MURCIA. El 12 de agosto de 2026 queda para siempre como una fecha imposible de olvidar: el día en que los murcianos contemplaron en directo un fenómeno astronómico excepcional, sin necesidad de viajar a otro lugar del mundo. Rendidos ante el cielo, fueron testigos de un eclipse total de Sol que España no vivía desde 1912. Pero la alegría no fue igual para todos, porque las nubes taparon el espectáculo en varios puntos de la Región y chafaron el momento histórico.
Los murcianos aguardaban con impaciencia el inicio del ritual. Todos buscaban el mejor sitio para no perdérselo: desde los enclaves elevados, como los castillos de Lorca y Jumilla, hasta la arena de las playas del Mar Menor y La Manga, además de Bolnuevo y La Azohía, pasando por los miradores habilitados en los municipios: el Castillejo de Monteagudo, en Murcia; el Parque del Acueducto, en Alcantarilla; las minas de Las Matildes, en Cartagena; la piscina municipal de Santomera...
Yecla, con un 99,23% de ocultación, era el municipio mejor posicionado de la Región. No hubo necesidad de buscar zonas altas, porque el fenómeno era visible desde el 80% de los puntos del municipio: tan solo bastaba con un espacio despejado. También Jumilla era un mirador privilegiado, con un 99%. En cambio, otros murcianos, como un grupo de aficionados a la astronomía, optaron por emprender un viaje hacia Palencia, inmersa en la franja de paso del eclipse en España, que cruza desde Galicia hasta Baleares, para ser testigos de la mejor zona de visibilidad.

- Eclipse, visto desde Cartagena. -
- Foto: PSV FOTO
La cuenta atrás comenzaba a las siete y media, cuando la Luna empezó a recortar la silueta del Sol, cubriendo poco a poco su esfera. Y las cabezas de los murcianos, expectantes, se levantaban hacia el horizonte. Sin embargo, un temor se apoderaba de todos como un temido rumor: las nubes amenazaban con empañar el momento. "El eclipse eclipsado", bromeaba un viandante de Jumilla. "Me asusta la bruma", reconocía otro vecino en San Pedro.
Lugares como la playa del Puerto de Mazarrón, habitualmente a rebosar de bañistas y veraneantes, se quedaban desiertos. En el Puerto de Mazarrón, una amplia fila de barcos se lanzaba a alta mar, llenos de personas decididas a contemplar el espectáculo lejos de la contaminación lumínica. Otros se conformaban con seguirlo desde las azoteas.

- Eclipse desde Mazarrón. -
- Foto: M. G. T.
En Murcia, la romería de la Fuensanta cobraba vida por instantes, con decenas de vecinos asomándose a la explanada del santuario de la Patrona, que ofrecía buenas vistas. También la Cresta del Gallo y la urbanización de Torreguil acogían la presencia de ‘astrónomos’. Algunos acudían provistos de telescopios, pero, eso sí, todos llegaban ataviados con las gafas homologadas, como mandaban las consignas de las autoridades, repetidas hasta la saciedad en los días previos.
La cuenta atrás aceleraba y la impaciencia se adueñaba del centenar de vecinos que se agolpaban en el Castillejo de Monteagudo, donde muchos temían no poder ver el eclipse. Todos estaban pendientes del móvil y las aplicaciones; todos miraban con inquietud al cielo. Toda una vida esperando para que una fea nube arruinara la espera... pero in extremis se obró el milagro. El cielo se abrió y los asistentes de la Fortaleza del Viejo Rey Lobo (cuyos ojos sí han visto semejante espectáculo en el pasado) pudieron observar el fenómeno en plenitud. No ocurrió así en otros puntos de la Región. Por ejemplo: en Cabo de Palos, donde se concentraban grupos de familias, no tuvieron la misma suerte.
El gran momento mágico había llegado a las 20.35 horas. En ese instante la Luna se interpuso entre la Tierra y el gran astro a los ojos de la Región. El horizonte ofrecía un atardecer inédito en más de cien años, con más de la mitad de España sumida en una profunda oscuridad. Ya era real, lo estaban viendo con sus propios ojos: la Luna cubría prácticamente el Sol, generando el primer eclipse total de Sol en más de un siglo en la Península. Europa tampoco vivía algo así desde 1999. Los murcianos, en primera línea, eran testigos... pero no todos por igual, chafados por las nubes.