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El murciano que regresó de Mauthausen y el peluquero de Mazarrón que espió a las SS: historias del horror con nombres propios

El portal web 'Deportados murcianos en campos de concentración nazi' saca a la luz 398 historias que no deben caer en el olvido

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MURCIA. 398 vidas truncadas por la guerra, el cautiverio, las torturas y, en muchos casos, la muerte; 398 testimonios del mayor horror conocido; 398 nombres propios, cada uno con su historia, aunque no siempre se conozca cuál fue su final. Este el número de deportados nacidos u originarios de la Región de Murcia que estuvieron presos en campos de concentración nazis, 398 vidas que salen a la luz gracias a un portal web que el Archivo General de la Región de Murcia (AGRM) ha presentado recientemente y que permite, entre otras muchas cosas, conocer a los murcianos que vivieron el infierno... y no olvidarlos.

La web Deportados murcianos en campos de concentración nazi constituye la principal herramienta de consulta existente actualmente sobre esta materia en la Región de Murcia. Entre sus contenidos destaca un buscador que permite acceder a la biografía y trayectoria vital de estos 398 murcianos documentados hasta la fecha como víctimas del sistema de campos de concentración nazi, incorporando información personal, fotografías, documentos históricos, mapas interactivos y enlaces a memoriales internacionales.

La plataforma incluye además un amplio apartado divulgativo sobre el exilio republicano, la deportación y la vida en los campos de concentración; testimonios audiovisuales de supervivientes y familiares; conferencias y mesas redondas de especialistas; una exposición virtual en tres dimensiones sobre los deportados murcianos; así como publicaciones científicas editadas por el Archivo General.

Cabe señalar que 153 de los 398 deportados nacidos u originarios de la Región de Murcia lograron sobrevivir al horror nazi, lo que representa un 38,4% del total. De ellos, se ha podido averiguar, con más o menos detalle, el destino posterior de 124. Sobre el resto aún existe escasa información y es probable que algunos fallecieran al poco de salir del cautiverio, según indica la web, donde se explica que tras la liberación de los campos por los aliados se desataron grandes epidemias de tifus y otras enfermedades infecto-contagiosas debido a las pésimas condiciones de salubridad y al hacinamiento. Se sabe que al menos dos prisioneros murcianos fallecieron en las semanas posteriores a la liberación, apuntan.

Como ejemplo de las muchas vidas que han salido a la luz en esta web -acompañadas cuando se ha podido con imágenes y documentos-, Murcia Plaza ha seleccionado estos tres casos: el de un santomerano que fue uno de los pocos españoles que sobrevivió a Mauthausen; el de un peluquero mazarronero que estuvo en la Resistencia, peinó a miembros de SS y fue el único murciano que pasó por Auschwitz; y el de un vecino de Monteagudo al que su madre nunca dejó de buscar.

Así lo cuentan en la web Deportados murcianos en campos de concentración nazi:

José Andújar, el santomerano que sobrevivió a Mauthausen

  • José Andújar Villaescusa -

José Andújar Villaescusa (Santomera, 1916) fue el primogénito de José Andújar García, albañil, y de Concepción Villaescusa Verdú. Se crio en un entorno de izquierdas, pues su padre era dirigente de la Casa del Pueblo y tesorero de UGT de Puente Tocinos, pedanía a la que se trasladó la familia. Pronto comenzó su militancia en Izquierda Republicana, organización en la que ocupó en marzo de 1936 el cargo de vocal de las Juventudes, al mismo tiempo que consiguió un empleo como repartidor de Telégrafos. Su última residencia estuvo en la plaza de Santa Eulalia de Murcia.

Debió de alistarse voluntario al estallar la guerra civil, junto a sus hermanos menores Francisco y Antonio. Su participación en el conflicto la resumió en pocas palabras: “Durante la guerra fui soldado, comisario político de Compañía. Fui herido en una pierna y estuve ingresado en el Hospital de San Pablo de Barcelona”. A pesar de su herida, y con la ayuda de su hermano Francisco, consiguió cruzar la frontera francesa durante 'La Retirada', estando internando sucesivamente en los campos de Argelès y Septfonds.

Ante la falta de expectativas de volver a España, ambos hermanos se alistaron en la 101 CTE y fueron destinados a fortificaciones en la zona de Amiens. Allí fueron capturados por el ejército alemán el 22 de mayo de 1940. Fue interrogado por agentes de la Gestapo, en perfecto castellano y con amplia documentación sobre él -según recordaría posteriormente-, quienes lo clasificaron como “preso político español” y ordenaron su envío al campo de Mauthausen.

Tras un viaje en tren de 18 horas ingresó junto a su hermano a las 8 de la mañana del 6 de agosto de 1940. A José se le registró con el empleo de funcionario –aunque luego figurará como albañil– y como entendía francés e italiano, el primer día estuvo rellenando fichas de todos los que ingresaban en el campo. Después fue destinado a la cantera, transportando piedras de un lugar a otro: una de las tareas sin sentido a la que eran obligados los prisioneros con el único fin de destruirlos y, finalmente, construyendo casas para los SS. El 21 de marzo de 1941 ambos hermanos fueron transferidos al subcampo de Gusen (en sus notas biográficas dijo que fue trasladado a mediados de 1943).

Además de su propio sufrimiento tuvo que asistir impotente al de su hermano, maltratado e inutilizado para el trabajo, que fue asesinado en la enfermería con una inyección letal, en febrero de 1942. Mientras todo esto sucedía, su familia estaba siendo perseguida en España. José fue uno de los pocos españoles primigenios de Mauthausen que logró sobrevivir hasta que se produjo la liberación del campo por el ejército americano, el 5 de junio de 1945. De allí salió con 33 kg de peso, una grave afección pulmonar y un oído reventado de un puñetazo asestado por un SS, así como con el imborrable recuerdo de la escasa comida diaria: un café con sabor a algarrobas por la mañana, un puré de nabos con patatas al mediodía y cincuenta gramos de pan, una rodaja de mortadela y un café por la noche.

De regreso a Francia, pasó un periodo de recuperación en el Hotel Lutetia de París y en una casa de reposo. Después trabajó de albañil y más tarde, entre noviembre de 1947 y julio de 1949, en la fábrica de Renault en Boulogne-Billancourt. Deseoso de regresar a su país, su familia consiguió los avales necesarios de las autoridades locales franquistas y, tras obtener su pasaporte en el Consulado de París, atravesó la frontera de Irún el 9 de agosto de 1949. De nuevo en Murcia, al poco conoció a la joven valenciana Josefa Blesa Muñoz –casualmente hermana de otro deportado, Joaquín, fallecido en Mauthausen en noviembre de 1941– con quien se casó en Murcia el 9 de agosto de 1952 y tendría dos hijos. José trabajó en la compañía de seguros Plus Ultra y falleció en Murcia en 1983, el mismo año que el gobierno alemán le reconoció el derecho a una indemnización por sus padecimientos.

Francisco Salinas, el mazarronero que peinó a los SS y pasó por Auschwitz

  • Trabajos forzados en la cantera del campo de concentración de Gusen -

Francisco Salinas Pagán (La Majada, Mazarrón, 1901) tuvo una vida que bien podría ser argumento de una película o una novel. Hijo natural de María Salinas Pagán, soltero, jornalero y con instrucción, emigró a Francia, residiendo en Reims hacia 1922. En la década de 1930 vivía en París, donde trabajaba como peluquero y profesor de peluquería. Más tarde se instaló en la localidad de La Baule (departamento de Loira Atlántico, en la región de Bretaña), donde continuó ejerciendo su oficio. Por entonces casó con Raymonde Jeffroy y tuvieron un hijo.

Al estallar la guerra mundial en septiembre de 1939 se enroló voluntario mientras durase la campaña, que concluyó con la invasión alemana y la disolución del ejército galo. Se nacionalizó francés en febrero de 1940. Residente en la zona ocupada, Francis decidió unirse a la Resistencia en marzo de 1943. Su nombre en clave fue 'Salamon' y alcanzó el grado de subteniente. Realizó labores de reclutamiento, información general y transporte de armas. Precisamente por entonces, Francis se convirtió en peluquero y perfumista de los oficiales alemanes de la comandancia de la cercana base de submarinos de Saint-Nazaire, lo que le valdría para obtener información para la Resistencia. Sin embargo, el 13 de marzo de 1944 fue detenido en su domicilio e internado en la prisión de La Fayette (Nantes), donde fue interrogado y duramente torturado por la Gestapo, que no consiguió extraerle información relevante. 

Se conocen con cierto detalle las vicisitudes de su detención y deportación gracias al relato de un joven amigo y compañero de fatigas, André Bessière, con el que coincidió en este centro de detención y que publicó en 1991 unas memorias tituladas L'engrenage. Interrogado de nuevo por la BDS de París, se le clasificó como preso político francés y se le incluyó en la 'Operación Meerschaum' (de envío masivo de presos para ser explotados laboralmente en Alemania). El 27 de abril de 1944 partió en un convoy de casi 1.700 presos con destino al campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau, en Polonia, donde llegó el día 30 y en el que recibió en la piel de su antebrazo izquierdo el número 186.376 (motivo por el que esta expedición sería conocida como el 'convoy de los tatuados'). Fue el único murciano que estuvo en este terrible campo de exterminio.

Por suerte para él y la mayor parte de sus compañeros de transporte apenas permanecieron allí dos semanas, pues el 14 de mayo fueron trasladados al campo de Buchenwald y más tarde al de Flossenbürg. Allí fue designado a la fabricación de fuselajes de aviones de guerra. Ingresado en la enfermería del campo, debido a una pleuresía, logró recuperarse y ejerció como peluquero de los SS. Fue evacuado en una “marchas de la muerte” y liberado en el campo de Terezin cuando fue liberado por los soviéticos el 8 de mayo. Fue repatriado a Francia, con apenas 56 kg de peso.

Pudo regresar junto a su familia en La Baule y retomar su oficio de peluquero, aunque con numerosas secuelas físicas: bronquitis crónica, astenia, coeficiente de masticación de los dientes inferior al 40%, problemas gástricos, insuficiencia coronaria y neuritis cervicobraquial. El gobierno francés reconoció sus servicios como deportado resistente con numerosas condecoraciones y nombrándolo caballero. Falleció en Saint-Nazaire el 29 de julio de 1966, a los 65 años víctima de un cáncer de pulmón. El gobierno galo declaró su fallecimiento como 'Mort pour la France'.

José Antonio Nicolás: su búsqueda llegó al programa '¿Quién sabe dónde?'

  • Montaje fotográfico de María Navarro con sus hijos Francisco (muerto en la Guerra Civil) y Antonio (muerto en Gusen) -

José Antonio Nicolás Navarro (Las Lumbreras, Monteagudo, 1914) era hijo de Francisco Nicolás Alcázar y de María Navarro Soriano, segundo de cuatro hermanos. Soltero y agricultor, su padre falleció pronto, por lo que él y su hermano Francisco trataron de sacar a la familia adelante, comprando dos vacas para labores agrícolas. La guerra civil dio al traste con todo. Según el testimonio de Ana, su sobrina nieta, “las vacas se las llevaron, y tuvieron que vender todo lo que tenían. María [su madre], descalza, se iba a pedir a Callosa [de Segura, Alicante], para que nadie la conociera, e intercambiar lo que tenía, mientras que sus hijas pequeñas se quedaban solas debajo de un almendro -que todavía está- al lado de una pila, hasta que su madre regresaba”. Perteneciente al reemplazo de 1936, fue reclutado (si es que no estaba ya en filas) por el gobierno de la República al estallar la guerra civil, junto a su hermano Francisco, que falleció en mayo de 1938 en un hospital del frente de Castellón por heridas de guerra.

Tras exiliarse a Francia al final del conflicto, la familia trató de conseguir su regreso a España a través de la Cruz Roja de Irún en mayo de 1939, pero sin éxito. Posteriormente, José Antonio (figura únicamente Antonio en los documentos franceses y alemanes) se alistó en la 4 CTE, con la que fue capturado por el ejército alemán y encerrado en el Frontstalag 140, en Belfort (Franco Condado), desde donde fue deportado al Stalag VI-C, en Bathorn (Baja Sajonia). El 22 de julio de 1941 ingresó en el campo de Mauthausen y a los tres meses fue transferido al subcampo de Gusen. Allí murió el 10 de enero de 1942, oficialmente de debilidad circulatoria, pleuritis, y su cadáver fue incinerado dos días después.

La familia solo conserva dos cartas de José Antonio: una de ellas escrita en febrero de 1940, cuando estaba encuadrado en la CTE, y la otra en mayo de 1941, redactada en el formulario postal del ejército alemán y enviada desde el campo de prisioneros de guerra (en la que se queja de no recibir contestación a sus muchas misivas y, en ambas, pedía una fotografía de la madre y de su difunto hermano). Después de eso el silencio y la incertidumbre. Como en tantos otros casos, el aviso de defunción que el Ministerio francés de antiguos combatientes envió al gobierno español en octubre de 1950 no les fue notificado.

Tanto su madre como sus hermanas nunca dejaron de buscarlo (incluso escribieron al programa de TVE ¿Quién sabe dónde? en 1990) pero fallecieron sin conocer su triste destino. Su madre encargó un fotomontaje en la que ella, de riguroso luto y ya anciana, aparece entre sus dos jóvenes hijos, muertos violenta y trágicamente en España y Alemania.

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