DESDE MI ATALAYA  / OPINIÓN

La vida no sigue igual

3/07/2020 - 

Es 1º de julio, cuando me dispongo a escribir este, mi último, artículo de la actual temporada, antes de entrar en el letargo que supone aguantar los cuarenta grados a la sombra que, se presupone, van a campar por ‘aquestas’ orillas de nuestro Mar Menor; aunque –reconozco- tenemos la ventaja de disfrutar de las suaves brisas que –de vez en cuando- nos alivian. Eso sí, mientras que a nuestros dirigentes no les dé por intervenirlas (ahora dicen regularlas), que es lo que les suele pasar a los que se les ocurre meterse en política y llegan a un cargo oficial.

Llegado este punto, si con un enunciado tuviera que resumir los azarosos meses que hemos pasado, desde la última canícula de 2019, parafrasearía a Julio Iglesias, con una frase como: “La vida NO sigue igual”. Un pensamiento que, según mi criterio, define lo que está ocurriendo en nuestra sociedad y lo que va a suceder en muchas de nuestras actitudes y comportamientos que, aunque no nos demos cuenta, van a ir cambiando exponencialmente en relación con nuestros hábitos vivenciales, conductas y procedimientos.

Todos coincidimos que no va a ser igual la tan esperada temporada veraniega que a tantas familias produce el beneficio de la subsistencia, al depender, casi exclusivamente, de los ingresos que les produzca un pequeño comercio, un chiringuito o cualquier otra actividad comercial y/o profesional que dependa de los tan denostados flujos turísticos.

Como tampoco es igual el comportamiento de los ciudadanos, en general, a la hora de programar sus vacaciones y las múltiples contradicciones con las que nos encontramos a la hora de decidir un destino “seguro”. Y si a esto (en nuestro caso) le añadimos el agravante de encontrarnos a orillas del Mar Menor, pues ¡apaga y vámonos! Yo no digo que haya que salir en procesión alabando las excelencias de nuestras aguas, pero tampoco es muy constructivo estar constantemente denigrando y llenando de inmundicia retórica un espacio natural que tenemos que preservar; sobre todo si le estamos diciendo al enfermo ‘que se va a morir’.

Y, ¿qué decir de la situación económica? Las perspectivas con las que el actual gobierno de coalición inició la andadura para la negociación de sus primeros presupuestos han quedado arrinconadas y ya nada será igual. Todos los proyectos y presupuestos en los que se apoyaba el pacto de investidura entre el PSOE y Podemos han quedado dinamitados, y ahora el gobierno precisa encontrar apoyos, en el ala más moderada de la oposición, para que apuntale unos presupuestos que –como diría aquél- no los va a reconocer ni la madre que los parió.

Y, a todo esto, cuando el viento sopla entra por todas las ventanas, y el PP, que tampoco es ajeno a esta nueva “normalidad”, se ha dado cuenta que con la política de crispación y de acoso a Pedro Sánchez no va a conseguir nada, y que la coalición está fuerte (aunque Iglesias no lo esté tanto). Sánchez se encuentra cómodo con el gobierno que tiene y, sobre todo, está sacándole punta a un endiablado sudoku, utilizando la ya manida aritmética variable, sobre la que pivota la mayoría de los acuerdos que está llevando a cabo en el hemiciclo y donde es un verdadero estratega en el arte de darle a cada uno lo que le gusta, aunque luego no cumpla, (ej. pacto con Bildu).

Otra variable sobre la “moderación” en el PP, quizá la podríamos achacar a la deriva centrista de Ciudadanos. Una postura que ha sido profundamente analizada en la sede de Génova. Pero, sobre todo, la postura de la gran patronal, con Garamendi a la cabeza, quien ha dejado claramente de manifiesto que los empresarios no se “casan” con nadie y que son capaces de hacer propuestas a un gobierno con el que no comparten programa, pero al que respetan, y obligan a reflexionar y a cambiar de rumbo.

Para el PP, por tanto, no va a ser igual, ni para Pablo Casado en particular, sobre todo si se da un batacazo en las elecciones en el País Vasco y, como parece, Núñez Feijóo gana holgadamente en las gallegas.  Quizá por eso es por lo que Ana Pastor anda en conversaciones con Pachi López tratando de llegar a algún acuerdo, dentro de la Comisión para la Reconstrucción, que le permita blanquear un poco la negrura con la que este partido está afrontando la post-pandemia, a pesar de que el gobierno (con su desgobierno) se lo está poniendo a huevo.

Tampoco les va a ir igual a los podemitas, quienes han pasado de liderar la actividad gubernamental, imponiendo sus programas y estrategias, a verse en la necesidad de justificar la no implementación de su programa electoral y quedar bajo las órdenes del todopoderoso Sánchez. Quien ya ha advertido a Iglesias que, si levanta la cabeza, le corta la coleta con las tijeras que este usó para deshacerse de la tarjeta telefónica de su colaboradora, por cierto, que le trae de cabeza.

Como tampoco es lo mismo lo que ocurra, a partir de ahora, con Ciudadanos. Una formación política, con la que he discrepado y a la que he criticado, pero, por la que siento cierta simpatía y a la que le deseo encuentre su camino, o como ahora se dice: ‘su identidad’. Siempre he defendido que en España hacía falta un partido “bisagra”. Y esta formación nació con ese sello programático que ahora tiene que recuperar y dotarlo con una identidad propia, sin tener que recurrir a emular los programas de otros, porque para eso ya tenemos los originales, y –en algunos casos- no nos valen.

Por todo esto es por lo que pienso que, a partir de ahora…, la vida no va a ser igual. De todas formas, pásenlo bien, si pueden…

Jesús Galindo es técnico en gestión turística

Jesusn.galindo@hotmail.com