MADRID (Efe). Este miércoles arranca el Ramadán para los más de 2,5 millones de musulmanes que residen en España, un período dedicado a la oración, la reflexión, la caridad y el ayuno durante las horas de sol, costumbres que transforman la rutina diaria de quienes las practican y que exigen equilibrio para compaginar este mes sagrado con la vida laboral.
Durante este período, que este año se prolongará hasta el 19 de marzo, los musulmanes se abstienen de comer y beber durante el día y evitan tomar alcohol, mentir o mantener relaciones sexuales. El ayuno en Ramadán es obligatorio aunque hay excepciones: enfermos, viajeros, niños, ancianos y mujeres embarazadas, en período de lactancia o durante la menstruación.
En entornos occidentales, compaginar las prácticas religiosas con las obligaciones profesionales requiere un ajuste en el ritmo de trabajo, pero "con flexibilidad" la mayoría de los trabajadores consiguen mantener sus responsabilidades, según señalan a Efe representantes sindicales expertos en salud laboral.
Derecho a salir una hora antes con acuerdo del empleador
El aumento de la diversidad religiosa que ha experimentado España en las últimas cuatro décadas ha generado la aparición de un nuevo escenario en el marco laboral relacionado con el ejercicio del derecho de libertad religiosa. Una nueva realidad que no está contemplada en la legislación laboral española de la manera más precisa posible.
Ni el Estatuto General de los Trabajadores ni el Real Decreto 1561/1995 de Jornadas especiales de trabajo contemplan la posibilidad de acomodar la jornada de trabajo a las necesidades religiosas de los trabajadores.
Según explica la responsable de Salud Laboral de CCOO, Mónica Pérez, los acuerdos suscritos por el Estado con la Comisión Islámica Española establecen que los musulmanes podrán solicitar la interrupción de su trabajo los viernes de cada semana (día de rezo obligatorio) desde las 13:30 hasta las 16:30 horas, así como concluir la jornada una hora antes de la puesta del sol en Ramadán.
"Son derechos que tienen pero siempre subordinados a la existencia de un acuerdo entre el trabajador y la empresa", advierte Pérez, que precisa que las horas dejadas de trabajar deberán ser recuperadas sin compensación alguna.
En todo caso, salir una hora antes del trabajo es una cuestión que deberá decidirse caso a caso a no ser que se incluya en un convenio de negociación colectiva, como ocurre en Francia, donde hay empresas con un gran número de trabajadores musulmanes.
También mediante acuerdo entre las partes pueden pedir sustituir los festivos generales contemplados en el Estatuto por alguna de las festividades islámicas, indica Pérez, que recuerda además que la Constitución reconoce la libertad religiosa y de culto.
"Aparte de todo esto, se puede encajar en la normativa de prevención de riesgos laborales siempre y cuando hacer este ayuno implique un aumento de riesgos, es decir, al ir vinculado al riesgo que existe en la empresa, por ejemplo, si se tiene que subir a un andamio o utilizar una maquinaria muy precisa", subraya.
Empresas más flexibles
Varía según el sector y la zona geográfica, pero los sindicatos sí detectan una mayor flexibilidad por parte de las empresas.
"Ahí donde están más acostumbrados a tener trabajadores musulmanes, los empresarios están más abiertos y son más sensibles, aunque seguramente habrá trabajadores que sí tengan problemas porque estén en una zona geográfica o un sector donde no sean población mayoritaria, remarca Pérez.
El responsable de Migraciones de UGT, Cesc Poch, constata que sí existen algunos convenios colectivos que contemplan la adaptación del trabajo al Ramadán, como el del sector agrícola de Murcia y el de Almería.
"Lo que nosotros pedimos es que haya un marco de entendimiento entre el trabajador y la empresa donde sea posible flexibilizar y adaptar la carga de trabajo durante el Ramadán", apunta Poch, que recalca que el empleador no está obligado a ofrecer permisos especiales ni días de descanso por creencias religiosa.
Desde UGT apuestan por que haya "más información y más formación" tanto a trabajadores como a empresarios para evitar prejuicios, ya que, asegura, el tópico de que en Ramadán se trabaja menos es falso.
Mayor impacto en el sector agrario
Uno de los sectores donde el Ramadán tiene un impacto significativo es en el agrario debido a la combinación del ayuno y el trabajo físico exigente, muchas veces bajo altas temperaturas. No es el caso de este año, que al coincidir en ivierno, "no es muy duro", según advierte a Efe el responsable del sector agrario en CCOO Aragón, Rachid El Jazouli.
"Este año se hace con normalidad, pero en pleno verano lo pasas peor, son horas de mucho calor y no comes ni bebes hasta la puesta del sol, aunque para nosotros no es tan exagerado, ya estamos acostumbrados", relata El Jazouli, que admite que sí hay empresas que "se sientan a hablar" con sus trabajadores para intentar adaptar la jornada.
En Aragón, donde trabajan entre 5.000 y 6.000 musulmanes en el campo, cuentan con algunos convenios que reconocen la posibilidad de sustituir festivos de Navidad por la celebración de fin de Ramadán. "Es una buena opción. Las empresas son cada vez más flexibles, lo van entendiendo, no les queda otra porque saben que Ramadán se hace sí o sí", asevera.
Rechaza tajantemente que se cuestione la productividad del trabajador durante este mes porque "el campo es duro y hay desmayos todo el año", y exige que se apliquen los protocolos de calor que hay.
Ramadán en la oficina
Compaginar este mes sagrado con trabajos de oficina es mucho más sencillo. Es el caso de Jorge, consultor informático de 44 años que se convirtió hace alrededor de siete años al Islam y cuya experiencia ha variado desde su primer Ramadán.
"Mi primer año sí que fue 'más duro' por la obsesión de pensar que iba a estar todo el día sin comer, esa autosugestión hace que focalices mucho más", según cuenta Jorge, que detalla que ahora "cuida mucho más" lo que ingiere en el suhur (antes de la oración del alba) y en el iftar (comida para romper el ayuno).
En su día a día en la oficina durante este mes no siente "ningún bajón", si bien los primeros días experimenta cierta sensación de hambre sobre las diez de la mañana y las tres de la tarde, "como un recordatorio", y a partir de las cinco nota "como que el cuerpo empieza a ir a otro ritmo", aunque "uno se acostumbra" al pasar los días.
"No afecta a mi concentración, no se produce ninguna sensación ni de hibernación, ni de estar medio grogui", aclara Jorge, que incide en que para un musulmán hacer el Ramadán implica "un componente mínimo de sacrificio" y una oportunidad para practicar "la disciplina, la templanza y el ayuno de pensamiento y acción negativos".
En el fútbol profesional
El Ramadán supone un reto para los deportistas que tienen que mantener la rutina de ejercicios sin comprometer su salud ni su rendimiento. "Es un periodo que trastoca su bioritmo diario, pero se puede mantener el rendimiento con ajustes en la programación del entrenamiento y con estrategias a nivel de nutrición", aclara a Efw el preparador físico de la selección de fútbol de Marruecos, Eduardo Domínguez.
Para los futbolistas en Europa es más complicado de compaginar porque los horarios de la competición les condicionan, algo que no ocurre en países musulmanes que adaptan las jornadas deportivas al Ramadán.
"Hay que tener cuidado sobre todo los primeros días porque es un cambio brusco: cuidado con las cargas de entrenamiento, vigilar la alimentación y prestar más de atención con controles diarios de peso, de niveles de hidratación, de percepción de bienestar ... Suele ser un periodo donde la gente está un poquito más enfadada", relata Domínguez.
Durante este mes, Domínguez planifica un entrenamiento ligero antes de romper el ayuno y tras esa comida realizan el primer entreno exigente "porque el organismo ya está preparado para entrenar bien".
"Hoy en día los staff tienen en cuenta todo esto para que el jugador pueda entrenar y rendir sin ningún riesgo de lesión", concluye.