La alcaldesa de Cartagena, Noelia Arroyo, ha decidido dinamitar el tablero político apenas unos días antes de la moción de censura prevista para el próximo 2 de junio. La regidora del PP ha apartado del Gobierno municipal a los dos únicos concejales de Vox que todavía permanecían en el Ejecutivo local, Gonzalo López Pretel y Diego Lorente, en un movimiento que altera completamente el escenario político que se venía dibujando en las últimas semanas.
Cartagena no puede aceptar que el sanchismo entre en el Ayuntamiento. Hoy más que nunca es necesario impedir que el gobierno de Cartagena se use para defender la política sectaria de un partido corrupto.
— Noelia Arroyo (@NoeliaArroyoHer) May 27, 2026
No voy a permitir que Cartagena sea tomada por la parálisis, el… pic.twitter.com/wi7mczNeTd
En un comunicado municipal se indica que la alcaldesa, Noelia Arroyo, ha firmado esta mañana los decretos de cese como miembros de gobierno de los concejales de VOX Gonzalo López Pretel y Diego Lorente. Ambos formaban parte del ejecutivo municipal desde noviembre de 2023, fecha en que suscribió un acuerdo de gobernabilidad entre el Partido Popular y Vox para reforzar el gobierno.
La alcaldesa ha explicado que su gobierno seguirá ejecutando hasta final de legislatura el programa de transformación de Cartagena que viene desarrollando.
La decisión no llega en cualquier momento. La moción de censura impulsada por MC Cartagena, PSOE, Sí Cartagena y respaldada por los concejales no adscritos Beatriz Sánchez del Álamo y Diego Salinas se sostenía, en buena medida, sobre el argumento de la ruptura política y personal con sus antiguos compañeros de Vox, a quienes acusaban de seguir formando parte de un gobierno que consideraban agotado y sin rumbo.Ahora, con Vox fuera oficialmente del Ejecutivo local, Arroyo intenta desactivar uno de los pilares políticos y simbólicos de la operación. Y lo hace con una maniobra que, guste más o menos, tiene bastante de supervivencia política en estado puro.
La alcaldesa ha lanzado además un mensaje claramente dirigido tanto a sus votantes como a los firmantes de la moción. A través de redes sociales aseguró que “Cartagena no puede aceptar que el sanchismo entre en el Ayuntamiento” y añadió que “hoy más que nunca es necesario impedir que el gobierno de Cartagena se use para defender la política sectaria de un partido corrupto”.
Noelia Arroyo remató el mensaje elevando el tono dramático habitual de los últimos días: “No voy a permitir que Cartagena sea tomada por la parálisis, el desgobierno y la corrupción. Es mi responsabilidad”.
Detrás del discurso hay una realidad política bastante más simple: el PP acaba de asumir que ya no tiene socios de gobierno y que su única opción pasa por intentar gobernar en solitario si consigue que la moción fracase o salte por los aires antes del pleno.
La jugada deja ahora en una situación incómoda a Salinas y Del Álamo. Ambos habían convertido la permanencia de Vox dentro del Gobierno local en uno de los argumentos fundamentales para justificar su apoyo a la moción junto a partidos ideológicamente alejados de ellos. Con Pretel y Lorente fuera del Ejecutivo, parte de ese relato pierde fuerza y obliga a rehacer el discurso a contrarreloj.
Eso no significa necesariamente que la moción esté muerta. En Cartagena nadie se atreve ya a dar nada por seguro. Pero sí abre un escenario nuevo, mucho más imprevisible y bastante más complejo de explicar políticamente para algunos de sus protagonistas.
Porque la operación ya no puede venderse únicamente como una ruptura con Vox. A partir de ahora tendrá que defenderse como un proyecto real de gobierno alternativo. Y ahí empiezan los problemas de verdad.