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Guille Galván: "Somos lo que somos gracias a los que nos rodean y hay que celebrarlos"

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Después de años girando por grandes escenarios junto a Vetusta Morla, Guille Galván debuta en solitario con un disco íntimo y profundamente personal nacido de la necesidad de volver a la esencia: una guitarra, una voz y canciones escritas desde el duelo, la memoria y la identidad. El músico habla sobre el vértigo de exponerse solo, la relación con su propia voz, la muerte de su padre y cómo este proyecto le ha servido para reconciliarse con partes de sí mismo que habían quedado sepultadas entre giras y estadios.

P. ¿Se viven los nervios de una forma diferente cuando publicas un disco en solitario respecto a cuando lo haces con Vetusta Morla?

R. Sí, siempre que estrenas algo tienes ahí la curiosidad y ese nervio de querer compartirlo y saber qué opina la gente. Pero en este caso es un trabajo diferente. Haber podido hacerlo, terminarlo y contarlo como lo estoy contando ya es casi un hito para mí. Curiosamente lo estoy viviendo con menos presión, aunque sea mi disco y todo lo que me juego me lo juego yo solo. Estoy contento de haber llegado hasta aquí y de poder compartirlo.

P. Entiendo que también hay menos presión porque nace desde un lugar muy personal, no desde una necesidad profesional.

R. Bueno, sí había una necesidad, pero era una necesidad vital. Necesitaba enfrentarme a hacer algo así. Todas estas canciones parten de la necesidad de alejarme de tantos años de giras, de grandes escenarios, de tocar para muchísima gente, y volver a la esencia de una guitarra y una voz. Necesitaba arrancar de nuevo desde ahí. Y luego todo esto coincidió con una serie de cuestiones personales que me hicieron tener claro que quería hacer un disco como este y hablar de lo que habla el disco. No era solo una pulsión profesional, también era algo profundamente personal.

P. El disco transmite precisamente esa sensación de intimidad, de volver a la esencia. ¿Te imaginas llevándolo a salas pequeñas, a espacios más cercanos?

R. Sí. Decidí grabarlo en casa porque necesitaba cierta intimidad y anonimato para hacer un disco así. Me encerré con Héctor García, el ingeniero y coproductor, e hicimos toda la primera fase aquí: las voces, las guitarras… Luego fui pensando de qué manera podía crecer el disco en detalles y texturas, pero nunca quise que creciera en músculo. No quería hacer un disco de banda ni nada que recordase a un escenario grande. Para mí este disco es un vis a vis en una habitación con otra persona, que en este caso es quien lo escucha. Y cuando llegue el momento de tocarlo en directo, me gustaría hacerlo en lugares donde esa idea pueda mantenerse.

P. Hay algo que me sorprendió mucho leerte en alguna entrevista: dijiste que no te gustaba tu voz. ¿Este disco te ha reconciliado con ella?

R. Era una de mis tareas pendientes. Desde pequeño me costaba escucharme. Tenía vegetaciones y no tenía una voz muy bonita, me daba pudor. Es algo que he arrastrado durante mucho tiempo. Luego la vida me ha obligado a escucharme muchas veces, por entrevistas, situaciones públicas… Pero me faltaba el arrojo de ponerme a cantar y también encontrar las canciones adecuadas para hacerlo. No es lo mismo componer para otros o para una banda que hacerlo para uno mismo e interpretarlo tú. Ahí tienes que encontrar la manera de contar lo que está escrito, qué es relevante, qué no, cómo ponerlo en tu voz. Es un trabajo completamente distinto.

P. Las letras tienen mucho peso. Hay versos que invitan mucho a la reflexión. Hay uno que dice: “Asusta hacerse daño, dejar de ser quien eres”. ¿Por qué nos cuesta tanto dejar ir sin dejar de ser nosotros mismos?

R. Ese verso es de Túnel de la Mentira. La canción nace de algo que me dijo mi hijo un día. Me contó que estaba preocupado por hacerse mayor porque tenía miedo de olvidarse de quién era de niño y de sus recuerdos. Yo le decía que, aunque crecíamos y hubiera cosas que se olvidaban, todo eso seguía dentro de nosotros. Igual que la gente que hemos querido y que nos ha querido. Siempre permanece. Como los árboles, que acumulan anillos en el tronco con el paso del tiempo. La canción es una respuesta a ese miedo. Y sí, crecer o dejar de ser quien eres genera vértigo porque siempre hay miedo a lo desconocido, pero también de eso va la vida.

P. Al final somos también un poco la suma de todas las personas que han pasado por nuestra vida.

R. Totalmente. De hecho, este disco habla mucho de eso: de cómo somos gracias a la suma de los demás y de la gente que nos quiere. Creo que nunca lo había puesto sobre el papel de una manera tan explícita. Pero ahora estaba en un momento vital en el que necesitaba hacerlo. Las despedidas, la muerte de mi padre… Cuando atraviesas un duelo se te mezclan muchas cosas: el pasado, el futuro, las cuentas pendientes. Y ahí te das cuenta de que somos lo que somos gracias a quienes nos rodean, y de que hay que celebrarles, honrarles y agradecerles.

P. ¿Cómo se compagina ahora este proyecto con la vuelta de Vetusta Morla?

R. Pues ya te lo diré (risas). Este disco lo he podido hacer en un momento en el que Vetusta no estaba en activo y eso me ha permitido centrarme muchísimo en el proyecto. Ahora habrá que ver cómo conviven ambas cosas y de qué manera puedo seguir ampliando este espacio que he construido.

P. Imagino que también te habrá servido para salir de esa dinámica constante de disco-gira-gira-disco y enriquecerte musicalmente desde otros lugares.

R. Sí. Sobre todo al principio aproveché para desconectar, para alejarme de casi todo lo relacionado con los conciertos y esa dinámica. También para dedicar tiempo a otros proyectos que eran difíciles de compaginar con las giras, como las bandas sonoras. Hice La Virgen Roja y sobre todo Madrid Exterior, que terminé el año pasado. Al final han sido dos años desde que anunciamos el parón y se han pasado volando.

P. Yo voy a veros en Valencia el 9 de octubre y justo pensaba eso: que parece mentira que hayan pasado ya dos años.

R. Sí, han sido dos años muy intensos, pero se han pasado rapidísimo.

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