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SILLÓN OREJERO

Bastien Vivès, novelas gráficas de amor entre acusaciones de blanqueo de la pederastia

MURCIA. En noviembre, Netflix va a estrenar Voleuses, una película basada en el cómic La gran odalisca de Jérôme Mulot, Florent Ruppert y Bastien Vivès. Siempre es buena noticia que un cómic y su autor trasciendan las viñetas, sobre todo si es en forma de derechos audiovisuales, pero Vivès, uno de los más reconocidos dibujantes franceses de los últimos años, ha trascendido por algo más. 

El año pasado el festival de Angulema anunció que suspendía una exposición dedicada a la obra de este autor. Habían “ardido las redes” y volado las amenazas, se habían recogido firmas y se le acusaba de “glorificar la pedofilia, la pederastia, el incesto y la violación”. Aunque el festival adujo en su comunicado que el motivo de la cancelación del evento era que se habían proferido “amenazas físicas” contra el autor y que no podían llevar a  cabo su programación si eso le ponía en peligro. 


La polémica había empezado en 2018, cuando la obra Petit Paul, sobre un niño de diez años que mantenía diferentes relaciones sexuales con mujeres adultas que se veían atraídas por su pene descomunal. Cuando se le iba a rendir homenaje en Angulema, sus detractores recordaron esta obra, que formaba un díptico con Los melones de la ira, sí comercializada en España, donde la protagonista era la hermana del pequeño y tenía unos pechos gigantescos lo que la introducía en enredos de toda clase siempre motivados por el deseo de acostarse con ella de todos los varones de su región. La tercera obra citada como problemática era La descarga mental, una disparatada comedia sobre un hombre que acude a casa de un amigo donde el sexo hospitalario forma parte de las costumbres de su mujer y de sus hijas. 

Leídas las tres obras, considerándolas obviamente para adultos, ninguna de ella me parece merecedora de censura o de abrirle un proceso al autor. Son comedias procaces, pero disparatadas. La temática sexual satiriza las narrativas del porno convencional y los chistes son extremos, sobre todo los que tienen a menores por medio, pero son tan grotescos que entran de forma bastante evidente dentro del terreno del humor, no del erotismo pedófilo. 

La otra parte de las acusaciones ya no son ficción. Se trata de declaraciones que ha hecho Bastien Vivès en diferentes momentos. Según el Huffington Post francés, en una entrevista de 2017 en Madmoizelle (ya borrada) dijo “el incesto me excita a muerte”. En otra ocasión, insultó a una dibujante feminista, Emma, en Facebook diciendo que su trabajo “tenía un mensaje de nivel dos años de edad mental” y que “no sabe dibujar”. Hasta ahí ningún problema, pero luego siguió “me gustaría que uno de sus hijos fuese apuñalado”. A esto hay que sumar unos textos escritos en un foro cuando tenía 20 años donde reconocía inclinaciones sexuales execrables: “A veces me atraen las niñas de 10 o 12 años… y me digo: mierda, soy un pedófilo. Por supuesto, no hago nada”. 

Emma, cuando pidió que se retirara su exposición, reiteró que sus cómics eran ilegales. Un detalle sobre el que se pronunció también Jul Maroh, autor de El azul es un color cálido, magistralmente llevada al cine por Abdellatif Kechiche, que recordó que “la difusión de pornografía infantil por cualquier medio se castiga con cinco años de prisión y 75.000 euros de multa”. Loïc Sécheresse, por su parte, escribió “si tus fantasías son los traumas de cientos de miles de víctimas y quieres hablar de ellas, ve a un psiquiatra en lugar de a una editorial”. 

Personalmente, me extrañó que se produjera un alud de acusaciones contra Vivès en un país como Francia. Sus obras son provocadoras, pero al explorar los límites del humor no es como si estuviera cruzando líneas en otro campo, como el del erotismo. Existe un debate sobre la libertad de expresión y la pornografía. Si la pornografía sirve para excitar al que la consume, cuando tiene un contenido pederasta ¿a lo que está incitando no es a un delito? Sin embargo, esa no es la discusión aquí, no veo cómo iba alguien a excitarse con unas obras tan disparatadas. 

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