Salud y Vida

Diferencias entre las máscaras LED domésticas y los tratamientos dermatológicos

La dermatóloga Eugenia Cutillas, jefa del Servicio de Dermatología y Medicina Estética del Hospital Quirónsalud Murcia, advierte de que los dispositivos domésticos solo actúan de forma superficial y no sustituyen a los tratamientos médicos realizados en consulta

  • La dermatóloga Eugenia Cutillas, jefa del Servicio de Dermatología y Medicina Estética del Hospital Quirónsalud Murcia.
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MURCIA. Las máscaras LED para el cuidado de la piel se han popularizado en los últimos años como un complemento estético de uso doméstico, prometiendo mejorar el acné, el envejecimiento cutáneo o las manchas mediante la aplicación de distintos colores de luz. Sin embargo, los especialistas insisten en que sus efectos son limitados y no comparables con los tratamientos médicos con luz o láser realizados bajo supervisión dermatológica.

“La terapia con máscaras LED consiste en exponer la piel a una luz visible o infrarroja de baja potencia para intentar inducir efectos biológicos muy superficiales”, explica la doctora Eugenia Cutillas, jefa del Servicio de Dermatología y Medicina Estética del Hospital Quirónsalud Murcia. “No se trata de un láser ni de una luz intensa, por lo que los cambios que se consiguen son sutiles, acumulativos y siempre dependientes de la constancia y de las características del dispositivo”.

Qué hace cada tipo de luz de las máscaras LED

Estas máscaras utilizan diferentes longitudes de onda, a las que se les atribuyen distintos efectos. La luz roja busca estimular los fibroblastos y la producción de colágeno, con un discreto efecto antiinflamatorio; la azul tiene un efecto bactericida frente a Cutibacterium Acnés, por lo que puede ayudar en casos de acné leve inflamatorio; mientras que la verde y la amarilla prometen mejorar manchas o rojeces, aunque con escaso respaldo científico.

“En realidad, solo la luz roja y la azul cuentan con cierta evidencia, y aun así es parcial. El resto de los colores responden más a estrategias de marketing que a resultados clínicos demostrados”, subraya la doctora Cutillas. “Además, no disponemos de estudios bien diseñados que demuestren que estos efectos teóricos se traduzcan en mejoras significativas en pacientes reales”.

Beneficios limitados y casos muy concretos

La doctora Cutillas señala que las máscaras LED de uso doméstico pueden aportar algún beneficio en situaciones muy leves y bien seleccionadas, como acné inflamatorio leve, fotoenvejecimiento inicial ,cuando las arrugas aún no son visibles, así como la inflamación cutánea leve o como apoyo en la recuperación tras procedimientos superficiales.

“Aunque pueden mejorar ligeramente la textura o la luminosidad de la piel, nunca tensan, rellenan ni corrigen problemas profundos”, aclara la especialista. “No regulan el sebo, no eliminan comedones ni resuelven patologías dermatológicas. Acompañan, pero no sustituyen”.

Diferencias con un tratamiento médico

La principal diferencia entre las máscaras LED domésticas y los tratamientos realizados en consulta está en la potencia, la profundidad y el control de los parámetros. Los dispositivos médicos trabajan con energías más altas y calibradas, lo que permite alcanzar capas más profundas de la piel y obtener resultados visibles y medibles.

“En consulta ajustamos la luz o el láser al fototipo, al tipo de piel, a la patología concreta y al momento evolutivo del paciente”, señala la doctora Cutillas. “Eso no ocurre con los dispositivos caseros, que tienen protocolos fijos y una intensidad muy limitada”.

Gracias a esta personalización, los tratamientos médicos están indicados en patologías como el acné moderado o grave, el fotoenvejecimiento con arrugas y pérdida de firmeza, las cicatrices recientes, la inflamación crónica o determinadas hiperpigmentaciones.

Seguridad y supervisión médica

Otro aspecto clave es la seguridad, la supervisión de un dermatólogo evita riesgos como la irritación, el empeoramiento del acné o la rosácea, la hiperpigmentación inducida, el daño ocular o la exposición inadecuada en pacientes que toman medicamentos fotosensibilizantes.

“Sin control médico, existe el riesgo de perder tiempo, generar frustración y retrasar el inicio de un tratamiento realmente eficaz”, advierte la doctora Cutillas. “La luz médica, aplicada de forma profesional, permite integrar el tratamiento en un plan clínico completo, con resultados más eficaces, duraderos y predecibles”.

En definitiva, las máscaras LED pueden ser un complemento cosmético para problemas muy leves y con expectativas realistas, pero no sustituyen ni igualan a los tratamientos dermatológicos realizados en consulta. “Cuando hablamos de salud de la piel, la diferencia entre estética y medicina es fundamental”, concluye la especialista.

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