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De Semana Santa a semana trágica:‘vuelan’ 40 millones de euros en los 10 días más importantes del año

7/04/2020 - 

CARTAGENA. Restaurantes, tiendas de souvenirs, hoteles, museos, floristerías, modistas, apartamentos turísticos y así hasta una larga lista de actividades económicas que andan de brazos cruzados durante estos diez días, los más importantes de Cartagena a lo largo de todo el año.

Desde el Viernes de Dolores hasta el Domingo de Resurrección el movimiento es frenético en la ciudad, dada la magnitud de los acontecimientos que mueven a miles de personas en un periodo vacacional, que sirve tanto para aquéllos que disfrutan de una fiesta religiosa declarada de Interés Turístico Internacional, como para los que aprovechan esos mismos días para hacer otro tipo de actividades, como turismo cultural, gastronómico, de naturaleza, de sol y playa o reuniones con familiares y amigos.

El impacto que provoca este periodo en la economía de Cartagena se estima alrededor de los 40 millones de euros, de los que un 43% llegan como resultado del efecto directo e indirecto de las procesiones y su consecuencia, inducida, sobre el consumo. Hace dos años el alumno de la Facultad de Ciencias de la Empresa de la Universidad Politécnica de Cartagena Agustín Esparza Moldenhauer estimaba en su Trabajo Fin de Máster, en 16,5 millones de euros el impacto económico anual que ha tenido la Semana Santa de Cartagena en los últimos años. El pasado 2019, el también estudiante Ignacio Fuentes revalorizaba el mismo ascendiendo la cifra a 17,2 millones de euros.

Atendiendo a los componentes de ese impacto total, el efecto directo es el que se deriva de los gastos que denominaba 'productores' de la Semana Santa: las cofradías, agrupaciones, procesionistas y administraciones públicas. Este gasto directo supone el 12,5% del efecto total. El efecto indirecto, compuesto por el gasto de espectadores residentes y no residentes, es decir, los 'demandantes' de la Semana Santa, supuso el 62,5%. El 25% restante de esos más de 16 millones correspondió al efecto inducido. «Para poder producir estos resultados fueron necesarios, aproximadamente, 330 puestos de trabajo a lo largo del año», señalaba el alumno autor del estudio.

El número de espectadores que asisten a las procesiones a lo largo de los diez días se aproxima a las 260.000 personas, según valoraban en el estudio de la UPCT, al igual que el gasto medio por persona era 19 euros por día para los residentes en Cartagena y 106 euros cada jornada, para aquéllos que residen fuera del municipio y acudieron a presenciar las procesiones.

Pero si la Semana Santa es el auténtico motor generador de movimiento económico en la ciudad durante este periodo, no hay que olvidar que no todos los que visitan la ciudad o disfrutan de esos días de vacaciones lo hacen por el componente religioso. "Hay mucha gente que viene para pasar unos días de turismo con los amigos, la familia y aprovecha su tiempo de otra manera, como turismo cultural o el de playa", explica Antonio García-Sánchez -exgerente de la sociedad municipal Casco Antiguo y de la Oficina de Congresos- y codirector de aquel estudio, además de componente del Grupo de Investigación en Análisis Económico y Turismo de la Universidad Politécnica de Cartagena. García-Sánchez subraya el "efecto" relevante que ofrece sobre el empleo en Cartagena, sobre todo en el sector hostelero y de alojamiento.

Entre el 60% del Viernes de Dolores al 100% de reservas el Domingo de Resurrección

Destaca, por otro lado el profesor universitario que la ocupación hotelera, en alojamientos turísticos, bares y restaurantes ronda desde el Viernes de Dolores hasta el Miércoles Santo en una horquilla entre el 60% y el 80%, mientras que desde esa fecha hasta el Domingo de Resurrección la efervescencia es máxima en la ciudad, con tasas que rondan el 95% y el 100% de ocupación de este tipo de sectores.

Pero llueve sobre mojado. El año pasado se tuvieron que suspender un buen número de actos y procesiones a causa del mal tiempo y las lluvias en las fechas designadas para la Semana Santa. El drama no fue, ni mucho menos, comparable al actual, en el que la actividad es nula: los diez días de esplendor de la Semana Santa se convierten en una semana trágica para cofrades, vecinos, visitantes y todas las empresas que trabajan en este sector y en ésta época.

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