una región en marcha / OPINIÓN

Abandonar el cultivo no es la solución medioambiental

2/12/2023 - 

MURCIA. La reciente decisión de pagar a los agricultores de la Corona Norte de Doñana por el cese o cambio de actividad en lugar de reconocer sus derechos de agua, como proponía inicialmente el Gobierno andaluz, ha apaciguado los enfrentamientos que existían entre los propietarios de las tierras y la administración central.

Se ha optado por una solución coyuntural que carga en el regadío toda la responsabilidad del débil estado ecológico del humedal, dejando en el aire el futuro de centenares de trabajadores agrícolas. Una vez más se intenta mostrar al sector primario como voraz depredador de los recursos naturales obviando otros factores mucho más importantes.

Esta situación recuerda, en cierto modo y con una situación muy distinta, el relato que interesadamente se montó en el Campo de Cartagena para demonizar a la agricultura y que, tras mucho esfuerzo y trabajo, los datos científicamente contrastados se han encargado de desmontar.

"La cuestión no está en elegir entre regadío y medioambiente, sino en compatibilizar ambos"

Durante años la política agraria de la UE ha estado dirigida a planificar la producción de forma que se mantuviera un cierto equilibrio entre oferta y demanda. Se aprobaban cupos o cuotas de producción de leche, vino, cereales, etc. con objeto de evitar sobreproducciones y caídas de precios que perjudicaran la renta de los productores.

La justificación de estas medidas, que era la de mantener una renta digna para los agricultores, actualmente ha sido sustituida por razones medioambientales. El resultado ha sido una lenta e imparable despoblación del campo y una cada vez mayor dependencia alimentaria del exterior.

Los países europeos se encomendaron a la deslocalización de la producción sin asegurar, previamente, su independencia alimentaria. La pandemia de la covid-19 y la guerra de Ucrania pusieron de manifiesto la debilidad de Europa para hacer frente a la demanda de productos agrícolas y la necesidad de rectificar determinadas políticas.

En lugar de subsidiar por dejar de producir se deberían impulsar acciones de apoyo a la actividad agraria para hacerla más competitiva y sostenible. La cuestión no está en elegir entre regadío y medioambiente, sino en compatibilizar ambos usos. Una vez más, frente al conocido mantra de los alarmistas climáticos sobre la escasez de agua, hay que hacer hincapié en que hay agua suficiente pero está mal gestionada.

Una adecuada planificación dirigida a mejorar las infraestructuras hidráulicas incrementando la capacidad de almacenamiento de agua puede reducir el impacto de los periodos de sequía y asegurar el agua para el abastecimiento, los ecosistemas y la agricultura. Una gestión integral de los ríos permitiría mantener caudales estables que aseguran la biodiversidad, así como agua para almacenar energía y para su uso en agricultura. 

Para evitar la dependencia exterior y las subidas desmesuradas de precios es necesario incrementar la producción agropecuaria. Es la mejor manera de conseguir la independencia de terceros países, dignificar la labor de quienes trabajan en el campo y combatir la despoblación y el envejecimiento del mundo rural.

"la solución nunca debería ser abandonar el suelo cultivable"

Las agendas de los diferentes países occidentales deberían contemplar una serie de medidas prioritarias para mejorar las condiciones socioeconómicas del mundo rural como favorecer la agricultura inteligente, tecnificada y digitalizada que permita el uso eficiente de los recursos naturales y por tanto regenerar los espacios naturales y producir más con menos agua y agroquímicos.

Para un mundo en continuo crecimiento, más de 8.000 millones de habitantes, la solución nunca debería ser abandonar el suelo cultivable, sino incrementar la capacidad local de producir alimentos para abastecer a la población y generar empleos estables y dignos.

Existen recursos naturales suficientes para incrementar la producción agrícola y asegurar al mismo tiempo la regeneración de los espacios naturales degradados. Es cuestión de huir del alarmismo climático e impulsar nuevas políticas para conseguir transitar hacia un mundo mejor, más justo y libre.

Miguel Ángel Cámara Botía

 

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