Estudio Brava y Estudio Ila, dos estudios de arquitectura de Cartagena, han sido premiados en el Concurso Internacional Europan. Europan, que celebra en esta edición su decimoctava convocatoria, es uno de los concursos de arquitectura para jóvenes arquitectos más prestigiosos de Europa, dirigido a profesionales menores de 40 años. El certamen se desarrolla simultáneamente en numerosos países europeos y aborda retos urbanos reales propuestos por distintas administraciones públicas. En esta edición han participado más de 800 equipos internacionales.
El equipo premiado está formado por David Jiménez Iniesta, María Peñalver Izaguirre, Francisco Manuel Andreo Tudela y Consolación Ibáñez Gallardo.
El proyecto presentado propone la rehabilitación de cinco bloques residenciales construidos en los años 60 en la ciudad de Vitoria, una tipología característica de la tardía industrialización de las ciudades españolas. Estas edificaciones presentan actualmente importantes problemas de accesibilidad, eficiencia energética y obsolescencia tipológica. La propuesta entiende la rehabilitación no solo como una mejora técnica, sino como una oportunidad para repensar este tipo de vivienda colectiva, ampliamente extendida por todo el territorio nacional, desde una perspectiva contemporánea, social y ambiental.
El reconocimiento en Europan sitúa el proyecto dentro del debate europeo sobre la transformación del parque residencial existente.
El proyecto
Landscape of Possibilities propone la rehabilitación del conjunto residencial de Bustaldea no solo como una oportunidad para mejorar su rendimiento energético, sino como un proyecto capaz de rearticular una estructura urbana altamente fragmentada, donde colisionan lógicas periurbanas, rurales y agrarias. Frente a las incertidumbres que rodean esta transformación -presupuesto, plazos y perfil de usuarios- la propuesta no impone una forma fija, sino que define un marco operativo abierto, adaptable y colectivo: un campo de posibilidades destinado a activar el debate entre los distintos agentes implicados en el proyecto -propietarios, futuros usuarios, vecinos de Goikolarra y Aretxabaleta, organismos municipales y equipos técnicos-.
Para asumir esta incertidumbre, el proyecto se concibe como una infraestructura multiescalar que opera en tres dimensiones complementarias: doméstica, edificatoria y urbana.
En la escala doméstica, un núcleo técnico compacto -el Vascular Core- reorganiza las viviendas concentrando las zonas húmedas y liberando el resto del espacio, lo que permite múltiples configuraciones habitacionales.
Esta organización en torno a un núcleo central elimina las jerarquías entre las viviendas, evitando la creación de tipologías de primera y segunda categoría. Todas las unidades disfrutan de la misma orientación y ventilación cruzada. Esta lógica de plugin favorece además la evolución tipológica. Frente a modelos residenciales que definen la vivienda solo en función del número de usuarios o la estructura familiar, la propuesta visibiliza formas contemporáneas de habitar que desbordan el marco de la familia tradicional.
Coliving, vivienda intergeneracional, pisos compartidos u hogares unipersonales son modelos que negocian los límites entre lo público, lo privado y lo compartido, reflejando una sociedad cada vez más diversa.
En la escala del edificio, una nueva piel técnica envuelve los bloques existentes, mejorando su comportamiento térmico y acústico y resolviendo problemas críticos de accesibilidad. El cerramiento se compone, de dentro hacia fuera, de un trasdosado de placa de yeso laminado, la fachada existente, una capa de aislamiento exterior de corcho con revoco de mortero y una piel final de policarbonato.
Más allá de su función técnica, esta envolvente redefine la relación entre lo privado y lo colectivo. Balcones, pasarelas y terrazas actúan como espacios de transición: extensiones habitables que funcionan también como recorridos, puntos de encuentro y lugares de interacción social. Esta segunda piel activa nuevas circulaciones, incorpora vegetación y dota al edificio de una dimensión más pública y porosa.
Cada bloque opera no como un diseño cerrado, sino como un prototipo dentro de un sistema abierto. Desde soluciones conservadoras -que mantienen cubiertas y núcleos existentes, permitiendo intervenciones más rápidas y económicas- hasta estrategias más transformadoras, el proyecto ofrece un repertorio adaptable a distintos presupuestos, grados de intervención y niveles de participación.
Las cubiertas se reinterpretan como plataformas para nuevos usos comunitarios, infraestructuras de energías renovables o jardines compartidos, posibilitado por la liberación de densidad en planta baja y manteniendo intacta la edificabilidad total del conjunto.
En la escala urbana, el proyecto difumina los límites de los bloques y los transforma en una infraestructura activa para la gestión del espacio público. La plaza compartida se concibe como un sistema de infraestructura hídrica que filtra y recoge aguas grises y pluviales para su reutilización en programas agrícolas y verdes.
La plaza se convierte así en un tablero donde solo se trazan las líneas de la resiliencia: ejes peatonales capaces de soportar una diversidad de usos. Un hardware que habilita un software de acción: espacios verdes con fitorremediación, áreas de juego, programas sociales, huertos urbanos y sistemas energéticos distribuidos. Estas bandas activas se consolidan como plataformas para la vida colectiva, haciendo visibles y pedagógicos los procesos de gestión del agua y la energía.
Un sistema vivo y pedagógico que pone en valor lo colectivo
Más que una simple rehabilitación, Landscape of Possibilities plantea una infraestructura para la transformación colectiva: un marco operativo capaz de adaptar lo existente, redistribuir recursos y abrir nuevas formas de habitar, cuidar y pertenecer. En un contexto de transición urbana, el proyecto se presenta como una herramienta crítica y generativa, una arquitectura abierta que transforma la incertidumbre en posibilidad.