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El viaje de regreso a Murcia de un reloj robado por los nazi y la historia de un vecino de Churra llamado Blas Martínez

El AGRM presenta el portal web 'Deportados murcianos en campos de concentración nazis' con un buscador por nombres y numerosos datos históricos y humanos

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MURCIA. El murciano Blas Martínez Aranda, considerado por los nazis como 'preso político, ingresó en mayo de 1944 en el campo de Neuengamme. Allí, le despojaron de sus efectos personales, entre ellos un reloj de pulsera. Posteriormente se le transfirió al subcampo dedicado a la construcción de un búnker para submarinos. El campo fue evacuado por las SS el 10 de abril de 1945 y los presos llevados en las llamadas "marchas de la muerte" a los campos de Sandbostel y Neuengamme. Este vecino de Churra nunca regresó. Puede que muriera trabajando en aquel infierno, en una de las marchas o víctima del hundimiento del crucero 'Cap Arcona'... Su familia no pudo hasta 1980 inscribir su fallecimiento en el Registro Civil de Murcia. Esta historia de un deportado murciano ha vuelto a remover la memoria, ya que este miércoles se le ha hecho entrega a sus familiares de aquel reloj que le robaron los nazis, en un acto celebrado en el Archivo General de la Región de Murcia (AGRM).

Esta reparación -cuya representación se enmarca en la programación por la Semana Internacional de los Archivos- se ha podido llevar a cabo gracias a que dos voluntarios de la campaña #StolenMemory, promovida por los Archivos Arolsen, localizaron a sus familiares en Churra para devolverles un reloj que representa una historia que no se debe olvidar y que se exhibió en la exposición celebrada en el Archivo General de la Región de Murcia en el verano de 2021.

Durante la jornada celebrada este miércoles, también se ha presentado el portal web Deportados murcianos en campos de concentración nazis, una interesantísima herramienta que pone a disposición del público el arduo trabajo de investigación y documentación llevado a cabo por el Archivo Regional. Así, en esta página se puede consultar un buscador de deportados, que contiene un detallada información sobre los mismo (algunos con fotografías), las localidades de procedencia, las murcianas deportadas, las fases de la deportación, información sobre cómo se vivían en los campos de concentración, las cartas que se escribieron desde el infierno, los supervivientes sin patria y la lucha contra el olvido que emprendieron muchas víctimas y sus familias.

En este mismo portal, se puede acceder a la exposición virtual de la exposición Deportados que tuvo lugar en el AGRM en 2021, a los videos de las conferencias y mesas redondas que se han celebrado dentro del proyecto, así como a multitud de datos históricos sobre la época, los campos, la liberación de los mismos y lo que vino después del horror. También se incluyen testimonios de los supervivientes.

Hay que tener en cuenta que 153 de los 398 deportados nacidos u originarios de la Región de Murcia lograron sobrevivir al horror nazi: un 38,4% del total. De 124 de los supervivientes se ha podido averiguar, con más o menos detalle, su destino posterior. Sobre el resto aún existe escasa información y es probable que algunos fallecieran al poco de salir del cautiverio, según indica la web, donde se explica que tras la liberación de los campos por los aliados se desataron grandes epidemias de tifus y otras enfermedades infecto-contagiosas debido a las pésimas condiciones de salubridad y al hacinamiento. Se sabe que al menos dos prisioneros murcianos fallecieron en las semanas posteriores a la liberación. "Las condiciones de salud de los liberados eran lamentables: estado famélico, con poco peso y numerosas enfermedades, como sarna, avitaminosis y especialmente afecciones de los aparatos respiratorio y digestivo. Los largos años de padecimientos y carencias arrastrados de la guerra civil, dejaron enormes secuelas físicas y mentales en los supervivientes, en la mayoría de los casos de por vida", apuntan.

La historia de Blas Martínez Aranda

  • Portal de Deportados murcianos en los campos de concentración nazi -

Si en el buscador de deportados se introduce el nombre de Blas Martínez Aranda esta es la historia que se podrá conocer:

Nacido en la pedanía de Churra el 4 de marzo de 1919, era el mayor de los cuatro hijos de José Martínez Botías, jornalero y arrendador, y de Soledad Aranda, avecindados en el carril de los Pinos de esa localidad. Soltero y campesino, a pesar de su origen humilde, y gracias a una beca de la Diputación Provincial de Murcia, pudo estudiar bachillerato, con notable aprovechamiento, en el Instituto de Segunda Enseñanza de la ciudad del Segura entre 1930 y 1935. Al producirse el golpe de estado de julio de 1936 un grupo de milicianos del Frente Popular lo detuvo brevemente, junto a otros jóvenes de Churra, al haber aparecido sus nombres en varios carnés del Sindicato Nacional Sindicalista intervenidos a un líder falangista local. Poco después, con apenas diecisiete años, se alistó para defender a la República en el Batallón de Voluntarios de Murcia, que partió para colaborar en la defensa de Madrid.

En octubre de 1937 fue ascendido a sargento en la 45 Brigada Mixta (unidad formada al militarizarse varias unidades milicianas, entre ellas el batallón murciano), que estaba destinada por entonces en el sector de Aranjuez. Más tarde pasó al arma de Aviación, formando parte de la tercera expedición que se instruyó en la escuela de pilotos de Kirovabad, en Azerbayán (URSS). El grupo de aspirantes partió del puerto de Barcelona a finales de 1937, cruzó a Francia y en un buque de dicha nacionalidad llegó al puerto de Odesa en febrero de 1938. Tras su regreso, en octubre de ese año, Blas obtuvo el título provisional de piloto militar de aeroplano, con la categoría de sargento de la Aviación republicana, aunque posiblemente no llegó a entrar en combate.

Pasó a Francia durante 'La Retirada', el 6 de febrero de 1939, por el paso de Le Perthús, junto a la primera escuadrilla de aviación. Fue internado en el campo de Argelès, hasta que el 17 de abril fue transferido al de Gurs, donde se concentró al personal de la aviación republicana. Abandonó este campo el 9 de diciembre de 1939 al alistarse en la 514 CTE, destinada a Captieux (departamento de Gironda), donde estuvo trabajando hasta la invasión alemana y el armisticio (junio de 1940). Entonces retornó de nuevo a Gurs, hasta que el 26 de octubre de 1940 fue asignado a uno de los nuevos Grupos de Trabajadores Extranjeros (GTE) creados por el gobierno de Vichy para explotar laboralmente a los refugiados. Blas fue asignado al 537 GTE, con el que marchó a Seix (departamento de Ariège), donde estuvo trabajando hasta el 13 de septiembre de 1941.

En ese momento se dirigió a Touluse, luego a Rochefort y finalmente a la base de submarinos de La Rochelle (avecindándose en la rue Signolet), donde trabajó para las tropas alemanas de ocupación–junto a miles de trabajadores forzados españoles– hasta el 26 de noviembre. Según declaró más tarde, al acabar la obra de la base de La Pallice y no habiéndosele presentado ningún contrato, se creyó libre de cualquier obligación y partió hacia la localidad de L'Île-Bouchard (departamento de Indre y Loira), donde fue empleado como leñador por la empresa forestal Lorel, instalándose en una vivienda de la calle Carnot junto a otros refugiados españoles. Sin embargo, esta fuga o abandono del trabajo obligatorio le costaría cara.

El 9 de abril de 1942 el prefecto del departamento de Indre y Loira dictó una orden de detención contra él, por haberse evadido del campo de La Pallice y ser considerado extranjero “indiseable”. Cinco días más tarde Blas fue detenido por la Gendarmería en L'Île-Bouchard e ingresó el día 16, en calidad de “internado administrativo”, en el cercano campo de internamiento de Rouillé. En este “centro de residencia supervisada” había presos políticos, comunes e “indeseables” extranjeros. Allí estuvo alojado en la barraca 11 y recibió periódicas visitas de un amigo español, Ismael Sisniega Sanromán, que para acceder se identificaba como su cuñado. Es posible que trabajara en el mantenimiento del campo o en uno de los pequeños talleres no oficiales de zapatería o carpintería.

Se sabe que algunos profesores o estudiantes presos –como era el caso de Blas– organizaron allí cursos clandestinos de literatura, derecho, filoso fía, taquigrafía, alemán, español, álgebra, geometría, música, entrenamiento militar... Blas fue transferido, junto a otros 65 presos de Rouillé, al campo de Voves el 22 de noviembre de 1943. La evasión de una cuarentena de internos a través de un túnel, el 6 de mayo de 1944, provocó que el campo, dependiente hasta entonces de las autoridades de Vichy, quedara bajo control de las SS, que decidieron cerrarlo y deportar a todos los presos a Alemania. Su madre le escribió una misiva –fechada en Churra el 23 de abril de 1944– dándole ánimos, carta que nunca llegó a sus manos. Blas salió el 9 de mayo, junto a los 406 presos restantes, en dirección al campo de tránsito de Compiègne, donde recibió el número de detenido 35.243.

Tras ser clasificado como “preso político” por la SD, partió el 21 de mayo de 1944 en un convoy de más de 2.000 hombres –entre ellos 194 españoles– con destino al campo de Neuengamme, en el que ingresó tres días después con el número 31.589. Allí los nazis le despojaron de sus efectos personales, entre ellos un reloj de pulsera. Posteriormente se le transfirió al subcampo Bremen-Farge, Neuenkirchen II, dedicado a la construcción de un búnker para submarinos, cuyo nombre en clave era Valentin, en el que fue adscrito al barracón F. El campo fue evacuado por las SS el 10 de abril de 1945 y los presos remitidos, en “marchas de la muerte”, a los campos de Sandbostel y Neuengamme.

Es posible que Blas falleciera en aquel infierno de hierro y hormigón, en una de esas “marchas de la muerte” o que fuera una de las miles de víctimas del hundimiento del crucero “Cap Arcona”, en la bahía de Lübeck, en mayo de ese año. En 1946 su padre, a través del Comité Internacional de la Cruz Roja, trató infructuosamente de averiguar su paradero y la familia continuó su búsqueda durante años, con la intervención de diferentes organismos, entre ellos la Secretaría de Estado de Antiguos Combatientes de Francia.

Sus tres hermanos, que únicamente conocían que había “tenido su último domicilio en Alemania, realizando trabajos forzados en unas canteras existentes en las cercanías de Bremen”, pudieron finalmente inscribir su fallecimiento en el Registro Civil de Murcia en marzo de 1980. En 2019 dos voluntarios de la campaña #StolenMemory, promovida por los Archivos Arolsen, localizaron a sus familiares en Churra para devolverles su reloj, robado por los nazis, que se exhibió en la exposición celebrada en el Archivo General de la Región de Murcia en el verano de 2021.

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