Cartagena ha abierto una de las reflexiones urbanísticas más importantes de las últimas décadas. La revisión del Plan Especial de Ordenación y Protección del Conjunto Histórico (PEOPCH), actualmente en fase de exposición pública, no se limita a actualizar una normativa urbanística aprobada en 2005. El documento plantea una revisión profunda del modelo que ha guiado la transformación del centro histórico durante los últimos veinte años y trata de responder a una pregunta esencial: cómo conservar el patrimonio sin convertir el casco antiguo en un espacio estático y cómo revitalizarlo sin poner en riesgo los valores que lo hacen único.
El diagnóstico y las propuestas recogidas en este reportaje proceden de la Memoria y Precatálogo del Avance de la revisión del PEOPCH, el documento técnico que sirve de base para el debate público abierto por el Ayuntamiento.
Una ciudad que ha cambiado más de lo que preveía el plan de 2005
Cuando se aprobó el actual Plan Especial, Cartagena todavía no había experimentado gran parte de la transformación que hoy define su imagen. El Teatro Romano apenas comenzaba a emerger, la Universidad Politécnica consolidaba su implantación en el centro y la ciudad iniciaba una apuesta decidida por el turismo cultural.
Dos décadas después, la situación es muy distinta. El patrimonio arqueológico se ha convertido en uno de los principales motores de atracción de visitantes, la fachada marítima ha ganado protagonismo y numerosos espacios históricos han sido recuperados.
Sin embargo, el documento considera que muchos de los problemas que justificaron el plan de 2005 siguen presentes. Algunos incluso se han agravado.
Precisamente, la revisión parte de la idea de que buena parte de los objetivos planteados hace veinte años se han cumplido en materia patrimonial, pero no tanto en términos demográficos y urbanos.

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- Foto: Ayuntamiento de Cartagena
El gran problema: el centro pierde habitantes
La conclusión más preocupante de la memoria no tiene que ver con el patrimonio ni con el urbanismo, sino con la demografía.
Entre 2005 y 2020 el casco histórico perdió 2.345 habitantes, un descenso del 16,6%, respecto a la población existente cuando se aprobó el actual PEOPCH. La caída se ha acelerado especialmente durante la última década.
Para los redactores del documento, esta tendencia constituye uno de los principales desafíos del centro urbano. El informe reconoce que la recuperación física de numerosos espacios no ha ido acompañada de una recuperación equivalente del tejido residencial.
La consecuencia es un centro histórico con una notable capacidad de atracción turística y cultural, pero con dificultades para mantener y aumentar su población estable.
La memoria identifica otro de los grandes síntomas de esta situación: la existencia de 182 solares vacíos dentro del casco antiguo. Muchos de ellos son el resultado de expropiaciones, derribos o actuaciones urbanísticas iniciadas hace décadas que nunca llegaron a completarse. El documento considera que estos espacios constituyen una de las principales barreras para la continuidad urbana y la recuperación demográfica.
Por ello, buena parte de las propuestas de la revisión giran en torno a la creación de nuevos tejidos residenciales capaces de ocupar esos vacíos y devolver densidad al centro histórico.

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- Foto: Ayuntamiento de Cartagena
Montesacro y Molinete, dos operaciones que siguen sin resolverse
La revisión dedica especial atención a las grandes áreas de intervención heredadas del planeamiento anterior. Montesacro aparece como uno de los ámbitos más problemáticos. Los redactores consideran necesario replantear aspectos importantes de la ordenación vigente para adaptarla a la realidad actual y desbloquear una actuación que continúa pendiente después de décadas de planificación.
También el Molinete vuelve a situarse en el centro del debate urbanístico. El documento propone revisar parte de la ordenación prevista para compatibilizar mejor el desarrollo urbano con la protección y puesta en valor de los restos arqueológicos descubiertos durante estos años.
Ambos casos reflejan una idea que atraviesa toda la memoria: muchas de las grandes operaciones diseñadas hace veinte años necesitan adaptarse a una realidad que ya no es la misma.
Las cinco colinas dejan de ser un problema para convertirse en una oportunidad
Uno de los cambios de enfoque más llamativos es el papel que adquieren las cinco colinas históricas de Cartagena. Mientras que durante décadas fueron vistas principalmente como espacios pendientes de urbanizar o recuperar, la nueva revisión las concibe como una auténtica infraestructura verde y cultural para la ciudad.
La Concepción, el Molinete, Montesacro, Despeñaperros y San José aparecen en la memoria como elementos capaces de articular recorridos urbanos, espacios de ocio, itinerarios patrimoniales y conexiones entre distintos barrios.
La propuesta supone reforzar una de las singularidades más características del paisaje urbano cartagenero.

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Una ciudad partida en dos
El documento también identifica un desequilibrio territorial dentro del propio casco histórico.
Por un lado, las áreas vinculadas al puerto y a los principales recursos turísticos concentran buena parte de la actividad económica y de las inversiones realizadas durante los últimos años.
Por otro, algunas zonas interiores mantienen problemas de degradación urbana y pérdida de actividad. La memoria señala expresamente la falta de integración entre ambas realidades y menciona el deterioro acumulado en los entornos próximos a las estaciones de tren y autobús.
Reducir esa fractura aparece como uno de los objetivos de la futura ordenación.

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- Foto: Ayuntamiento de Cartagena
El patrimonio ya no es el único protagonista
La lectura del documento permite detectar otro cambio significativo.
Si el PEOPCH de 2005 estaba fuertemente centrado en la protección patrimonial, la revisión incorpora cuestiones como la vivienda, la integración social, la actividad económica, la movilidad, la sostenibilidad y la calidad urbana como elementos inseparables de la conservación histórica.
Incluso los llamados edificios discordantes, construidos principalmente durante las décadas de 1960 y 1970, son analizados desde una óptica diferente. Aunque se reconoce su impacto visual sobre el paisaje histórico, el documento apuesta por estudiar fórmulas de rehabilitación e integración antes que plantear su sustitución.
Más allá de los aspectos técnicos, la revisión del Plan Especial plantea un debate mucho más amplio sobre el modelo de ciudad.
El documento reconoce que Cartagena dispone hoy de un patrimonio arqueológico, histórico y cultural incomparable, pero advierte de que la protección por sí sola no garantiza la vitalidad urbana. También hacen falta vecinos, actividad económica, espacios públicos de calidad y barrios capaces de atraer nueva población. En el fondo, las casi doscientas páginas de la memoria giran alrededor de una misma cuestión: cómo lograr que el casco histórico siga siendo un lugar para vivir y no únicamente un lugar para visitar. Esa es la reflexión que Cartagena acaba de poner sobre la mesa y que marcará buena parte de las decisiones urbanísticas de la próxima década.

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- Foto: Ayuntamiento de Cartagena
Un debate que viene de lejos
La discusión sobre el futuro del casco histórico de Cartagena no comenzó con la revisión del actual Plan Especial. En realidad, la ciudad lleva décadas intentando encontrar el equilibrio entre la conservación de uno de los conjuntos patrimoniales más importantes del Mediterráneo y las necesidades de una ciudad moderna.
El casco antiguo fue declarado Conjunto Histórico-Artístico en 1981, una protección que reconocía tanto la riqueza de sus restos arqueológicos como la singular combinación de arquitectura modernista, edificios burgueses de finales del siglo XIX y un trazado urbano heredero de más de dos mil años de historia.
Pero incluso antes de esa declaración ya existían proyectos para transformar profundamente algunos sectores del centro. El Plan General de 1961 contemplaba ampliaciones de calles, operaciones de reforma interior y actuaciones sobre barrios históricos como el Molinete, donde comenzaron expropiaciones y derribos durante los años sesenta.
La aprobación del Plan General de 1987 marcó un nuevo punto de inflexión. Por primera vez se incorporaron medidas específicas de protección patrimonial y se diseñaron grandes operaciones urbanísticas en ámbitos como la Concepción, el Molinete, Antigones o Montesacro, muchos de los cuales siguen hoy pendientes de culminación.
El gran salto llegó con el Plan Especial aprobado definitivamente en 2005. Aquel documento coincidió con una etapa de recuperación urbana sin precedentes, marcada por la consolidación de la Universidad Politécnica, la puesta en valor del patrimonio arqueológico y el nacimiento de Cartagena como destino turístico cultural.
Dos décadas después, la ciudad vuelve a hacerse las mismas preguntas, aunque en un contexto muy diferente: cómo proteger su patrimonio histórico, cómo recuperar población y cómo evitar que el casco antiguo se convierta en un escenario monumental desvinculado de la vida cotidiana.