MURCIA. La artista cartagenera María Treviño ha convertido los paisajes y sus veranos en Cabo de Palos en la temática central de su obra. Escenas submarinas en las que capta momentos llenos de paz, rincones que evocan el encanto del pueblo pescador, casas de toda la vida y, cómo no, el majestuoso Faro que todo lo ve -"mi faro", dice ella con ternura- protagonizan unas pinturas que han viajado por el mundo pero que, curiosamente, nunca había expuesto en el que considera su pueblo. Hasta ahora, ya que al espacio multifuncional Salero 11 -en la calle del mismo nombre de la localidad costera-, no se le podía escapar organizar una exposición con una temática tan cabopalera.
El sitio de mi recreo es el nombre de esta exposición, que se podrá ver hasta el 26 de junio en Salero 11, un lugar donde conviven cultura, artesanía, talleres y gastronomía. "La oportunidad surgió cuando Belén Valera, una de las personas que lo gestiona, me propuso exponer allí. Yo nunca me lo había planteado, no sabía que hubiera un espacio como este, pero cuando vi el lugar me animé enseguida. Me hacía mucha ilusión mostrar esta obra precisamente en Cabo de Palos, porque es mi principal fuente de inspiración y no hay sitio más apropiado", señala María Treviño, quien ha llevado estas obras por distintas ciudades de España, como Galicia, Zamora o Madrid; y quien sabe, por ejemplo, que alguno de sus cuadros han viajado a ciudades como Miami.
En esta muestra, la artista cartagenera afincada en Madrid ha reunido 17 cuadros de oleo sobre lienzo -la mayoría de formato medio, con un par de piezas grandes y algunos más pequeños-, realizados durante los últimos dos años, habiendo obra muy reciente. En ellos, la pintora rememora los veranos de toda su vida en la casa familiar que era de sus abuelos, en la playa de Levante. Allí, precisamente, cuenta que realiza todas las fotografías subacuáticas. "Aprovecho los días de lebeche, cuando el agua está más clara y tranquila, para meterme y hacer fotos bajo el agua. Es fundamental evitar que la arena esté removida para conseguir esa nitidez que busco".
A estas escenas, en las que el espectador puede prácticamente sumergirse (o al menos, así lo desea), se suman diferentes paisajes del pueblo, fácilmente reconocibles para aquellos que conozcan bien esta localidad cartagenera. Y es que "Cabo de Palos es un lugar muy especial para mí: llevo veraneando allí desde que nací, así que está profundamente ligado a mis recuerdos familiares y a mis amistades. Lo siento como mi pueblo. Aunque sigo yendo a Cartagena varias veces al año, donde más tiempo paso fuera de Madrid es allí".
Capturar lo efímero

- Obra de María Treviño -
María Treviño explica que "trabajo a partir de fotografía. Cuando alguien posa en el agua, disparo ráfagas de imágenes, capturando el movimiento en fracciones de segundo. Es impresionante cómo cambia todo entre una imagen y otra: la luz, la forma del cuerpo, el movimiento del agua. Después selecciono entre miles de fotos y trabajo con ese material durante todo el año".
Asimismo, añade que "en mis pinturas me interesa capturar lo efímero, congelar momentos fugaces. También me atrae el contraste entre la calma y el movimiento. Bajo el agua aparecen detalles que no se perciben a simple vista: burbujas, distorsiones, juegos de luz… No busco algo concreto, sino imágenes que me llamen por alguna razón. A veces también las manipulo digitalmente para potenciar el color o corregir deformaciones".
La artista, que ha participado en ferias como Art Madrid, no olvida, cómo se inició en la pintura en Cartagena, donde vivió hasta los 16 años. "Allí estudié en la escuela de Enrique Navarro Carretero, una etapa muy importante para mí porque marcó mi camino artístico. No solo por el profesor, sino también por las personas con las que compartí ese espacio -como Belén Orta, Puebla o Quiles- que influyeron mucho en mi desarrollo posterior, cuando me trasladé a Madrid para continuar mi formación en Bellas Artes".
Ahora por primera vez lleva su obra al lugar emocional que la inspira, a ese Cabo de Palos que lleva consigo a donde va y que no se cansa de pintar. Y a un espacio como Salero 11, que al igua que ella tiene corazón cabopalero y que se ha convertido en un agente dinamizador de la cultura en la localidad.

- Obra de María Treviño -