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Incertidumbre

  • Foto: EP
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MURCIA. Inseguridad, inquietud, desasosiego, duda, indecisión, vacilación, recelo. ¿Te resultan familiares estas palabras? Sí, son sinónimos de incertidumbre. La palabra o el estado en el que vivimos desde que comenzó la pandemia.

¿Qué opinas? Tú ya sabes lo que implican todas esas palabras. Lo sé. Yo también. Y es por eso que hoy quiero reflexionar sobre el desasosiego que produce algo que vivimos a nivel global: una crisis sanitaria y económica.

Soy realista pero también optimista. Y, a veces, esos dos estados se enfrentan y generan un estado de confusión para otros.

¿Acaso puede haber algo positivo en todo esto que estamos viviendo?

La improvisación es nuestro lema. No sabemos qué va a suceder mañana. Si habrá una nueva norma que no permita hacer esta u otra cosa. Cuando quizás los niños no puedan completar el curso escolar en sus colegios.

La incertidumbre forma parte de nuestra genética, pero a veces lo olvidamos

Existe una generación de hombres y mujeres que no saben lo que significa el término estabilidad. Ni a nivel profesional como personal, porque siempre van ligados. No han podido comprar una casa, ni irse a vivir con su pareja cuando querían, incluso han renunciado a tener hijos.

La crisis económica de 2008 ni de lejos se parece a lo que estamos viviendo con la covid-19 en 2020. Una se vio venir y la otra nos pilló a todos por sorpresa.

No me contradigo pero el ser humano está preparado para adaptarse a las situaciones nuevas, incluso a ésta, e intentar sacar lo mejor. No digo que sea fácil, creo que es necesario para nuestra supervivencia y salud mental.

Si dejamos más espacio al desasosiego que a la lucha, la desmotivación gana

 Falta de empleo, sobredosis de ERTE, normas que cambian nuestra forma de relacionarnos, temor, angustia. Esos datos son reales y objetivos.

Pero por nuestra parte, como seres humanos que son capaces de salir adelante ante situaciones aún más duras, nos queda la obligación de motivarnos día a día.

Ahí entra el realismo. Quizás no podamos hacer planes a largo plazo pero sí a corto. Y eso implica que cada día tengamos que salir adelante, aunque nuestro estado de ánimo sea bajo.

La Historia nos pone ejemplos de seres humanos extraordinarios que viven situaciones extremas y salen reforzados.

La bondad, el altruismo y la empatía se potencian con las crisis

Lo hemos podido comprobar al ver juntos a jóvenes que se ofrecían voluntarios para hacer la compra a personas mayores que vivían solas. Lo sé, hay otras noticias negativas. ¿Pero de veras es justo generalizar?

En una sociedad que iba encaminada al individualismo feroz, y del que apenas éramos conscientes porque andábamos perdidos entre aplicaciones del móvil y escaso tiempo para los nuestros, esta incertidumbre ha sido sinónimo de valorar lo que tenemos.

Es probable que tú ya lo hicieras, y eso te honra. Pero, si antes de la pandemia sabías bien qué significaba la palabra empatía, es probable que ahora la practiques más.

No saber qué va a pasar mañana produce angustia y a la vez, potencia la creatividad y ese saber gestionar los problemas y las situaciones adversas con paciencia y con una idea firme y clara: “A veces, no podemos hacer más de lo que ya hacemos”, y eso es en sí valioso.

¿Y tú, cómo llevas vivir sin saber muy bien qué pasará mañana?


Ana Conesa – Consultora de Recursos Humanos y Responsabilidad Social

www.anaconesa.com

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