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La Fiesta de las Pitanzas de Librilla da el salto: declarada Bien Catalogado por su relevancia cultural

22/10/2020 - 

MURCIA. La Fiesta de Las Pitanzas de Librilla ha dado un paso importante. Y es que la Dirección General de Bienes Culturales las ha declarado Bien Catalogado por su relevancia cultural, de carácter inmaterial, según recoge este jueves el Boletín Oficial de la Región de Murcia (BORM).

El procedimiento se inició en diciembre de 2019 a petición de la Asociación de Amigos de la Historia de Librilla, y durante el proceso tanto esta entidad como el Ayuntamiento han aportado documentación con imágenes y estudios realizados por expertos. Según reflejan esos documentos, las pitanzas de Librilla son unos panecillos redondos marcados con una cruz en el centro, de unos 175 a 200 gramos, que se elaboran en la madrugada del 22 de agosto, durante la festividad de San Bartolomé Apóstol.

Su origen está vinculado, según la leyenda, a la época medieval, en la que años de penurias y epidemias azotaban a la población cuando había sequías y hambruna. La fiesta empieza por la mañana con el 'pasacalles de la recogida de la harina', en el que autoridades locales, las reinas y la comisión de fiestas recorren cada casa recogiendo entre los vecinos la harina que donan para que se elaboren las pitanzas.

En la actualidad, debido a las medidas sanitarias impuestas por la legislación, se recoge dinero pero no harina ya que ésta debe ser de procedencia certificada. Durante la madrugada los hornos de la localidad elaboran los panes, y durante la noche, miles de personas del pueblo se reúnen en la plaza del Ayuntamiento, bajo la torre del Reloj, para recibir una lluvia de miles de panes realizada desde los balcones del Consistorio. Según las informaciones facilitadas en el expediente, en la última celebración se lanzaron casi 10.000 pitanzas.

Cuenta la tradición oral que el origen de las pitanzas de Librilla estuvo en un año de sequía, allá por la Edad Media, en el que la mala cosecha dio lugar a que los vecinos decidieran repartir el trigo guardado en el Pósito Municipal para paliar el hambre, realizando la promesa a San Bartolomé. Desde 1877 se cumple con la tradición que vuelve cada año al pueblo, cumpliendo con el emblema de sus fiestas patronales.

Durante años, los panes elaborados para las pitanzas se han convertido en una especie de talismán, pues existe la creencia de que la pitanza no se corrompe y que si se mantiene en casa, a sus moradores no le faltará pan en todo el año.


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