De 'Ravalejar' a 'Empatía': un popurrí de buenas series

Series y televisión

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VALÈNCIA. Cuatro buenas series, muy diferentes entre sí, para disfrutar del poder de la ficción. Hay de todo: terror, comedia, drama, lugares felices, realismo, fantasía, problemas mentales, anticapitalismo, denuncia, humor, política, grandes interpretaciones y algunos monstruos, tanto fantásticos, como humanos demasiado humanos. He dejado deliberadamente fuera Half man, la interesantísima serie de Richard Gadd, que requeriría varios artículos para poder acercarse a ella y toda su complejidad, y es tan dura y jodida, que, de pronto, no he tenido ánimo para escribir sobre ella. Pero es toda una experiencia su visionado, prueben.

La maldición de Widow’s Bay

Impredecible y sorprendente, Widow’s Bay (Apple TV) es una de las grandes sorpresas de la temporada, nominada, con toda justicia, a un porrón de emmys, tras haberse ganado la admiración de crítica y público. Su creadora, Katie Dippold, agarra unos de esos pueblos pintorescos llenos de ciudadanos excéntricos y entrañables, propios de las series amables que tanto amamos, como Doctor en Alaska o Las chicas Gilmore, y les da la vuelta. Aquí también hay personajes excéntricos y entrañables, que no desentonarían nada en Cicely o Stars Hollow, solo que no habitan un lugar feliz, sino uno construido sobre el dolor, la pérdida y la muerte. Y con mucho humor, porque estamos ante una comedia de terror con la que te ríes y pasas miedo, cosa que no sucede con ese tipo de relatos, en los que el terror suele quedar desarticulado por la comedia. Aquí nunca sabes si la escena que estás viendo va a desembocar en risa o en pavor y esa es una de sus grandes virtudes porque, desemboque en lo que desemboque, va a funcionar. Y lo hace porque está muy bien escrita, muy bien dirigida y muy bien interpretada, con Matthew Rhys (uno de esos grandes actores todoterreno que nunca falla) y Kate O’Flynn (un descubrimiento) a la cabeza. Hay casas encantadas, monstruos por doquier, folk horror, slasher, muertos vivientes y muchísimo Stephen King. Para los amantes de lo terrorífico y el misterio, que son legión, es un festín de citas y guiños: Tiburón, Perdidos, La niebla, El resplandor, Clímax (sí, la de Gaspar Noé) y mucho más. La buena noticia es que los no aficionados al terror, como servidora, la vamos a gozar igual, porque aquí lo que importan son los personajes y lo que les sucede, sus emociones, su historia, la lógica interna y la coherencia narrativa. El resultado: una serie entretenidísima y enormemente disfrutable. 

  • Widow's Bay -

Ravalejar

El director y guionista Pol Rodríguez vio hace unos años como el restaurante que su familia tenía en el Raval, Can Mosques, un local antiguo y muy conocido, desaparecía fruto de la especulación, de los fondos buitre y del proceso de turistificación del barrio. Y decidió partir de esta historia real para escribir Ravalejar, la miniserie que pueden ver en HBO Max, que es una denuncia, a un ritmo trepidante y angustioso, de todos esos males con los que el turbocapitalismo asola a nuestra sociedad. Dirigida por el propio Rodríguez y por el gran Isaki Lacuesta, destaca no solo por atender a una realidad que no está tan presente como debiera en nuestras ficciones, también por hacerlo a través de un ejercicio muy estricto de puesta en escena que dota a la serie de muchísima personalidad: un aspecto de reportaje periodístico de urgencia, cámara siempre en movimiento y metida entre los personajes, montaje abrupto de planos cortos, ficción mezclada con imágenes reales del barrio y sus habitantes. Todo para dotar de realismo al relato, tanto a lo que vemos como a lo que oímos, con esos diálogos tan veraces, reales como la vida misma. Para entendernos, a veces parece un fragmento de la saga Bourne rodada en el Raval. La historia familiar sirve para entender las consecuencias de esas prácticas capitalistas en la vida de cada uno, para hacer un retrato de un barrio convertido actualmente en uno de los emblemas de la gentrificación y las consecuencias del turismo sin control y, a su vez, ofrecer un retrato social y político. Muy bien interpretada por Enric Auquer, María Rodríguez Soto, Sergi López, Frances Orella, Quim Ávila y Lluïsa Castell, recomiendo oírla en la versión original en catalán, como suele pasar, el doblaje le quita alguna capa de realidad, tan esencial en esta serie. 

  • Ravalear -

Las cuatro estaciones

La segunda temporada de la serie de Tina Fey ha llegado (Netflix) y no saben cuánto nos alegramos. Tal como está el mundo, nos hacen mucha falta este tipo de ficciones amables e inteligentes que nos ayudan a sobrellevar el presente. Adaptación de Las cuatro estaciones (1981), estupenda película de Alan Alda, sigue la historia de tres parejas a a través de sus viajes de vacaciones en primavera, verano, otoño e invierno. Y, para alegría de todas, la segunda temporada, es decir, el segundo año en que acompañamos al grupo en sus vacaciones, es tan buena y entretenida como la primera, a pesar, incluso, de que un personaje central ya no está y está focalizada en las diferentes formas en que los protagonistas viven el duelo. Interpretada por la propia Fey, junto a Colman Domingo, Steve Carrell, Will Forte y otros buenos intérpretes que cumplen maravillosamente, los nuevos capítulos cambian algunas dinámicas y ofrecen, acertadamente, más cancha a algunos personajes que apetecía conocer mejor, como el de Claude (Marco Calvani), que se luce en varios capítulos. Divertida, emotiva, aguda e incisiva, esta serie es, de verdad, uno de esos lugares felices que antes nombrábamos. Esperamos poder acompañar en sus vacaciones a Kate, Anna, Danny, Jack y los demás por muchos años.

  • Las cuatro estaciones -

Empatía

Creada e interpretada por Florence Longpré, la serie canadiense Empatía (Empathie, Movistar+), cuenta la historia de una psiquiatra alejada dos años de su profesión por una tragedia personal, que vuelve al trabajo en un hospital psiquiátrico con enfermos de larga duración, algunos de los cuales han cometido delitos, pero, por su estado mental, no han entrado en la cárcel. El título es una declaración de intenciones porque, indudablemente, hace una defensa de la empatía como forma de estar en el mundo, pero la serie no oculta que el ejercicio de escucha y comprensión conlleva abismos y grietas que no siempre queremos enfrentar. La forma poco ortodoxa en que la protagonista ejerce su profesión está basada en la empatía, la paciencia y unos cuantos valores más bien incompatibles con un sistema burocratizado marcado por la insuficiencia de recursos, aspectos que la serie denuncia. Realista y práctica, Empatía no idealiza las situaciones ni endulza cuestiones espinosas, y esa es una de sus fortalezas, junto a la construcción de buenos personajes, tanto los principales como los secundarios. El relato deja bien claro que los ritmos y las necesidades que los procesos de sanación que la salud mental requiere no casan bien con nuestras sociedades capitalistas y consumistas. Y que la vida es difícil. Pero también expresa con lucidez, humanidad y sin sensiblería que, sin empatía, es decir, sin los demás, no podemos vivir. 

  • Empatía -

 

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