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¿Por qué hubo una oleada de porno sadomasoquista en Israel durante el juicio a Eichmann?

MURCIA. La pornografía del Holocausto llegó a los kioscos de Tel Aviv unos meses después del inicio del juicio contra Eichmann, en abril de 1961, cuya sentencia se hizo pública en diciembre de ese año. En ese momento es cierto que la literatura pulp se encontraba en su época de mayor auge. La televisión no llegó a Israel hasta 1966. Casi automáticamente, dentro de la literatura erótica surgió un subgénero dedicado al porno sado en el contexto del Holocausto. Su nombre era la contracción del término Stammlager, campo de concentración, que usaban los propios alemanes, Stalag. 

El primer lanzamiento, sobre la historia de un piloto británico que acababa en uno de estos campos dominado por mujeres SS que les torturaban sádicamente, marcó las características del género. Se agotó en menos de una semana. Las cifras de ventas, 25.000 copias, fueron mucho incluso para los estándares actuales. En la contraportada decía: "Una historia real y brutalmente sincera sobre la vida de los hombres prisioneros de sádicas mujeres cuya esencia era la lujuria a través de la sangre de otros, que obtenían un placer sádico con su dolor y por explorar la virilidad de los prisioneros en su poder". Muchas editoriales copiaron el modelo e iniciaron una producción derivativa de la idea original, aunque con un rasgo común, casi nunca los protagonistas eran judíos. La idea central era anglosajones en manos de dominatrix nazis. 

Las portadas y las historias son bien conocidas en Internet. Un documental de Ari Libsker en 2007, mismo año de este estudio, Stalags: Holocaust and Pornography in Israel, ha circulado por la red con subtítulos en alemán e inglés. La cuestión es el porqué. ¿Cómo pudo tener tanto éxito? En el documental, un ex policía, que en ese momento ejercía de abogado, explicaba que tenía una compañera sexual a la que le gustaba practicarle sexo anal y forzarla un poco porque, mientras lo hacía, pensaba en su abuelo, miembro de las SS, y le decía "mataste judíos, pero mira lo que hace este judío con tu nieta", graciosamente le decía al documentalista: "no soy un pervertido, solo un israelí disfrutando de la vida".

En una encuesta realizada en 1963 en la Universidad Hebrea, un sociólogo encontró que entre sus alumnos de 18 años estas publicaciones eran sus favoritas. También hubo un programa de radio de máxima audiencia que tildó el fenómeno de "epidemia" y citó el caso de un padre consternado al descubrirle ejemplares a su hija y que esta le contestara como excusa que todo el mundo las leía. A raíz de la emisión, la prensa se escandalizó y se refirió a ella como "literatura pervertida", pero el hecho es que se vendía en los kioscos cercanos a las escuelas. Era un fenómeno adolescente. Se llegó a pedir la quema de ejemplares. Por supuesto, el aumento de la delincuencia que se vivió en el país en los 60, como pasó en el resto del mundo, aquí se relacionó con esta pornografía. 

Solo se actuó contra un número, Yo era del Capitán Schulz, que  se basaba en la historia real de una niña francesa violada por un oficial nazi. La policía retiró las copias de la distribución y se sancionó al editor. El problema, según explicaron los académicos, fue que este juicio no hizo más que aumentar la curiosidad de los chavales sobre este tipo de pornografía. 

El fenómeno israelí no era aislado. En Estados Unidos, unos pocos años antes, de forma casi contemporánea, ya se habían popularizado las "revistas de tortura" como True Men o Man´s Action. La hipótesis era que esta expresión respondía a ansiedades masculinas del momento relacionadas con la liberación sexual y el miedo a las mujeres autónomas. Lo curioso fue el intercambio de papeles y de imágenes. Las revistas israelíes eran solo de texto, pero cogían las portadas e ilustraciones americanas, que estaban más enfocadas al cómic. Sin embargo, en Estados Unidos el torturador nazi solía ser un hombre y en Israel, mujeres.

Este estallido durante el juicio a Eichmann se debió a que hasta ese momento en Israel se había guardado silencio sobre el Holocausto. Era un tema del que no se hablaba, aunque la mayoría de los israelíes mayores habían sido supervivientes del genocidio, y sobre el que los menores no se atrevían a preguntar. En la escuela, ese tema se trataba de forma muy rudimentaria y se enfatizaban pequeñas historias de sacrificio personal y heroísmo, no el episodio en perspectiva. Sin embargo, el proceso a Eichmann se vio como una oportunidad de educar a las nuevas generaciones. Según declaró el fiscal Gideon Hausner: "Era un imperativo para la estabilidad de nuestra juventud que se conociera toda la verdad sobre lo que había sucedido". Por este motivo, el juicio tuvo una audiencia y un público in situ sin precedentes. 

Sin embargo, la atención y el contacto con el conocimiento de los detalles del Holocausto también supuso el éxito de esta literatura porno-sado-nazi. Era algo que pertenecía secretamente a los jóvenes, circulaba entre ellos, de mano en mano, los adultos lo aborrecían y abominaban, y a la vez violaba un doble tabú, el sexual y el histórico. Entre las teorizaciones que se han hecho sobre el fenómeno una de ellas dice que el Holocausto fue un delirio inexplicable y ese juicio, al entrar en los detalles, lo puso de manifiesto de nuevo. Rescató tanto el trauma como su falta de lógica. Así, se creó una fascinación por lo inexplicable. 

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