Salud y Vida

Este verano, el mejor plan para niños y adolescentes es moverse

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MURCIA. Con la llegada de las vacaciones, las mochilas se guardan en un rincón, desaparecen los deberes y los horarios se vuelven mucho más flexibles. Para niños y adolescentes, el verano representa un tiempo de descanso, diversión y libertad. Sin embargo, también es una época en la que las pantallas suelen ganar terreno y el movimiento, sin apenas darnos cuenta, pasa a un segundo plano.

Es habitual que, durante estos meses, aumenten las horas dedicadas al móvil, la tablet, los videojuegos o las plataformas de contenido audiovisual. La tecnología forma parte de nuestra vida y ofrece múltiples posibilidades de ocio y aprendizaje, por lo que no se trata de prohibirla ni de convertirla en la enemiga del verano. El verdadero reto está en encontrar un equilibrio que permita disfrutar de ella sin renunciar a algo esencial para el desarrollo de los más jóvenes: el movimiento.

Desde la Fisioterapia se insiste en una idea muy sencilla: el cuerpo de un niño está hecho para moverse. Correr, saltar, trepar, montar en bicicleta, nadar, jugar con otros niños o simplemente caminar forman parte de un desarrollo saludable. El movimiento no solo fortalece músculos y huesos, sino que también mejora la coordinación, el equilibrio, la capacidad cardiovascular y contribuye al bienestar emocional.

Sin embargo, cuando las horas de ocio se concentran casi exclusivamente frente a una pantalla, el cuerpo también empieza a notarlo. Cada vez es más frecuente que los fisioterapeutas atiendan a niños y adolescentes muy jóvenes que presentan molestias en el cuello, la espalda o los hombros, además de rigidez muscular o una menor condición física. Aunque muchas familias atribuyen estas molestias a una "mala postura", la realidad es algo diferente.

En Fisioterapia existe una frase que resume muy bien este concepto: la mejor postura es la que menos dura. No existe una postura perfecta capaz de protegernos si permanecemos inmóviles durante demasiado tiempo. Lo realmente importante es cambiar de posición con frecuencia, levantarse, caminar unos minutos y alternar los periodos de pantalla con momentos de actividad física. Nuestro cuerpo está diseñado para el movimiento y necesita esa variabilidad para funcionar correctamente.

Además, las consecuencias del sedentarismo van mucho más allá de las molestias musculares. Permanecer muchas horas sentado puede favorecer la pérdida de fuerza, disminuir la resistencia física y hacer que actividades tan cotidianas como correr, subir escaleras o jugar en el parque resulten cada vez más costosas. En edades de crecimiento, adquirir hábitos activos es una inversión en salud que tendrá beneficios durante toda la vida.

Afortunadamente, el verano ofrece un escenario perfecto para recuperar ese tiempo de movimiento. No es necesario apuntar a los niños a un sinfín de actividades organizadas ni convertir cada día en una competición deportiva. Los fisioterapeutas recomiendan aprovechar las posibilidades que ofrecen las vacaciones: pasear al atardecer, jugar en la playa o en la piscina, organizar excursiones, montar en bicicleta, practicar deportes en familia o simplemente dejar espacio para el juego libre al aire libre.

Precisamente ese juego espontáneo, cada vez menos habitual, constituye una de las formas más completas de actividad física durante la infancia. Sin darse cuenta, los niños corren, saltan, cambian de dirección, mejoran su equilibrio y desarrollan habilidades motrices fundamentales mientras disfrutan y se relacionan con otros.

En este contexto, la Fisioterapia desempeña un papel que muchas veces pasa desapercibido. Aunque tradicionalmente se asocia a la recuperación de lesiones, los fisioterapeutas son también profesionales sanitarios especializados en la prevención y en la promoción de la salud. Su labor incluye detectar alteraciones del movimiento, valorar el desarrollo motor, orientar a las familias y recomendar ejercicio terapéutico cuando existe alguna limitación o cuando se pretende prevenir futuros problemas.

Acudir a un fisioterapeuta no debería ser únicamente una opción cuando aparece el dolor. También puede ser una herramienta útil para resolver dudas sobre el desarrollo físico de un niño, recibir pautas adaptadas a cada edad o aprender cómo incorporar más movimiento al día a día de forma segura y saludable.

Las familias tienen igualmente un papel decisivo en esta situación. Los hábitos se construyen en casa y los niños aprenden, sobre todo, mediante el ejemplo. Compartir actividades al aire libre, limitar los periodos prolongados de sedentarismo o reservar momentos para caminar, jugar o hacer deporte juntos son pequeños gestos que pueden marcar una gran diferencia.

Al fin y al cabo, los mejores recuerdos de la infancia rara vez se construyen frente a una pantalla. Se crean corriendo descalzos por la arena, descubriendo nuevos lugares, jugando hasta que anochece y disfrutando de un verano vivido en movimiento. Y en ese objetivo, la Fisioterapia recuerda que prevenir siempre será mucho mejor que tener que tratar un problema cuando ya ha aparecido.

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