Sostenibilidad

La esperanza de recuperar al esquilmado bogavante europeo con "refugios" artificiales

  • Un ejemplar de bogavante europeo, especie esquilmada por la sobrepesca y el cambio climático, se cobija en un arrecife.
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ALICANTE. (EFE).- En declive por la sobrepesca y el cambio climático, indicador del estado de las aguas y suculento manjar, el bogavante europeo es la "estrella" de un método piloto que se aplica en la ría de Vigo para lograr la recuperación de este crustáceo y de otras especies marinas con la instalación de arrecifes artificiales en un área afectada por la actividad humana y cuyos primeros resultados son esperanzadores para su conservación y reproducción.

El catedrático de Ciencias del Mar y Biología Aplicada de la Universidad de Alicante (UA), Pablo Sánchez Jerez, lidera este trabajo, que se lleva a cabo desde hace dos años con la participación de la investigadora predoctoral del Instituto Multidisciplinar del Medio 'Ramón Margalef' Laura Leyva y dos colegas de la Universidad de Vigo, el catedrático Jesús Troncoso y la investigadora predoctoral Paula Dabán.

La técnica puesta en marcha en esa zona de Galicia forma parte del proyecto Climarest financiado por Horizon Europe en el que se exploran cinco acciones de demostración para la restauración de ecosistemas marinos en otros tantos enclaves atlánticos del viejo continente, cada uno de ellos con sus particulares problemas o retos medioambientales.

Esta iniciativa, en la que colabora casi una veintena de instituciones, se desarrolla desde el archipiélago Svalbard, situado en el mar Glacial Ártico, al norte de Noruega, hasta el de Madeira (Portugal), en el noroeste de África, pasando por Irlanda, Francia y España (ría de Vigo).

"Hay una degradación ambiental patente en los ecosistemas costeros, cuya situación es preocupante, y hay una necesidad de restaurarlos para que sean resilientes, es decir, capaces de que sean más elásticos ante los cambios ambientales, de volver a sus condiciones naturales y de mantenerse más estables frente a perturbaciones", ha explicado el profesor Sánchez Jerez en una entrevista con EFE junto con la investigadora Laura Leyva.

Acuicultura reconstructiva

En concreto, la labor desplegada por los investigadores de ambas universidades españolas se centra en una zona de la ría de Vigo donde hay plataformas para el cultivo del mejillón o bateas, una actividad de la acuicultura que, a pesar de los beneficios que brinda a la economía local, provoca el deterioro de los fondos marinos, la disminución de la biodiversidad y la generación de nuevos hábitats.

"Estamos experimentando en entornos de las bateas de mejillón la introducción de arrecifes artificiales" con la pretensión de que estas estructuras mejoren las condiciones para especies marinas de interés comercial, que les sirvan como refugios, permitiéndoles reproducirse y crecer en un enclave seguro, ha indicado Sánchez Jerez, quien ha definido el proyecto de "acuicultura restaurativa".

Doce de estos arrecifes se han instalado hasta la fecha debajo de bateas en un espacio delimitado de la ría de Vigo, donde los científicos han comprobado en una fase posterior la proliferación de ejemplares de pulpo, nécora, centolla y bogavante, entre otras especies, lo que constataría que han encontrado un hábitat óptimo y pueden alimentarse de la acuicultura.

"Todo esto es complejo y necesita más investigación para estar seguros, pero pensamos que los servicios del ecosistema se están mejorando a través de esta modificación" derivada de la instalación de arrecifes artificiales, ha destacado el catedrático de la UA, quien ha incidido en que se busca poder compatibilizar la biodiversidad con la acuicultura, dado que las bateas dan empleo y son un sector productivo fundamental.

Telemetría acústica

Sánchez Jerez ha revelado que, en concreto, tienen "puesto el foco" en el bogavante europeo (Homarus gammarus) al considerar que es "una especie emblemática" por su valor gastronómico y comercial, que, "por desgracia, se ha perdido del medio natural a causa de la sobrepesca y los cambios ambientales".

A su vez, Leyva, que desarrolla una tesis doctoral sobre el bogavante europeo a partir del trabajo que llevan a cabo en la ría de Vigo, ha especificado que han introducido 48 ejemplares de esta especie -unos criados en la acuicultura y otros capturados en el mar- en el área de estudio, cuya extensión es de unos dos kilómetros cuadrados y medio, para conocer su comportamiento.

Para ello, han marcado previamente a estos individuos utilizando la denominada telemetría acústica. Se trata de unos pequeños transmisores ajustados a sus patas con una brida que emiten una señal que se recibe a distancia, lo que les permite saber si utilizan esa zona, colonizan los arrecifes artificiales que han instalado allí o se van del lugar. Esta tarea entronca con la ciencia ciudadana porque los científicos han pedido la colaboración de los buceadores para que les informen sobre la distribución de los ejemplares.

"Como conclusiones preliminares, podemos ver que los bogavantes que hemos soltados se quedan" en ese nuevo hábitat o ambiente, donde obtienen con facilidad alimentos provenientes de las bateas y protección, y podrían sobrevivir en él, ha afirmado Leyva, quien ha reseñado que, ligado a lo anterior, también están experimentando con ejemplares jóvenes para determinar si les gustan o no las conchas de mejillón.

Tanto Sánchez Jerez como Leyva han anunciado que los conocimientos adquiridos lo trasladarán a Split, en la costa de Croacia, para la reproducción del pulpo y han considerado que el proyecto de la ría de Vigo, si funciona, podría contribuir en un futuro a la creación de una zona de recuperación para bogavantes pero vinculada a zonas de producción de mejillón

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