Cartagena

Cartaginense: la palabra que Cartagena no quiere perder

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Hay batallas que no se libran en la calle ni en los tribunales, sino en algo mucho más silencioso: las palabras. Y en Cartagena, una de ellas lleva más de un siglo abierta. Se llama cartaginense.

La concejal no adscrita del Ayuntamiento de Cartagena, María Dolores Ruiz, ha decidido poner negro sobre blanco lo que muchos consideran una anomalía histórica: por qué la Real Academia Española (RAE) dejó de reconocer “cartaginense” como gentilicio de Cartagena. Y, sobre todo, por qué nadie ha explicado nunca ese cambio.

La moción que será presentada al Pleno municipal este próximo jueves pide algo tan básico como incómodo: que la RAE explique qué ocurrió en 1904.

Hasta ese momento, los diccionarios académicos recogían sin problema términos como cartaginense o cartaginés vinculados a Cartagena. Pero algo cambió. Y desde entonces, el oficial pasó a ser cartagenero.

Lo llamativo no es el cambio en sí -las lenguas evolucionan-, sino el silencio que lo rodea. No hay criterio público, ni justificación histórica o lingüística documentada. Simplemente, desapareció.

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De los diccionarios a la memoria

El trabajo que acompaña la moción, elaborado por el investigador Aureliano Rodríguez Soler, tira de archivo. Y lo que encuentra no es menor:

Durante más de un siglo, desde 1780 hasta principios del XX, los diccionarios de la RAE recogían esa familia léxica ligada a Cartagena. No era una rareza. Era lo normal.

Pero la historia no se queda en los libros. También aparece en la prensa antigua, en documentos municipales, en textos históricos. Incluso en símbolos: el propio escudo de la diócesis recoge la expresión latina vinculada a Cartaginensis.

Un gentilicio es una etiqueta colectiva. Una forma de reconocerse y de proyectarse. Y cuando una palabra desaparece del uso oficial, lo que se pierde no es solo una forma, sino una parte del relato.

El propio documento lo resume con una frase que pesa más de lo que parece: “Un gentilicio no es un mero elemento gramatical: es memoria, identidad y patrimonio inmaterial”.

Nadie discute que cartagenero esté plenamente asentado. Vive en la calle, en el habla cotidiana. Pero el debate no va de sustituir, sino de recuperar.

La propuesta es sencilla: que cartaginense vuelva a tener un reconocimiento como forma histórica, culta o tradicional. Que no desaparezca del todo.

Porque, como apunta el informe, el propio uso académico ha sido irregular con el tiempo, con idas y venidas entre términos. Eso sugiere que no hay una imposición lingüística absoluta, sino decisiones revisables.

La moción pide al Gobierno que solicite formalmente a la RAE una explicación en un plazo de seis meses. También plantea implicar a universidades y organismos históricos.

Cartagena ha vivido muchas transformaciones: puerto, arsenal, industria, turismo. Pero hay cosas que resisten el paso del tiempo. Las palabras, cuando arraigan, son una de ellas.

 

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