mola ser profe / OPINIÓN

La honorabilidad

12/06/2020 - 

En los últimos días nuestros estudiantes están viviendo un hecho insólito: nunca antes habían tenido que hacer exámenes en sus casas y a través del ordenador, en ocasiones vigilados por sus profesores por webcam.

Entonces surge la duda de si el alumnado será capaz de hacer los exámenes sin la tentadora idea de copiarse. O, como alguno habrá visto, de pagar a otros profesores particulares para que les hagan el examen. Ya se ha visto a alumnos que practicaban deporte mientras tenían la clase a la que debían asistir de fondo (muy sonada ha sido la noticia de la estudiante que practicaba sexo mientras estaba en una clase virtual con el micrófono encendido).

Un amigo que es profesor de universidad, me comentaba el otro día la falta de honorabilidad de estos estudiantes. No le quito la razón, pero quizá deberíamos reflexionar un poco sobre estos asuntos.

En los últimos años hemos asistido a la defenestración de la cultura del esfuerzo por todos lados. Se ha desprestigiado a los profesores que mandaban “deberes” para casa, sin intentar evaluar las razones o las tendencias que obligaban a hacerlo. Y no hablemos de la memoria. Está mal pedirles a los alumnos que memoricen. Eso no se hace, caca. Pero, por favor, que no me opere un médico consultando a google, que lo haga de memoria. Vale, lo he llevado al extremo, pero reconózcanme que ustedes se lo merecían.

Recuerdo hace unos años en una comida en la que, un conocido, padre de una criatura de unos diez años, me decía que él no estaba para quedarse en casa aburrido porque su hijo tuviera que estudiar para un examen. Evidentemente, entiendo que esta situación propiciara en él un sentimiento de encarcelamiento que lo hiciera recordar su etapa estudiantil. No voy a entrar en demasiados detalles sobre la conversación, pero ese día pensé, y sigo pensando, que muchas de estas afirmaciones estaban hechas más a sus profesores que a los profesores de su hijo. Flaco favor al niño que veía en su padre un modelo a seguir.

Y aunque la cultura del (sin) esfuerzo daría para un artículo más largo, me gustaría añadir otro punto importante a este respecto. Si usted enciende la televisión o ve alguna red social, verá que hoy en día es muy importante la ciencia y se aplaude mucho los esfuerzos que han estado haciendo muchos profesionales estos meses. No se deje engañar. Antes de la pandemia todos colgamos fotos de comida para que la gente supiera lo bien que lo estábamos pasando ya que, si no está en Facebook, no ha ocurrido. Ahora teníamos que contar que estábamos en casa en pijama, con un horario horrible de directos en Instagram. Ah, y compartir cosas de ciencia. O de divulgadores que dicen hacer ciencia, cosa que profundizaré otro día. Es lo que toca. Es la cultura de la mentira.

Ahora junte ambos ingredientes: no esforzarse y la mentira, y dígame que a los alumnos que se están copiando debido a esta situación les falta honorabilidad. Quizá nos falte a todos y esta situación, como todas las cosas malas, sólo está sacando a la luz lo que hace años estaba de manifiesto.

Francisco Mateo es doctor en Ingeniería y doctorando en Ciencias Sociales y de la Educación. Profesor universitario y de Formación Profesional.

@molaserprofe / www.molaserprofe.com