La moción de censura contra Noelia Arroyo no solo ha abierto un terremoto político en el Ayuntamiento. También ha obligado al PSOE de Cartagena a justificar ante su propia militancia una operación tan arriesgada como polémica. Y ahí es donde entra la carta remitida por Manuel Torres, secretario general de los socialistas cartageneros, quien ha intentado presentar el pacto con MC, Sí Cartagena y dos exconcejales de Vox como una decisión “valiente”, “necesaria” y alejada de cualquier reparto de sillones. Un esfuerzo argumental considerable teniendo en cuenta que buena parte del debate político gira precisamente alrededor de eso.
Torres asegura en su escrito que la decisión de impulsar un gobierno alternativo “no nace de la improvisación”, sino de una “convicción política profunda”. Según explica a la militancia, Cartagena vive atrapada en una situación de “desgaste, bloqueo e inestabilidad” y el PSOE no puede limitarse a ser “un mero espectador” cuando existe la posibilidad de abrir “una etapa distinta”.
La carta tiene un tono claramente interno, casi pedagógico, como si el secretario general fuera consciente de que una parte de la militancia socialista todavía intenta procesar cómo se pasa en cuestión de días de denunciar a Vox a gobernar gracias a dos exconcejales de Vox. Por eso insiste varias veces en que el acuerdo no responde a intereses partidistas ni a una lucha por cargos.
“No lo damos para ocupar sillones, ni tampoco por un mero interés partidista”, afirma Torres. Una frase que probablemente acabará siendo una de las más repetidas -y discutidas- de toda esta crisis política municipal. Porque precisamente la oposición al pacto sostiene exactamente lo contrario: que esta moción responde más a una suma de intereses coyunturales que a un proyecto político coherente.
El líder socialista defiende además que el acuerdo permitirá devolver al PSOE “al lugar donde debe estar”: el Gobierno del Ayuntamiento de Cartagena. Y ahí aparece una de las claves reales del documento. Más allá de la retórica sobre el cambio político, la carta deja entrever que el PSOE considera esta moción una oportunidad histórica para recuperar centralidad política e institucional en un municipio donde lleva años atrapado entre el desgaste interno, las fracturas locales y el ascenso de MC.
“Nos permite recuperar iniciativa, capacidad de decisión y centralidad política en el municipio. Nos permite volver a ser decisivos”, señala Torres en uno de los párrafos más significativos de todo el texto. Porque, en el fondo, el PSOE sabe perfectamente que esta operación no solo pone en juego el gobierno de Cartagena. También pone en juego su propia supervivencia política en el municipio.
La carta intenta además construir un relato casi épico alrededor de la moción. Torres asegura que el PSOE no ha venido a la política municipal “para resignarse” ni para instalarse “en una oposición cómoda”, sino para “dar un paso al frente cuando Cartagena lo necesita”.
Y ahí vuelve a aparecer el argumento central de todo el bloque alternativo: la idea de que el gobierno de Arroyo está agotado y que quedarse quietos equivaldría a ser cómplices del deterioro de la ciudad.
“Cartagena necesita un cambio y el PSOE tiene la obligación de intentarlo”
Pero quizá uno de los aspectos más llamativos de la carta sea el intento de blindar ideológicamente el pacto. Torres recalca que el PSOE da este paso “desde sus principios”, “sin rebajas” y “sin renunciar a nada” de lo que representa políticamente. Una afirmación especialmente delicada teniendo en cuenta que el acuerdo necesita los votos de dos exmiembros de Vox y que buena parte de la derecha ya acusa al PSOE de practicar exactamente aquello que lleva años denunciando.
Aun así, el secretario general insiste en que la posición “política y moral” del PSOE “sigue siendo la misma” y reivindica valores como “la igualdad, la justicia social, la convivencia y una forma limpia y útil de entender la política”.
Torres también intenta preparar psicológicamente a la militancia para el ruido político que se avecina. Reconoce que la decisión “puede abrir dudas y debate” y admite implícitamente que la operación no está exenta de desgaste interno. Pero lejos de rebajar el tono, pide compromiso y orgullo de partido.
Os pido que afrontemos este momento con serenidad, con orgullo de partido y con la convicción de que Cartagena necesita un PSOE valiente, útil y dispuesto a dar la batalla cuando toca”
El problema para el PSOE es que, más allá de la épica interna, la realidad política fuera de la sede socialista sigue siendo extremadamente compleja. Porque mientras Torres habla de “alternativa progresista y de futuro”, sus socios potenciales siguen manteniendo posiciones radicalmente opuestas en cuestiones tan sensibles como inmigración, relación con el Gobierno central o modelo de ciudad.
Y ahí está precisamente el gran desafío de esta operación: convencer a los ciudadanos de que detrás de esta moción hay algo más sólido que una simple suma de votos contra Arroyo.