MURCIA. "Octubre es, por excelencia, el mes de la siega en Calasparra: un momento único en el año en el que nuestra vega arrocera se tiñe de tonos dorados y el campo nos regala un espectáculo natural único", destacan desde el Ayuntamiento de la localidad arrocera. Precisamente, con el arroz como protagonista, el municipio ha vuelto a acercar a vecinos y visitantes a este singular paisaje a través de una jornada ecoturística celebrada recientemente por el paraje de la Isla Tío Juan Vacas y su Sendero Azul. Una actividad que el Ayuntamiento ha querido compartir en sus redes sociales a través de un reportaje fotográfico.
La ruta permitió recorrer a pie los caminos que atraviesan los arrozales y descubrir, al mismo tiempo, la riqueza natural de este enclave situado junto al río Segura. Entre las hileras de cereal, los participantes pudieron contemplar de cerca los trabajos de recogida del arroz, en un momento especialmente atractivo del ciclo agrícola, cuando las espigas han alcanzado su madurez y el paisaje cambia el verde del verano por los colores propios del otoño.
La jornada forma parte de las propuestas turísticas que buscan poner en valor el arroz no solo como producto gastronómico, sino también como elemento vertebrador de un paisaje cultural y natural. De hecho, las Rutas del Arroz de Calasparra se desarrollan siguiendo el ritmo del cultivo, con recorridos por la vega durante las épocas de siembra y cosecha. En 2026, además, la programación adquiere un significado especial al cumplirse 40 años de la Denominación de Origen Protegida Arroz de Calasparra.
El Arroz de Calasparra está protegido por una DOP reconocida oficialmente desde 1986. Entre sus variedades amparadas se encuentran Bomba y Balilla X Sollana, y una de sus particularidades está precisamente en las condiciones de cultivo, ya que se riega con agua corriente, no estancada. Las parcelas están organizadas en bancales o terrazas con cierta pendiente, de manera que el agua procedente de los ríos Segura y Mundo circula de unas cajas a otras y se renueva continuamente.
La siega se convierte cada otoño en una oportunidad para conocer sobre el terreno la historia, la naturaleza y la tradición agrícola que hay detrás de uno de los productos más reconocibles de la gastronomía murciana.