ALICANTE. Constituye un reto escribir sobre la Guerra Civil y querer aportar alguna información nueva para intentar captar la atención del lector, pues como es evidente los manidos temas pueden alejarlo de su lectura. Pero resulta obvio que este propósito es difícil de alcanzar, ya que quedan pocos episodios por desvelar de uno de los periodos de nuestra historia —que es también universal— más estudiados por los especialistas de todo el mundo.
No obstante, si buscamos con paciencia entre la ingente cantidad de información disponible hoy día, cabe la posibilidad de encontrar algún libro, artículo o documento —con frecuencia fruto del azar— que, aun conocido por algunos historiadores, no se ha difundido adecuadamente, pasando por este motivo inadvertido a la mayoría de los periodistas culturales y, por tanto, a los interesados en la historia que suelen beber de su afición de lo que se publica en los medios.
Tal es el caso del ensayo publicado en 2013 por el matrimonio taiwanés Hwei-Ru Tsou y Len Tsou titulado Los brigadistas chinos en la Guerra Civil, que tuvo escasa repercusión. [En la red de bibliotecas públicas valencianas solo se ofrece un ejemplar que, precisamente, fue adquirido vía desiderata por sugerencia del arriba firmante].
Hasta el lanzamiento de este libro se desconocía que, entre los más de cuarenta mil integrantes de las Brigadas Internacionales pertenecientes a más de medio centenar de nacionalidades, hubiera combatientes chinos. Dado que China estaba en guerra con Japón tras la invasión de su país, siempre se ha considerado que todos sus ciudadanos, incluidos los que residían en el extranjero, debían luchar por su patria, manteniéndose, por consiguiente, ajenos a otras cuestiones. Así que con este razonamiento se zanjó el asunto en su día.

- Portada del libro Los brigadistas chinos en la Guerra Civil (2013)
Brigadistas chinos
Según los autores, se estima que alrededor de un centenar de chinos participaron en la guerra civil española. La mayoría estaba asentada en Europa, incluyendo España, y un pequeño número vino de Estados Unidos e Hispanoamérica. Buena parte acudió por propia iniciativa, una minoría fue enviada por sus organizaciones políticas y el resto intervino de forma accidental al encontrase en nuestro país al estallar la guerra. Sus ocupaciones eran de las más diversas: obreros, pequeños comerciantes, periodistas y médicos.
China se sintió identificada con la República española que luchaba contra el fascismo, al igual que su país combatía contra los agresores japoneses. Los investigadores taiwaneses han hallado testimonios de la heroica lucha de los brigadistas chinos y que muchos murieron. Al acabar la guerra algunos fueron internados en los campos de concentración franceses y otros pudieron regresar a su país para defender a su país en la guerra contra Japón.
Por aquellos años, un joven Mao Tse-Tung, ya líder del Ejército Rojo, escribió una carta abierta al pueblo español: “La causa por la que os esforzáis es también la nuestra. Hemos leído con emoción que las Brigadas Internacionales están formadas por ciudadanos de todos los países [...]. Muchos camaradas del Ejército Rojo de China están dispuestos a ir a España para participar en vuestra lucha; no hay día que no hablen de vuestra lucha y la situación general de España. De no ser porque tenemos enfrente el enemigo japonés, iríamos con toda seguridad a integrarnos en vuestras tropas".
La repercusión de nuestra guerra en el pueblo chino
Sin duda, el punto que más me ha llamado la atención de este ensayo es el impacto que tuvo nuestra guerra en la sociedad china. España y China, pese a estar separadas por nueve mil kilómetros, las unía por aquel entonces la misma suerte. Los ciudadanos chinos se solidarizaron con los españoles, y este gesto se vio reflejado en su vida cotidiana.
Las noticias sobre nuestra guerra civil encabezaron la sección de internacional de diarios y revistas, y proliferaron los editoriales y artículos de opinión. Se popularizó la canción Defended Madrid compuesta por unos jóvenes universitarios con la idea de ofrecérsela al pueblo español. Uno de ellos escribió la letra: “Empuñad las fieras granadas y apuntad a Franco, al incendiario criminal / ¡En pie! ¡En pie! Marcha presto al frente pueblo de España por la libertad y la independencia patrias / Al frente que lucha por la paz / ¡En pie! ¡En pie! / ¡Luchad a muerte contra los lacayos traidores! / ¡Defended Madrid! ¡Defended del mundo la paz!”. La canción no tardó en difundirse, la cantaban los estudiantes de las universidades e, incluso, los de las escuelas religiosas. Al poco, la canción se tradujo a otras lenguas como el español, inglés, francés, alemán, italiano, japonés y ruso.

- Pancarta de apoyo a la República en 1937
Los históricos vínculos entre ambas naciones
Pero aparte de la empatía de China hacia España, probablemente, también influyera el pasado de amistad y cooperación que, sin duda, permanecía en su conciencia colectiva, pues conocer y preservar sus raíces constituye para el pueblo chino el pilar fundamental de su identidad. Así, cada dinastía tenía la obligación oficial de escribir la historia de la anterior e, incluso, millones de familias tienen por costumbre reconstruir su genealogía familiar.
Con relación a este punto, cabe recordar que desde la Edad Media se fueron forjando entre ambas naciones vínculos comerciales, culturales y de cooperación sanitaria. Como ejemplos del primer vínculo baste revisar nuestra historia común: la Ruta de la Seda, la conexión económica mediante el Galeón de Manila, el Real de Ocho español fue adoptado por China (por su pureza se convirtió en la primera divisa de uso global que dominó el comercio del mundo durante más de tres siglos) y los intereses comerciales: por un lado, China demandaba la plata de las colonias españolas en América y España su seda, la porcelana y otros productos.
En el plano cultural es de justicia recordar el papel primordial que tuvo nuestro país en el acercamiento europeo a China. Así, el misionero Diego de Pantoja viajó a Pekín a principios del siglo XVII, siendo uno de los primeros extranjeros en entrar en la Ciudad Prohibida, aprendió chino, escribió libros en su idioma y cambió la percepción que la dinastía Ming tenía de Occidente.
Y en cuanto al tercer vinculo, debemos recordar la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna, impulsada por el médico alicantino Balmis, que se adentró en territorio chino para vacunar a la población local y, además, fundó una junta de vacunación para que su proyecto tuviera continuidad.
En definitiva, este recóndito ensayo no solo nos descubre un episodio poco conocido de nuestra guerra fratricida, sino que además desvela el gran afecto que el pueblo chino siempre ha sentido hacia el nuestro.