La ciudad ha encontrado una etiqueta que no es marketing vacío, sino relato histórico con proyección de futuro: Cartagena, ciudad de los submarinos. Así se define ahora desde el Ayuntamiento, en boca de la alcaldesa Noelia Arroyo, como síntesis de un proyecto que mezcla identidad, industria, defensa y turismo.
No es una ocurrencia reciente. Cartagena lleva más de un siglo vinculada al arma submarina, desde la figura de Isaac Peral hasta la actividad continuada del Arsenal. Pero ahora, esa historia se convierte en producto cultural y económico.
“Cartagena, ciudad de los submarinos”, insistió Arroyo durante la presentación de los avances del proyecto del Submarino Tonina (S-62), una frase que apunta a algo más ambicioso: construir una marca reconocible dentro y fuera de España.
La definición no es simbólica. Tiene traducción directa:
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Recuperación de los túneles de Galeras.
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Musealización del Tonina.
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Creación de un espacio inmersivo dedicado al arma submarina.
Todo ello con un objetivo claro: posicionar a Cartagena como referente internacional.
Este mismo viernes se fijó la oficialización de la mesa institucional que coordina su desarrollo y con el anuncio de los próximos trabajos de impermeabilización, consolidación y adecuación del espacio que acogerá al sumergible. En la reunión participaron la alcaldesa de Cartagena, Noelia Arroyo; el almirante director general de Armamento y Material, Aniceto Rosique; el almirante jefe del Arsenal, Alejandro Cuerda; y, como instituciones colaboradoras invitadas, la Autoridad Portuaria y Navantia.
La sesión sirvió también para formalizar la constitución de la comisión mixta de impulso, seguimiento y coordinación institucional del proyecto. Junto a Arroyo, Rosique y Cuerda asistieron el director del Museo Naval de Cartagena, Marino Fernández-Bravo; el concejal de Presidencia, Urbanismo e Infraestructuras, Diego Ortega; y responsables técnicos municipales. Como invitados acudieron el presidente de la Autoridad Portuaria, Pedro Pablo Hernández, y el director de Reparaciones de Navantia Cartagena, Luis Miguel Rodríguez Tudanca.
El almirante Alejandro Cuerda lo expresó sin matices: “Sería un espacio único no solo a nivel regional o nacional, sino mundial”. El proyecto va más allá del turismo. Tiene una carga estratégica evidente.
El almirante Aniceto Rosique lo vinculó directamente a la llamada cultura de defensa: “La Armada se va a ver beneficiada porque mejora la cultura de defensa”.
Es decir, no solo atraer visitantes, sino explicar qué ha sido y qué es la Armada en Cartagena. La clave está en el salto conceptual. Cartagena deja de ser solo una ciudad con historia naval para convertirse en una ciudad temática en torno al submarino.
El presidente de la Autoridad Portuaria, Pedro Pablo Hernández, lo resumió con claridad: “Va a ser algo magnífico, incluso mayor de lo que imaginábamos”.
“Cartagena, ciudad de los submarinos” no es un lema localista. Es una declaración de intenciones.
Porque, si el proyecto se completa como está planteado, la ciudad pasará a tener:
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Un submarino real visitable.
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Túneles originales adaptados al público.
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Un relato museístico inmersivo.
Y, sobre todo, algo que no existe en ningún otro lugar del mundo.
La escena en el Palacio Consistorial de Cartagena no fue una presentación al uso. No hubo grandes infografías ni fechas cerradas. Hubo algo más relevante: la constatación de que el proyecto del Submarino Tonina (S-62) ha entrado en fase de ejecución real, con varias administraciones trabajando a la vez y, sobre todo, hablando el mismo idioma.
La alcaldesa, Noelia Arroyo, eligió bien las palabras. No vendió plazos imposibles ni inauguraciones cercanas. Prefirió fijar el marco: “Es un sueño de todos los cartageneros desde hace décadas”.
Durante años, el Tonina fue eso: un símbolo aparcado. Una pieza de memoria naval sin encaje claro. Lo que cambia ahora es el contexto.
El Ayuntamiento tiene los túneles. La Armada está dentro trabajando. La Universidad Politécnica de Cartagena ha certificado que el espacio es viable. Y el proyecto, por primera vez, tiene estructura técnica.
“La instalación reúne las condiciones y se puede adecuar”, explicó Arroyo. Dicho de otra manera: ya no se debate si se puede hacer, sino cómo hacerlo.
Eso sí, conviene no edulcorarlo. Los túneles siguen siendo hoy un espacio en obra. La Armada continúa con la retirada de residuos acumulados durante décadas y el Ayuntamiento avanza en estudios de seguridad, evacuación e impermeabilización.
No hay maquillaje en el diagnóstico: “No hemos podido ocuparlos todavía porque la Armada está trabajando”.
Pero la foto ha cambiado. Antes no se podía entrar. Ahora se está interviniendo. Si hay un elemento que sostiene el relato es el estado del propio Tonina.
El almirante Alejandro Cuerda, que lo conoce desde dentro, desmontó cualquier imagen de abandono: “Sorprendería muchísimo ver la calidad de cómo está el submarino”.
No es una exageración. El submarino ha permanecido cerrado, protegido, casi encapsulado. Dentro, según explicó, el paso del tiempo apenas ha hecho mella. “Se cierra la escotilla y se conserva todo”.
El reto no es reconstruirlo, sino adaptarlo. Abrirlo al público sin perder su esencia. Hacer visitable un espacio que nunca estuvo pensado para visitantes. Y ahí está una de las claves del proyecto: no se trata de un museo convencional, sino de una experiencia física.
Hay algo que distingue esta fase de intentos anteriores: la coordinación.
En la misma mesa se sientan Ayuntamiento, Armada, Autoridad Portuaria, Navantia y técnicos especializados. Y todos dependen de todos. El puerto necesita saber cómo llegará el submarino; el Ayuntamiento necesita los túneles limpios y la Armada marca los tiempos de intervención.
Colaboración público-privada y búsqueda de patrocinadores
El almirante Aniceto Rosique, que lleva años -desde 2018- vinculado al proyecto, lo resumió con una mezcla de realismo y optimismo: “Ahora lo vamos a sacar bastante rápido”. Rápido, en este contexto, no significa inmediato. Significa que el proyecto ya no está bloqueado. Si hay un punto donde el discurso se vuelve menos épico es en la financiación. Rosique lo dijo sin rodeos: “Necesitamos recursos económicos”.
Y ahí entra una nueva fase: la búsqueda de patrocinadores. Empresas, fundaciones, tejido económico. Lo que antes fue un proyecto institucional ahora necesita músculo privado.
Arroyo confirmó que ya hay contactos y primeras respuestas: “Tenemos empresas que van a ser tractoras”.
Un proyecto único
El almirante Cuerda lo formuló con claridad casi didáctica: “Meter un submarino dentro de un túnel preparado para submarinos es algo que no existe”.
Y ahí está la diferencia. No es solo un submarino visitable y no son solo túneles musealizado: es la combinación de ambos, en su contexto original. Eso es lo que permite a Cartagena intentar apropiarse de esa etiqueta: ciudad de los submarinos. En política, la ausencia de fechas suele ser mala señal. Aquí no necesariamente.
La alcaldesa lo dejó claro: “No podemos correr. Es un proyecto único y hay que hacerlo con rigor”. No hay calendario cerrado, pero sí cronograma. No hay inauguración a corto plazo, pero sí trabajos en marcha. Y, sobre todo, hay un cambio de narrativa: “No estamos contando lo que queremos hacer, sino lo que ya estamos haciendo”.
Le falta ejecución, financiación y tiempo. Bastante tiempo. Pero por primera vez, todos los elementos están sobre la mesa.