Hugo Stuven, director de 'El nido': "La maldad no solo está en el exterior; también puede estar dentro de ti mismo"

Murcia Plaza Cultura

  • Hugo Stuvens con Michelle Jenner durante el rodaje.
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El cineasta estrena el 11 de septiembre El nido, un thriller psicológico protagonizado por Michelle Jenner, Luisa Gavasa, Pablo Derqui y Dylan Radley que convierte la sobreprotección y las herencias familiares en una casa-prisión. Stuven explica el origen de la película, reivindica el cine de género y defiende la experiencia de las salas frente al consumo doméstico.

Pregunta. El estreno de El nido se retrasó. ¿Respondió a una decisión estratégica?

Respuesta. Se debió a varias circunstancias. Al final estaba un poco pegado al verano y preferimos que quedara algo más cerca del otoño. Básicamente fue por eso.

P. Vuelves a acercarte al thriller, un género muy presente en tu filmografía. ¿Qué va a encontrar el espectador en El nido?

R. Creo que se va a encontrar un puzle que irá descubriendo poco a poco, como deben hacer los buenos ‘thrillers’ psicológicos: el espectador averigua qué está sucediendo e intenta adelantarse a la historia. También encontrará una película que habla de la maternidad, de las herencias familiares y de la maldad. Es un triángulo importante. Sobre todo, habla de ese propósito de no repetir las herencias de nuestros padres que, inevitablemente, terminamos repitiendo.

Siempre decimos: «Yo nunca diré esto», hasta que un día lo dices y piensas: «Madre mía, esto lo decía mi madre». Aquí lo llevamos al extremo y al terreno del género, pero creo que es una película muy entretenida, de las que mantienen al espectador en la butaca hasta el final.

P. La película crea un clima irrespirable con pocos personajes y escenarios. ¿Trabajar con tan pocos elementos supone una limitación o un estímulo?

R. Te agradezco las palabras. Esto bebe de lo que he visto como cineasta desde que era adolescente, incluso preadolescente: las películas de Hitchcock y Spielberg, que es uno de mis directores favoritos; más adelante, el cine de Shyamalan; o Misery, una película de la que me enamoré, igual que de la novela. Con muy pocos elementos se pueden contar cosas muy grandes.

Tener pocos elementos no significa que sea una película de bajo presupuesto. Todo lo contrario. En nuestro caso, buscamos la casa exterior por todas partes, también en bosques, y no hubo manera de encontrarla. Al final construimos tanto el exterior de la casa como el interior, que levantamos en plató. Es una gran producción, aunque esté contada desde los personajes hacia fuera.

Para mí siempre es una motivación. Tienes que pensar cómo mantener al espectador y la historia vivos con pocos personajes y pocos decorados; cómo conseguir que sea muy atractiva, no solo desde el guion, sino también visualmente, y que tenga elementos, códigos y texturas capaces de atraparte. Lo vivo como un estímulo.

P. ¿De dónde surge una historia sobre una mujer que mantiene a su familia atrapada en casa mediante unos raíles?

R. Surge de leer mucho, de ver cosas y de leer noticias. Escribí la idea y el concepto con Santiago Lallana, un guionista con el que trabajé en Solo. Teníamos el concepto de una mujer que mantenía atrapada a su familia en una casa mediante unos raíles que recorrían las habitaciones y les impedían salir. La imagen de los raíles nos resonó mucho.

Nos quedamos con ese punto de partida e incorporé al equipo de guion a César de Nicolás, con quien había trabajado en Dime tu nombre, mi primera serie de terror para Prime Video. Santiago y César ya se conocían y eran amigos, y me pareció buena idea juntarnos. Laura Fernández, de Filmax, nos había llamado porque queríamos trabajar juntos y me preguntó si tenía alguna idea. Le conté el concepto y le pareció interesante por sí mismo.

Yo ya tenía claros algunos asuntos de los que quería hablar y le expliqué por dónde podía avanzar la historia. Partimos de un concepto potente, interesante, que nos había atrapado a nosotros mismos: ¿por qué tiene esa mujer a su familia encerrada y unida a unos raíles dentro de la casa? Queríamos saber más. Empezamos a tirar de ese hilo y de ahí fueron saliendo las demás capas.

  • Reparto de la película con el director, Hugo Stuvens. -

P. Una de ellas es la herencia familiar, no solo genética, sino también de obsesiones, miedos y conductas que se rechazan durante la infancia y se repiten al llegar a la edad adulta.

R. En El nido son conductas que la protagonista ha normalizado, y eso es casi peor. Cuando eres pequeño normalizas comportamientos familiares que no deberías normalizar. A medida que creces te das cuenta de ciertas cosas, pero a veces ya es demasiado tarde, aunque otras veces no. En cualquier caso, te han moldeado. Una de las cuestiones de las que queríamos hablar con más fuerza era el trauma: cómo trabajarlo en un lugar tan aislado y cómo mostrar que la maldad no solo está en el exterior, sino que también puede estar dentro de uno mismo.

Eso engloba también la sobreprotección. Los tres guionistas somos padres y, cuando tienes hijos, ves el mundo de otra manera. De repente quieres sobreprotegerlos, pero llega un momento en el que comprendes que quizá esa sobreprotección no sea tan buena como creías. Un niño, igual que nos ocurrió a nosotros, tiene que atravesar fases buenas y malas, equivocarse y frustrarse. Todo eso forma parte de la vida.

Marta, la protagonista interpretada por Michelle Jenner, tiende a sobreproteger a su hijo por lo que le sucedió a ella durante la infancia. Acaba repitiendo precisamente el patrón que quería evitar y, cuando se da cuenta, entra en un bucle: termina generando su propio nido dentro de la cárcel que ella misma había construido.

Por eso digo que es una película psicológica, compleja y habitada por personajes complejos. Incluso la cadena que mantiene a la madre unida al raíl y le impide salir de casa funciona simbólicamente como un cordón umbilical, como esa unión con la madre. En algún momento de la vida tiene que romperse, porque uno tiene su propia vida y es una persona completamente distinta de sus padres.

P. ¿La película refleja también los temores de los padres actuales ante un mundo exterior percibido como cada vez más peligroso, desde las redes sociales hasta los conflictos que muestran los informativos?

R. Totalmente. Queríamos plasmarlo porque la película es muy contemporánea, aunque el miedo sea algo ancestral. Viene de muy atrás: de la oscuridad, de las cavernas, de preguntarse quién va a atacarte.

Hoy la sobreprotección suele ir acompañada de sobreinformación. Estamos expuestos a una cantidad enorme de información y no sabes qué es verdad, qué es mentira ni por dónde va. Hay muchísimas noticias falsas. La sensación de que existe tanta maldad alrededor puede llevarte, como decíamos antes, a construir tu propia cárcel y aislarte para que tu hijo no vea determinadas cosas. Ahora todo es tan accesible, tan fácil y tan rápido, y avanzamos a una velocidad tan descomunal, que puede dar miedo.

También quisimos expresarlo aislándolo todo en un bosque. Es una idea muy de Shyamalan: qué hay más allá del bosque. Pero esa maldad que parece estar fuera también puede encontrarse dentro de tu casa.

P. El ‘thriller’ psicológico y el terror parecen géneros cercanos. ¿Qué te permiten contar que no ofrecen la comedia, el drama puro o la acción?

R. El género engloba muchas cosas. Dentro de él hay cine psicológico y terror puro, pero también existen dramas que son puro terror. Para mí, El nido es un drama y dentro de ese drama hay un terror muy real. El género, entendido de forma amplia, es un gran vehículo para contar otras cosas porque resulta muy visceral: la angustia, un susto, la sensación de no estar seguro. Siempre bajo la protección de la sala, claro. Vamos al cine sabiendo que después regresaremos a casa y que, bajo la oscuridad de la sala, no nos va a pasar nada. Pero toca algo atávico que parece perseguirnos.

Quiero aprovechar para reivindicar el género. En una comedia, con que me entretenga y me divierta, soy feliz; no pido mucho más. Sin embargo, parece que quienes hacemos género casi tenemos que pedir perdón. Se exige que, además de asustar o angustiar, ofrezcamos algo más. España le debe muchísimo al género: a Chicho Ibáñez Serrador, a Paul Naschy si hablamos de fantástico, a Julio Fernández y todo lo que hizo desde Filmax, a Álex de la Iglesia, a Amenábar y a tantos grandes cineastas españoles con un talento increíble. También a las cineastas que están apareciendo y abriendo nuevos caminos. Exportamos ese terror.

Ahora parece que hemos cerrado las dos hojas de ese abanico y que el género es algo de nicho o menor. No lo es en absoluto. En Estados Unidos el terror vuelve a triunfar —todo es cíclico— y ya está presente en premios importantes como los Oscar. Espero que ese movimiento llegue también aquí.

Me considero un director al que le gustan todos los géneros. Tengo una comedia, un drama y otro thriller entre los proyectos que quiero contar, porque lo que me interesan son las historias. Pero el género es un vehículo especial. Si cada uno piensa qué películas lo enamoraron del cine durante la infancia, la adolescencia o los primeros veintitantos años, en un porcentaje altísimo aparecerá el género: fantástico, aventuras, ciencia ficción... E.T., Los Goonies, Parque Jurásico o, en mi caso, El exorcista, que vi con diez años, demasiado joven. También las películas de terror y los cómics. Todo eso nos hizo amar el cine.

En España tenemos que volver a abrir el abanico a todos los géneros. Además, su público es muy fiel. Cuando se habla de género, mucha gente piensa enseguida en el gore y dice que no le gusta, pero puede ser psicológico o muchas otras cosas. Es muy amplio y se puede ver en cualquier época del año, aunque tenga más presencia alrededor de Halloween por la influencia estadounidense. Ojalá vuelva a ocurrir lo que pasó con Amenábar y Tesis, Los otros o Abre los ojos, y con Álex de la Iglesia. Tenemos que recuperar esa variedad.

P. El éxito de películas como Obsession muestra que el terror y el thriller psicológico atraviesan un buen momento. ¿Puede animar también a los productores a arriesgar?

R. El presupuesto de marketing puede ser incluso mayor que el de rodaje, y el marketing es muy importante. Pero también depende de cómo se hagan las películas. Obsession está muy bien rodada y muy bien hecha, toma decisiones muy buenas y los actores están increíbles. Bring Her Back también es muy arriesgada, y eso está muy bien. El cine de género necesita asumir cierto riesgo.

Me ocurre con cineastas a los que adoro, como Spielberg, Hitchcock o Shyamalan. Shyamalan me fascina porque arriesga mucho: puede hacer Señales, situada en una granja; El bosque, que fue una influencia importante para mí; o El sexto sentido, que me parece maravillosa. También Amenábar con Tesis o Abre los ojos, que me voló la cabeza. Hay que arriesgar y es muy importante cómo se cuenta una historia. Obsession podría partir de un relato propio de Historias para no dormir o Cuentos asombrosos, pero está muy bien rodada y muy bien contada. Esa es una de las claves.

  • Michelle Jenner y Luisa Gavasa. -

P. Michelle Jenner, Luisa Gavasa y Pablo Derqui son intérpretes muy conocidos, pero aquí aparecen en registros poco habituales. ¿Cómo fue el trabajo con ellos?

R. Michelle Jenner es una actriz camaleónica. Ha hecho Isabel, Los hombres de Paco o No tengas miedo, por la que estuvo nominada al Goya y en la que está increíble. Ha interpretado papeles complejos, comedias y un poco de todo, pero nunca le había llegado un personaje tan oscuro. Mientras rodábamos Dime tu nombre, una serie de terror fuerte para Prime Video sobre exorcismos musulmanes, le ofrecí El nido. Ella es muy aficionada al género y vio la oportunidad de mostrar, una vez más, el enorme talento que ya había demostrado en muchas películas y series.

Trabajar con Michelle es muy sencillo. Es muy visceral e intuitiva, y su intuición suele ser muy buena. Preparó mucho el papel y hablamos bastante sobre lo que podía funcionar y lo que no. Con una actriz así, igual que con Luisa, que es una mujer increíble y maravillosa de la que todos estamos enamorados, basta con hablar, marcar ciertas cosas, dejarse llevar y escuchar mucho lo que ofrecen. Luisa tenía un papel muy complejo: una mujer que empieza a sufrir demencia, permanece encadenada a un raíl y debe construir una manera muy concreta de comportarse y moverse. Fue un gusto trabajar con actrices de ese nivel. Lo mismo ocurrió con Pablo Derqui, un actor con el que llevaba mucho tiempo queriendo trabajar y que me parece descomunal.

Michelle soporta buena parte del peso de la película y se implicó muchísimo. El corte de pelo que aparece en una secuencia catártica es real: decidimos que se cortara ella misma el pelo con una navaja. No hay peluca ni truco. Casi se convirtió en una escena de acción, o al menos de riesgo, porque la navaja estaba afiladísima y no llevaba protección. Los especialistas temían que se cortara una oreja. Ella tenía que atravesar varias fases emocionales en un plano secuencia que rodamos con dos cámaras, porque no había vuelta atrás. Era muy complicado, pero es extraordinaria en todo lo que hace. También era difícil para Luisa moverse con el raíl y todo lo que implicaba.

Y quiero hacer una mención especial a Dylan Radley. Encontrar al niño era una de las claves: si no dábamos con el adecuado al cien por cien, la película no iba a quedar tan redonda como yo quería. En cuanto vi a Dylan en el casting pensé: "Madre mía, quiero a este niño ya". Además, sus padres eran encantadores. Con él trabajé ocultándole, también a sus padres, algunas partes del guion. Jugábamos mucho, pero es un niño con un talento descomunal y tenía secuencias muy complejas. Le iba revelando los giros a medida que avanzaba el rodaje para que los descubriera casi como el espectador. Él mismo me decía: "Ah, claro, por eso el otro día estaba no sé quién en maquillaje". Es más listo que el hambre. Iba armando el puzle y fue muy divertido.

P. Eres director, guionista, músico y escritor. ¿Cómo contribuye esa mirada multidisciplinar a tus proyectos?

R. Me considero un artesano y me gusta participar en prácticamente todas las fases de la producción. Cuando hablo con los compositores, con Sergio Jiménez Lacima o, en este caso, con Vanessa Garde, que firma la banda sonora, puedo hacerlo en términos musicales. No sé leer música, pero soy pianista autodidacta desde pequeño, y a ellos les gusta que podamos mantener ese tipo de conversación.

También ayuda haber pasado por muchos puestos. Empecé como meritorio de dirección con Álex de la Iglesia en Crimen perfecto. Tenía clarísimo que quería ser director, pero después fui auxiliar de vídeo en Lope, trabajé como ‘runner’ y como ayudante de vestuario. También corté calles en Alatriste como auxiliar de dirección a las cuatro de la mañana, sin que pasara un coche y con un frío que pelaba. Cuando ves ahora a tu auxiliar allí, sabes exactamente lo que le está ocurriendo.

Haber atravesado tantas facetas de la profesión ayuda a vivir mejor la película y a sentirla. El cine es una labor coral en lo que respecta al equipo técnico: todo el mundo aporta y hay que escuchar a todos, aunque esas aportaciones pasen por el filtro de la película que el director tiene en la cabeza. Yo suelo tener las cosas muy claras. Cuando todo eso funciona, la película fluye. En este rodaje lo pasamos divinamente. Estas películas dan mucho juego y permiten hacer muchas cosas.

  • Michelle Jenner. -

P. Con una oferta de entretenimiento tan abundante, ¿qué temores tiene un creador antes de un estreno?

R. Me gustaría que el público fuera a ver la película y, si le gusta y la disfruta, que la recomiende. El boca a oreja siempre es muy bueno para el cine. Y, sobre todo, que la vea en una sala. Además del género, también reivindico la experiencia cinematográfica. Siempre pienso que ver una película en el cine es como una tormenta de verano. Puedes observarla desde la ventana de casa y está muy bien, pero no es lo mismo que salir, oír los truenos, sentir la lluvia y el césped y percibir el olor. Todo eso se siente en una sala. En casa es más cómodo, pero también más difícil. Creo que El nido hay que verla en el cine.

Desde que surge una idea hasta que se estrena una película transcurre muchísimo tiempo. Pasas por un proceso largo, con muchos vaivenes, y al final piensas: "Bueno, ya pertenece al público". Siempre queda la esperanza. Creo que el público conectará con El nido. La hemos hecho para que disfrute, se quede atrapado en la butaca hasta el final y después pueda debatir sobre ella.

También intento, con toda honestidad, que el público llegue lo más virgen posible. A veces la gente se deja guiar por las críticas y no debería hacerlo tanto. Hace poco leí una reseña de El nido que la definía como ‘fantaterror’. Esa es la percepción del crítico, pero para mí la película no tiene nada que ver con el fantaterror, más allá de su vínculo con Filmax. Es una empresa maravillosa, una productora que me ha dado libertad absoluta y que en su momento hizo mucho fantaterror, pero también ha hecho REC y Mientras duermes. Me preocupa que alguien lea esa etiqueta, piense que no le gusta el fantaterror y decida no verla. El público debería intentar llegar lo más limpio posible a las películas.

Los tráileres también cuentan ahora demasiadas cosas. Llega un momento en el que piensas: "No me cuentes tanto". Pero existe el equilibrio —ese ‘six-seven’, como dirían los niños— entre preservar la sorpresa y conseguir, mediante el marketing, que el público acuda el primer fin de semana. Es complejo. Yo hago las películas con mucho amor y con mucho amor al cine, como un artesano que está presente en todos los procesos. Espero que el público aprecie el trabajo de todo el equipo. Esto es como un virus: hay que recomendarla.

P. Entre tanta oferta de películas y series, ¿qué has visto últimamente que merezca la pena?

R. En series, Misa de medianoche. Me gustó muchísimo porque Mike Flanagan me interesa mucho. También hay una serie de Netflix que creo que se llama Algo terrible está a punto de suceder y que me gustó mucho. Y, por supuesto, he visto Obsession y Bring Her Back, y las dos me han encantado.

Estoy recomendando títulos de género porque estamos hablando de género, pero también puedo recomendar ‘Los puentes de Madison’. Por favor, es una película increíble, me fascina y tiene un final con el que no se puede llorar más. Me gustan mucho todos los géneros.

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