La banda liderada por Ezequiel Garay presenta este jueves 23 su nuevo EP, Turistas, en La Yesería de Murcia (21.30 horas), una colección de canciones que reflexionan sobre la vida contemporánea, el impacto de las redes y la necesidad de reconectar con lo cercano.
Pregunta. Has tocado en festivales y también en salas. ¿Qué te aporta cada formato?
Respuesta. Las salas son conciertos mucho más íntimos, mucho más cercanos. Tengo una frase que una vez escribí y luego hasta me sorprendió haberla dicho: algo así como que la música a metro y medio impresiona, cura. No recuerdo la formulación exacta, pero la idea era esa. Y es que no hay comparación: en una sala llegas mucho más directo al público. Los festivales y los estadios están muy bien, son espectaculares, pero la forma en la que se vive un concierto en una sala es otra cosa.
P. El proyecto nace en 2016, pero en 2022 hay un cambio importante: nuevos sonidos, cambio de idioma, pasas del inglés al castellano. ¿Por qué?
R. Si te digo la verdad, es una mezcla de circunstancias. No es que no estuviéramos haciendo cosas antes, pero no teníamos infraestructura. Recuerdo ir a agencias y que me preguntaran si tenía mánager, booking, equipo… y no tenía nada. Y claro, sin eso, meterte en ese circuito es casi un suicidio.
A partir de ahí empecé a componer en castellano, aunque ya había hecho un disco en español en 2011, El acróbata de los viajes, que prácticamente no se puede encontrar. Luego entramos en la agencia Esmerarte, y ahí sí hubo un punto de inflexión. También influyó que mi antiguo jefe de prensa me dijo que hasta que no hiciera un disco en castellano no me iba a hacer caso. Lo hice… y no fue mal. Llegamos a la agencia con un EP al que añadimos algunas canciones más y de ahí salió el siguiente paso.
P. En este nuevo EP, Turistas, hablas de rutina, contradicciones y del impacto del turismo en entornos urbanos. ¿Qué te interesa de estos temas?
R. Creo que es lo que nos preocupa a todos. Hemos vivido una evolución brutal en muy poco tiempo. Internet ha acelerado la vida a una velocidad enorme, para bien y para mal. Antes los cambios eran graduales y ahora todo va a marchas forzadas.
Los medios de comunicación ya cambiaron muchas cosas, pero ahora incluso se han quedado atrás frente a las redes sociales, que nos bombardean constantemente, muchas veces con cosas poco agradables. Esa es una inquietud que tengo y, como hago canciones, es mi manera de expresarlo. Todo lo que me preocupa lo pongo ahí.

- Ezequiel Garay, vocalista de la banda. -
- Foto: Sergio Albert
P. En la música abundan los temas de amor, pero tú introduces también una mirada más social.
R. Sí, aunque hay un poco de todo. A cada uno nos ha tocado vivir este momento. A mí me gustaría vivir de otra forma, sinceramente, pero es lo que hay. También creo que muchas veces depende de uno mismo cómo afrontar lo que vive. Si estás a gusto con tu vida, con tu entorno, no necesitas mucho más.
Lo hablaba con un amigo: si eres feliz con una vida sencilla, con lo tuyo, con tu gente, eso es lo importante. No hace falta compararse constantemente con otros. Si en la huerta murciana, por ejemplo, alguien está bien, pues adelante. Eso es algo natural, sin interferencias.
P. ¿Cómo llegas a la música? ¿Siempre quisiste ser artista?
R. No lo tenía claro. Pero en el sur, y en sitios como Jerez de la Frontera, hay muchísimos estímulos musicales. El flamenco, el folclore… lo tienes muy presente aunque no sepas si te vas a dedicar a ello.
Empiezas casi como un juego: escuchas a gente cercana, algún familiar, un amigo que toca la guitarra… y poco a poco te vas metiendo. Hasta que un día te das cuenta de que la música es imprescindible en tu vida y es tu forma de expresarte. Ahora, que prácticamente vivo de ello, creo que ya puedo llamarme artista.
P. Hasta hace poco compaginabas la música con otro trabajo.
R. Sí. Hasta hace un mes y pico me dedicaba a las telecomunicaciones, soy ingeniero. He trabajado con operadores, con redes de fibra… he estado muy vinculado a eso, también en la zona de Murcia. Pero ahora estoy centrado al cien por cien en Flecha Valona.
P. El proyecto se llama Flecha Valona y no usas tu nombre. ¿Por qué?
R. Porque originalmente era una banda. Yo componía, llevaba el peso creativo y puse el nombre, pero había más gente. Con el tiempo el proyecto cambió y decidí seguir yo con el nombre.
Ahora soy yo quien lidera el proyecto y los músicos que vienen me acompañan. No fue algo buscado desde el principio, pero al final es más sencillo cuando hay una sola persona tomando decisiones. Todo fluye más.
P. Hay un auge del directo, con salas llenas y festivales agotando entradas. ¿Esto beneficia a artistas independientes como tú?
R. Hay un contraste importante. Los festivales y las grandes figuras agotan entradas rápidamente, pero para los que estamos un escalón por debajo vender en salas es muy complicado.
Ahora mismo se mueve mucho dinero en la música, sí, pero se lo llevan unos pocos. En las ciudades coinciden muchos eventos y eso hace más difícil llenar. Aun así, creo que hay que reivindicar la experiencia de la sala: estar a pocos metros del artista, sentir la energía… eso no tiene precio. Es algo que la gente debería vivir más.