunicación del país publican diariamente noticias, entrevistas y conexiones relacionadas con el festival y solicitan imágenes de sus actividades.
“Creo que es el año en el que más impacto estamos teniendo en el país invitado. Posiblemente sea el mayor desembarco cultural de Ecuador que se haya realizado en Europa, porque abarca música, cine, arte, literatura y gastronomía. No creo que se haya hecho allí antes nada parecido”, sostiene.
La edición también ha requerido un importante trabajo de diplomacia cultural entre el Ayuntamiento de Cartagena, la Embajada de Ecuador en España y el Ministerio de Cultura ecuatoriano. Esa colaboración ha permitido facilitar los desplazamientos de los diez grupos participantes, muchos de los cuales actuarán por primera vez en España.
La presencia en Cartagena servirá, además, para que varias de estas formaciones puedan cerrar actuaciones en ciudades como Madrid, Barcelona y Valencia e incluso en otros países europeos. “Gracias a nuestro festival han conseguido los billetes de avión y podrán aprovechar el viaje para organizar más conciertos. La Mar de Músicas sigue siendo esa puerta abierta a Europa para muchos grupos”, subraya su director.
El carácter urbano constituye otro de los elementos diferenciales del festival. Frente a los grandes recintos cerrados, La Mar de Músicas distribuye sus actividades por distintos puntos del centro histórico e invita al público a recorrer la ciudad entre concierto y concierto.
“No es el típico festival en el que entras detrás de una valla y ya no sales. Aquí puedes asistir a un concierto gratuito a las ocho de la tarde en la plaza del Ayuntamiento y tener después una hora y media antes de la actuación de las once en el Auditorio Paco Martín. Durante ese tiempo puedes recorrer los establecimientos del centro”, explica.
Esa filosofía se refleja en la ruta de la tapa, en la que los locales participantes elaboran propuestas inspiradas en la gastronomía ecuatoriana. La iniciativa, desarrollada junto a Estrella de Levante, incorpora cada año más establecimientos.
La programación gastronómica contará igualmente con la colaboración de Mi Mare y del restaurante Ayawaska de Madrid, cuyo cocinero y propietario trabajará junto a María Gómez, chef del restaurante Magoga. La propuesta agotó sus plazas al día siguiente de anunciarse.
“Es un atractivo más para la ciudad. Somos un festival público y tenemos que contribuir a dinamizar Cartagena. Para eso se creó La Mar de Músicas”, recalca González. El director recuerda que, cuando nació en 1995, Cartagena atravesaba una situación muy diferente a la actual y necesitaba iniciativas capaces de generar actividad y atraer visitantes durante el verano. “La ciudad estaba muy deprimida y el festival surgió para darle vida y traer gente durante ese mes. Ese objetivo continúa plenamente vigente”.
Junto a la gastronomía, la organización pretende avanzar hacia un festival más inclusivo y amable con las personas que presentan cualquier tipo de discapacidad. Son las dos principales líneas de crecimiento planteadas para los próximos años, una vez consolidada la estructura musical y cultural de la cita.
Detrás de cada edición existe aproximadamente un año de preparación. González comienza estudiando la historia del territorio elegido y leyendo novelas y ensayos que le permitan contextualizar su realidad. Posteriormente viaja al país y acude a encuentros profesionales para conocer en directo a sus artistas.
“Después de terminar La Mar de Músicas paso julio, agosto y septiembre escuchando muchísima música y estudiando los distintos estilos. Intentamos construir una programación ecléctica y representativa, pero siempre dentro de un lenguaje contemporáneo en el que esté presente la identidad del país. Eso es lo que nos hace diferentes de otros festivales”, explica.
El director compara el proceso con cursar cada año una carrera diferente. “Trabajar en La Mar de Músicas es como pasar un año en la universidad, porque terminas haciendo un curso de música, cine, literatura y arte”, asegura.
Este año, por primera vez, el festival ha ofrecido también un curso previo de contextualización sobre la historia y la cultura de Ecuador. Las 50 plazas disponibles se cubrieron rápidamente, una acogida que ha llevado a la organización a plantearse la continuidad de la iniciativa en las próximas ediciones.
Después de 31 ediciones, sacar adelante La Mar de Músicas continúa siendo “un milagro”, admite González. El número de actividades crece y la organización debe afrontar las dificultades administrativas propias de desarrollar un festival desde una institución pública.
“Mis compañeros ya me dicen que deje de crear y de inventar cosas nuevas. Hacer un festival desde lo público tiene sus dificultades, sobre todo por unas leyes de contratación que sirven igual para ejecutar una obra, comprar lápices para un colegio u organizar actividades culturales y que, por tanto, no son demasiado flexibles”, reconoce.
Pese a esas limitaciones, la maquinaria vuelve a ponerse en marcha un verano más. “Siempre encontramos la fórmula para llevarlo a cabo con todas las garantías. Tiene dificultades, pero se puede hacer perfectamente”, concluye el director de un festival que comienza su cuarta década convertido en una de las principales señas de identidad cultural de Cartagena.