Desde Cala Blanca a la Torre de Cope: retrato fotográfico de un paisaje plagado de historias y aventuras

Región

La Región en el objetivo

El fotógrafo J.J. Peñalvez recorre por tierra y aire esta franja costera protegida dentro del Parque Regional de Cabo Cope y Puntas de Calnegre

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MURCIA. La franja costera de Águilas y Lorca comprendida entre Cala Blanca y la Torre de Cope -hoy protegida del Parque Regional de Cabo Cope y Puntas de Calnegre- ha sido históricamente un territorio fronterizo, despoblado y misterioso. Su geografía escarpada propició diferentes y numerosos episodios de piratería berberisca, contrabando, naufragios y espionaje. Capítulos de un tiempo pasado que hoy en día podrían tener su equivalencia contemporánea en la presencia de narcolanchas que buscan evitar a las fuerzas de seguridad.

Son muchas las historias plagadas de aventuras las que se han escrito en esta parte de la costa de la Región de Murcia, la misma que el fotógrafo J.J. Peñalver acerca a los lectores de Murcia Plaza en una nueva entrega de sus series fotográficas, en las que recorre a pie y a vista de pájaro los espectaculares paisajes que se suceden ante el objetivo de su cámara. "Tenemos una costa para los que somos amantes del mar y la naturaleza espectacular. Rincones cargados de historia, de restos visibles de esos tiempos pretéritos", señala el autor del reportaje fotográfico, quien adelanta que en este recorrido fotográfico "vamos a hacer una ruta, pateando un poco, dentro del parque Regional de Cabo Cope y Puntas de Calnegre", que completó en otro día distinto "echando mano al dron, una vez concedidos los permisos de vuelo necesarios sobre la torre de Cope".

J.J. Peñalver recuerda que el recorrido partió (un fin de semana de mayo de hace tres años) desde la Cala Blanca, cerca de la Cuesta de Gos, "donde nació y fue enterrado en primera instancia Paco Rabal, bajo un almendro cerca de la ermita de Gos, aunque ahora descansa en el cementerio de Águilas". El propio Paco Rabal contaba que cuando de niño se vio obligado a abandonar su hogar, volvió la mirada y exclamó: "Aguilas, me voy, pero volveré y todo lo que consiga por el mundo lo traeré". Desde allí, el fotógrafo palmareño exploró la línea de costa hasta la Torre de Cope (luego habría que volver a donde había dejado el coche, siendo unos 15 kilómetros la ida y vuelta).

  • De Cala Blanca a la Torre de Cope -

La caminata mereció la pena, ya que "el día se presentaba muy agradable de luz y con una nueva oferta de colores para darle gusto al disparador de la cámara. El mar azul en la línea de costa, el camino amarilleando o blanqueando según el tramo, y acto seguido tierra adentro todo teñido de verde, plantaciones de melones que ponían una alfombra cubriendo todo el terreno". "Por si fuera poco -añade Peñalver-, el cielo de un azul intenso, compitiendo con el mar, tuvo a bien rellenar algunos espacios con unas nubes blancas algodonosas, que servirían para completar otra gran paleta de color, para el disfrute total, disfrutando de esas formas variadas con las que las nubes ocultaban el cielo".

Durante la ruta, si miraba al noreste desde Cala Blanca se veía la Punta de Calnegre, y si giraba la mirada al sur, tenía ante sus ojos el impresionante Cabo Cope. "De norte a sur vamos encontrando playa Larga, la de La Galera, Cala de las Pulgas, o la de los Abejorros, y otro montón más hasta llegar a la Torre de Cope o del Santo Cristo del siglo XVI (1574)", enumera el fotógrafo, quien apunta que "las  ruinosas construcciones en las esquinas de alguna de esas playas nos permiten, usando sus ventanas, poner marco a nuestras fotos con excelentes vistas. Simplemente un juego fotográfico".

Con el dron -cuenta- solo cubrió un radio de unos 500 metros desde la torre, ya que Medio Ambiente había restringido el vuelo hacia el sur para no afectar a la zona de nidificación de aves. Estos vuelos también fueron en mayo del 2023. "Desde Cope giramos el dron hacia el oeste para marcar Calabardina, Isla del Fraile y más al fondo Águilas y por en medio varias urbanizaciones en los collados entre las dos poblaciones", explica.

Las historias que hay detrás del paisaje

  • De Cala Blanca a la Torre de Cope -

"Toda esta costa está cargada de historias", afirma J.J. Peñalver, quien pone de ejemplo que las cuevas de la Cala Blanca que servían de cobijo para pescadores, también eran utilizadas en la posguerra para las 'matuteras' que recogían las mercancías de contrabando durante las noches, para luego venderlas en Lorca y sobrevivir a la hambruna.

En este sentido, cabe recordar que la Torre de Cope (o del Santo Cristo) fue levantada en el siglo XVI para defender a los pastores y pescadores de los constantes ataques procedentes del norte de África. Una de las leyendas heroicas cuenta que su alcaide, Juan de Grez, se quedó solo dentro de la fortificación durante una de las incursiones y que, utilizando el ingenio, fue alternando de saetera en saetera disparando diferentes armas para simular que había todo un destacamento defendiendo el lugar, saliendo airoso del enfrentamiento.

Tampoco faltan historias de espías, ya que tras la Segunda Guerra Mundial, la costa mediterránea española sirvió de refugio para muchos ciudadanos centroeuropeos. En Águilas es conocida la historia de Gernot Dudda, un ciudadano alemán que se asentó en Águilas. Su propia familia descubrió décadas más tarde que el padre de Gernot había sido nazi, una historia que su nieto, el periodista Ricardo Dudda, dejo escrita en el libro Mi padre alemán

Además, en la Isla del Fraile vivió el espía escocés Hugh Pakenham Borthwick, don Hugo para los lugareños, quien se dedicaba a vigilar el paso de barcos alemanes durante los años de la Primera Guerra Mundial. Era un tipo extraño, que dormía con un revolver debajo de la almohada, vivía rodeado de una jauría de perros medio salvajes, quemaba la numerosa correspondencia que le llegaba y no mantenía relación con el resto de la numerosa colonia británica, que estaba asentada en Águilas como consecuencia del negocio de la minería y el ferrocarril. Toda una serie de extravagancias que alimentaron la intriga y los rumores sobre un personaje cuya historia también forma parte del espectacular paisaje aguileño.

  • De Cala Blanca a la Torre de Cope -

 

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