CIEZA. Dos ingenieros ciezanos participaron en la primera mitas del siglo XX en un proyecto para rescatar los tesoros que se encontraban en el fondo de la bahía de Vigo, en unos galeones hundidos en plena Guerra de Sucesión española. Se trataba del cargamento más rico de la flota de Indias desde el descubrimiento de América. Y esta es la historia que jugaron en todo este asunto dos ciezanos llenos de ingenio.
El ingeniero militar Manuel Moxó Durán
Hijo de Salvador Moxó Más y Teresa Durán Ros, Manuel Moxó Durán nació en Barcelona el 16 de noviembre de 1892. La familia se había trasladado a vivir a Cieza antes de 1900, ya que Salvador Moxó, abogado barcelonés, tenía intereses y empresas en la ciudad. En julio de 1900 lo encontramos afincado en Cieza y ejerciendo como secretario de la Sociedad Anónima Minas de Hierro de Cehegín. Por eso Manuel Moxó Durán fue llamado a filas por la Caja de Reclutas de Cieza en 1913, pero ya había ingresado en la Academia de Ingenieros de Guadalajara en 1910. El semanario Eco del Segura de Cieza lo celebraba en julio de ese año: Al entrar en máquina nuestro editorial, nos enteramos con verdadera complacencia de que nuestro queridísimo amigo el joven y aplicadísimo estudiante D. Manuel Moxó Duran, ha obtenido plaza en la Academia de Ingenieros Militares de Guadalajara. A sus padres y a él les damos nuestra más efusiva y sincera enhorabuena por tan brillante triunfo.
En 1920 contrajo matrimonio con María del Carmen Ortiz de Villajos y Guillén, hija del destacado arquitecto Agustín Ortiz de Villajos, y en 1921 nació su primer hijo, Salvador de Moxó y Ortiz de Villajos (1921-1980), que fue prestigioso historiador y medievalista español. Aunque la familia vivía en Madrid, Manuel Moxó nunca dejó de visitar Cieza. La prensa ciezana recoge varias de sus visitas al pueblo, como la de 1928, tras acabar su destino en el Batallón de Ingenieros de Melilla: Se encuentra entre nosotros, procedente de Melilla, el bizarro Capitán de Ingenieros don Manuel Moxó Durán, acompañado de su esposa y de su hermoso niño.
Tras una brillante carrera militar, en 1931 se retiró del ejército, sin sueldo, para dedicarse a la explotación de sus negocios y proyectos. De hecho, en esa época ya tenía una empresa de publicidad, pues ese año patenta un sistema de aparatos combinados para la producción de imágenes simultaneas aplicadas a la propaganda con dos proyectores de imágenes. La imagen resultante podía ser una botella de bebida que aumentara de tamaño. Justo al año siguiente registró el nombre comercial Moxó, para aplicarlo en las transacciones mercantiles de su negocio de publicidad modernizada.
El ingeniero de caminos Raimundo Moxó Ruano

- Raimundo conduce el coche familiar con su hermano Antonio de pasajero, circa 1916. AGRM -
Raimundo Moxó Ruano nació en Cieza el 1 de diciembre de 1898. Hijo de Manuel Moxó Quadrado, natural de Cieza y María Luisa Ruano Mazzuchelli, natural de Águilas. Nieto por línea paterna de Manuel Moxó Pérez-Piñero, natural de Cieza, diputado en las Cortes Constituyentes del Sexenio Democrático, y Enriqueta Quadrado Vernacci, natural del Puerto de Santa María (Cádiz). Por línea materna era nieto de Raimundo Ruano Blázquez, natural de Águilas, destacado banquero, político e industrial minero, conocido como “el Rey del Esparto”, que construyó el Palacio Huerto Ruano de Lorca, y Lorenza Mazzuchelli Pérez, natural de París. Estudió el Bachillerato en el Instituto Provincial de Murcia entre 1909 y 1914 y obtuvo el carné de conducir el 15 de julio de 1915. Por entonces tendría mucha práctica, pues su padre había comprado en 1911 un Ford-T Modelo 1910 con matrícula MU-35.
Acabada la secundaria, en 1915 comenzó sus estudios para realizar la carrera de ingeniero de caminos en Madrid, de donde volvía a Cieza para pasar las vacaciones con su familia. En 1931 ya estaba casado con Pilar Capdevila Capitu y la familia, con residencia en Madrid, venía a Cieza a pasar las temporadas de verano y otras vacaciones. En 1933 encontramos su nombramiento como ingeniero tercero del Cuerpo de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos del Estado, y en 1949 ya era ingeniero jefe.
A lo largo de su carrera realizó multitud de proyectos, sobre todo hidráulicos. Raimundo Moxó Ruano falleció en Madrid el 3 de marzo de 1971 y sus restos descansan en el panteón familiar de Cieza.
En torno a 1934 los dos ingenieros se involucrarían en un proyecto de rescate de los tesoros que dormían en el fondo de la bahía de Vigo, desde que fueran hundidos los galeones de la flota de Indias a raíz de la Batalla de Rande en plena Guerra de Sucesión española. El cargamento más rico de la flota de Indias desde el descubrimiento de América. 19 galeones españoles (otros historiadores hablan de 23), todos dotados de cañones, aunque sólo tres eran de guerra, transportaban la friolera de 108 millones de piezas de plata, oro y otras ricas mercancías. Escoltados por 23 barcos de guerra franceses de diferente porte.
La flota angloholandesa era muy superior a la de españoles y franceses: 150 barcos de guerra, de los cuales 50 eran navíos de línea entre ingleses y holandeses. Navíos entre 110 y 90 cañones, mientras el mayor de los españoles tenía 44 y el mayor francés 76 cañones. Además, los ingleses contaban con una fuerza de desembarco de casi 10.000 hombres y los holandeses 4.000, frente a los 350 soldados españoles y franceses del fuerte de Rande y dos compañías de soldados y 200 milicianos el de Corbeiro.
Los invasores navegaron ría adentro desembarcando 4.000 hombres para tomar Rande y otra fuerza similar para el fuerte de Corbeiro. Ante la superioridad numérica, Rande cayó a las dos horas y Corbeiro después. El combate naval duró hasta el atardecer del día 24 de octubre de 1702. La derrota era segura y los almirantes quemaron sus naves por lo que la mayor parte de la flota hispano francesa se hundió en la bahía.
El proyecto de Manuel Moxó Durán

- Diseño del cajón metálico de Moxó, alzado lateral, 1936. Archivo Santos-Caballero -
El mito del tesoro de Rande estaba servido. Tras la batalla, Fernando de la Mata dirigió los trabajos de rescate siguiendo instrucciones del Consejo de Indias y durante siglos no fueron pocos los aventureros que intentaron recuperar parte del tesoro hasta que por Orden del 7 de julio de 1934 el Estado le otorgó al ingeniero militar la concesión en exclusiva por ocho años para poder explorar los galeones hundidos y rescatar el tesoro.
Manuel Moxó había comenzado tiempo antes a diseñar su proyecto. Para el cual aseguraba que los buzos no servían, pues una vez bajo el agua apenas podían desarrollar energía que les permitiera una labor de investigación, y aventurarse a entrar por una escotilla de un barco casi enterrado en fango les era imposible, ya que el fondo de la ensenada de San Simón no es de arena sino de fango, por los sedimentos y aportes que confluyen a la ría.
Moxó había estudiado todos los pormenores y los anteriores intentos de rescate. Todos ellos fracasaron, pero sacaron algo. El ingeniero aseguraba que tenía la solución técnica adecuada y que su proyecto era rigurosamente científico, matemático y posible con la técnica del momento y se basaba en el empleo del aire comprimido, según la experiencia de los trabajos realizados para cimentación de pilares de puentes bajo el agua.
Moxó proyectó la construcción de un cajón metálico sin fondo que albergara un galeón. El cajón estaría dotado de seis chimeneas de 1,10 metros de diámetro con esclusas de tres metros de altura y dos de diámetro. Una instalación de compresores y tuberías enviarían aire al cajón y lo mantendrían en seco. El cajón, convenientemente lastrado, descendería en el agua por su propio peso y se podía elevar y dejar a la altura conveniente y desplazarlo y dejarlo donde se hicieran los trabajos. Las chimeneas servirían de comunicación entre el interior del cajón y la superficie, para paso de obreros, materiales, objetos y fango e irían dotadas de montacargas. Las esclusas con dos puertas permitirían la entrada y salida sin perder presión de aire. En el interior del cajón, andamios colgados del techo, recibirían a los obreros que bajaran por las chimeneas y les permitirían desplazarse al punto de trabajo. También estaba diseñada una perfecta iluminación para fotografías y películas, instalación telefónica, herramientas y equipo. En el exterior, un andamio sobre barcazas permitiría la maniobra.
Colocado el cajón sobre el lugar donde yacía un pecio, descendería desplazando el agua y el fango fluido de la parte superior, gracias a la presión del aire. Quedaría en seco la parte superior del barco y para descubrir la otra parte enterrada por debajo del nivel inferior de las paredes del cajón se adosaría una tablestaca metálica al paramento interior de las paredes del cajón lo que prolongaría las paredes dentro del fango. Terminada la labor sobre un barco se arrancaría la tablestaca y se trasladaría el cajón sobre otro pecio.

- Diseño del cajón metálico de Moxó, alzado frontal, 1936. Archivo Santos-Caballero -
Patronato y grupo financiero: Los Galeones de Vigo
A partir de aquí era necesario buscar los inversores que harían posible la financiación, por eso la labor desarrollada por Manuel Moxó para llevar adelante su proyecto fue ingente. Para solventar la financiación se formó un Patronato de los Galeones de Vigo el día 3 de octubre de 1935, y entre los primeros acuerdos estuvo que el capital necesario debía ser totalmente español, al igual que el sistema y el proyecto, material y obreros.
Respecto al capital necesario, se formó una Sociedad Anónima, llamada: Los Galeones de Vigo. Grupo Financiero, constituida por escritura pública otorgada en Madrid el 24 de enero de 1936; con un capital de cuatro millones de pesetas, repartidas en 15 acciones de fundador de 5.000 pesetas, 500 acciones clase A de 100 pesetas y 7.750 acciones clase B de 500 pesetas. Al suscribirlas se desembolsaría la mitad del capital. La escasa cuantía de las acciones aseguraba un carácter nacional y popular por deseo de Manuel Moxó y el Patronato. La sociedad quedó constituida con un capital nominal de cuatro millones y realmente de sólo dos millones, con los que Moxó aseguraba se cubrirían los gastos del proyecto, quedando los otros dos en reserva.
Los beneficios obtenidos se repartirían íntegramente entre los accionistas hasta amortizar el capital aportado. El Consejo de Administración de la sociedad estaba formado por ingenieros y expertos españoles y el secretario era Raimundo Moxó Ruano.

- Manifiesto de la S. A. Los Galeones de Vigo, 1936. Biblioteca Nacional de España (BNE) -
Intensa campaña de publicidad
El Patronato desarrolló una amplia e intensa campaña publicitaria por todo el territorio nacional, encabezada por el director del proyecto. Comenzaron con el profuso envío de un manifiesto y boletín de suscripción a todas las provincias, en el que constaban las personalidades que componían el Patronato, así como sus asesores técnicos que avalaban la solvencia del proyecto. Además de la información necesaria para suscribir acciones en cualquier rincón del territorio nacional, asegurando que el tesoro a rescatar en oro y plata era superior a 180 millones de pesetas, incluso podría llegar a los 980 millones, como afirmaba el profesor Iberti, uno de los investigadores anteriores. Aparte del Consejo de Administración de la sociedad existía un Consejo Técnico Consultivo con funciones relacionadas con el desarrollo técnico y el interés arqueológico de los trabajos.
Se publicaron noticias de la sociedad en la mayoría de los periódicos de provincias. Anuncios en catalán, en castellano, en diarios gallegos y madrileños: ABC, ESTO, Diario de Madrid, El Siglo Futuro, El Heraldo de Madrid; con muchas entrevistas y explicaciones de los pasos a llevar a cabo y de los beneficios esperados, como la ofrecida en agosto de 1935 al redactor de Crónica, también ciezano, Pedro Massa, con titulares y todo lujo de detalles: Una riqueza fabulosa que duerme entre el fango desde hace doscientos treinta y tres años. Lo que se hizo para tratar de extraer el oro de los galeones de Vigo y lo que se va a hacer ahora.
También se dieron multitud de conferencias por toda España, donde Moxó explicaba su proyecto y fijaba de forma aproximada el valor del tesoro existente, como mínimo unos 187 millones de pesetas de 1935.
La campaña de publicidad fue un éxito y para marzo de 1936 ya se habían cubierto la mayoría de las acciones, sólo quedaban algunas de 500 pesetas y se anunciaban con el titular: España apasionada por SU EMPRESA de rescatar los tesoros de los galeones de Vigo.

- Entrevista del reportero ciezano Pedro Massa a su paisano Manuel Moxó, 1936. BNE -
El proyecto sin director
Manuel Moxó Durán murió en Paracuellos de Jarama el día 7 de noviembre de 1936 y el proyecto de su vida quedó sin su mayor impulsor, pero por Orden de 17 de enero de 1940 se realizó una nueva concesión por tres años, prorrogable a otros tres, a la viuda de Moxó, Carmen Ortiz de Villajos, sus hijos, Luis Gámir en representación de Los Galeones de Vigo. Grupo Financiero, y al ingeniero holandés Van Wienen, que tenía patentes para salvamento marítimo y un sistema de rescate. El 31 de mayo de 1940, Raimundo Moxó Ruano, como secretario de la sociedad convocaba una Junta General Ordinaria para informar sobre la desgracia del fallecimiento del director, modificar estatutos y reconstituir el Consejo de Administración. Y ese mismo mes llegaba a Vigo el vapor holandés Odysseus, desembarcando una torre metálica submarina, que formaba parte de la maquinaria a emplear en el rescate.
Aunque los trabajos no debieron desarrollarse como se esperaba, pues años más tarde, los mismos interesados solicitaban la caducidad de la concesión, que caducó en 1944. El 3 de marzo de 1945 se disolvía la sociedad y al año siguiente se devolvía el dinero de las acciones.
En la actualidad el peligro de contaminación por metales pesados como el plomo, hace inviable remover los fondos de la ría, para no perjudicar la actividad pesquera y marisquera de la zona (Para saber más se puede leer el artículo completo publicado en la revista Andelma nº 34).