MURCIA. "Hay lugares que conservan secretos demasiado antiguos para ser contados. La sierra los oculta entre sus bosques. La huerta los arrastra con el agua. El mar los devuelve cuando nadie los espera. Porque el verdadero horror no siempre llega de fuera. A veces lleva siglos esperando entre los árboles, bajo el agua o al otro lado de la niebla". De esta inquietante manera se refiere el escritor Julio Pedauyé a la trilogía de libros de misterios ambientados en la Región de Murcia que presentó este jueves en el Centro de Participación Ciudadana de Murcia. El acto, próximo a la celebración de Halloween, fue organizado por la Asociación de Amigos de la Huerta de Murcia y conducido por María José Gómez Guillén.
Estos tres volúmenes -de los que el autor ha hecho una cuidada edición para que se puedan adquirir conjuntamentes (además de por separado) en Amazon y en las librerías Diego Marín y Los Soportarles de Murcia- cuentan de forma independiente tres historias que se desarrollan en escenarios tan diferentes como son la montaña, la huerta y el mar, con el misterio como nexo común. Los relatos -que Padauyé ha bautizado como de "folk horror"- se inspiran en las leyendas, el paisaje y unas tradiciones que "esconden algo mucho más oscuro". De hecho, el escritor señala que "hay sitios que no necesitan monstruos, les basta con recordar".
Uno de los libros, La noche del ciervo, se desarrolla en la Sierra de Moratalla, "donde el cielo aún se atreve a llenarse de estrellas". Cuenta cómo Víctor y Ana llegan buscando silencio, chimenea y monte. Una casa aislada en La Mata, a los pies de Villafuerte, les parece un plan perfecto... hasta que el camino se corta, la noche se espesa y Kira, su perra, desentierra en la greda un medallón extraño: un sol, una cornamenta, y una frase en latín que parece una invitación.
A la mañana siguiente, el medallón ha desaparecido del cajón sin dejar rastro. Y la inscripción se traduce con una calma inquietante: “Dejad vuestras preocupaciones, vosotros que entráis”. En el bar del pueblo la televisión habla de otro desaparecido y algo extraño ocurre en la sierra. "Hay pinturas rupestres que no solo recuerdan el pasado. A veces, lo llaman. Y cuando el monte llama, lo salvaje no pide permiso", se puede leer en su contraportada.
La Huerta de Murcia se convierte en el escalofriante escenario de la historia Lo que llevan las aguas. "Las acequias no sólo llevan agua. Arrastran también historias, rencores y secretos", advierte el autor en el texto que acompaña al libro, que cuenta como "el narrador de este manuscrito compra una casa junto a la acequia mayor Barreras con la esperanza de darle a su hija Julia una vida más cercana a la naturaleza. Pero el agua trae consigo algo más que frescor y verdor: trae el eco de un pasado de hambre y humillación. Poco a poco, lo cotidiano se agrieta. El miedo ya no está en luces extrañas ni en leyendas de fantasmas, sino en lo que son capaces de hacer los vivos cuando el rencor se les pudre por dentro o la neurosis obsesiva se apodera de ellos".
Lo que llevan las aguas es "un relato de folk horror en el que la huerta, el agua y la memoria se alían para recordarnos que hay cosas que nunca terminan de hundirse del todo", añade Padauyé.
Finalmente, Fosforescencia lleva al lector a la Isla del Barón, en el Mar Menor, donde "el viento no sopla igual que en ninguna otra parte. Las aves no vuelan igual. Las plantas no crecen igual. Tampoco el silencio es el mismo". Todo esto es algo que -como informa la contraportada del libro- supieron demasiado tarde Clara, Nuria y Dani, tres jóvenes biólogos que llegaron a este fragmento de tierra para estudiar la avifauna y acabaron enfrentándose a algo mucho más antiguo, más vivo que cualquier colonia de gaviotas.
"Durante su estancia, la isla se revela como un organismo que mira, escucha y recuerda. Un lugar donde el pasado -presidios, tormentas, experimentos eléctricos- sigue latiendo bajo la superficie, esperando una chispa para despertar. Y la chispa llega. La tormenta también. Lo que empieza como una campaña de campo se transforma en un descenso a la frontera entre ciencia y horror: ¿puede un ecosistema aprender? ¿Puede defenderse? Las respuestas están en la isla", dice la sinopsis del libro. Que añade: "Tal vez la isla es la respuesta. La isla no estaba enferma. Funcionaba exactamente como debía. El problema eran ellos. Nadie recuerda cuándo empezó. Pero todos saben dónde mirar. No hay forma de salir de la isla cuando el mar decide lo contrario".
Sobre el autor
Julio Pedauyé Ruiz -autor también Diario de huerto-jardín- nació en 1962 en Almoradí, un pueblo de la Vega Baja del río Segura, y es hijo y nieto de agricultores y comerciantes. Estudió el bachiller en los Maristas del Malecón en Murcia y, posteriormente, tras cursar dos años de Biológicas en la Universidad de Murcia, completó los estudios de Veterinaria en Córdoba, donde se especializó en Bromatología y Tecnología de los Alimentos. Su formación docente e investigadora la adquiere impartiendo clases de Tecnología de los Alimentos e Industrias Agroalimentarias durante 10 años en las tres Universidades de la Región de Murcia (UM, UPCT y UCAM) y obteniendo el grado de Doctor Veterinaria por la Universidad de Murcia en el año 1993.
Desde el año 1986 es funcionario de la CARM y ha desempeñado un amplio conjunto de cometidos en las Consejerías competentes en materia de Agricultura, Industria y Empresa, lo que le ha permitido conocer tanto el campo y la huerta de la Región, como su sistema de ciencia, tecnología y empresa.
Entre los años 2000 y 2002 lideró el primer proyecto europeo del VII Programa marco de la UE coordinado por la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia. Es autor, además, de numerosos artículos y del libro 'Alimentos Transgénicos' (Editorial Mac Graw Hill), todos ellos de divulgación científica. Asimismo, es miembro de diversos comités y tribunales: de expertos del Consejo de Agricultura Ecológica de la Región de Murcia, de tesis doctorales en la Universidad de Murcia o del tribunal calificador de caballos de raza pura española.
Estudioso de la Medicina Tradicional China y practicante de shiatsu, desde hace veinticinco años posee una tahúlla y media en la Era Alta, en el heredamiento de la acequia Barreras, a 15 minutos en bicicleta de su casa en Murcia, la cual es cultivada por él mismo “de aquella manera”.