VALÈNCIA. "Cada vez hay más fundadores reinvirtiendo su capital en otros emprendedores". Con esta idea resume Jorge Dobón, CEO de Mission, uno de los cambios que, a su juicio, está marcando la evolución reciente del ecosistema emprendedor español: el retorno al mercado de capital generado por empresarios que han creado compañías, han conseguido liquidez y ahora deciden apoyar a nuevas generaciones de fundadores. Es una tendencia que Mission está percibiendo especialmente en su nuevo fondo, todavía en proceso de captación, y donde los emprendedores de éxito se han convertido, junto a los family offices, en uno de los perfiles con mayor peso entre sus inversores.
La gestora, surgida de la evolución de Demium hacia un modelo centrado exclusivamente en inversión, trabaja actualmente en un vehículo con un objetivo de 35 millones de euros, una cifra que Dobón confía en superar. La previsión es realizar alrededor de 15 inversiones al año, aunque la firma podría llegar hasta 20, con tickets iniciales que rondan de media los 250.000 euros y capacidad para acompañar posteriormente a las compañías con inversiones de entre dos y tres millones. Todo ello en un momento en el que la inteligencia artificial ha ganado protagonismo en la cartera de Mission, con operaciones vinculadas a modelos fundacionales, agentes, seguridad empresarial y robótica.
- ¿En qué punto se encuentra ahora Mission?
- Hicimos el cambio de marca en enero. Demium estaba muy vinculada a las incubadoras y, cuando me reincorporo en enero de 2023 como managing partner, ya había tomado la decisión de cambiar de marca porque nos habíamos ido desvinculando progresivamente de las incubadoras y nos estábamos centrando al 100% en el fondo. De hecho, ahora somos más activos de lo que veníamos siendo en 2023 y el modelo de Mission es ya de inversión pura en fases iniciales. Somos cuatro partners: Mario Navarro, Julio Rives, Álvaro Callejo y yo. Los cuatro somos founders, hemos montado nuestras propias compañías, seguimos teniendo empresas en activo y llevamos más de ocho años invirtiendo juntos. Queríamos que la marca Mission reflejase mejor este nuevo modelo de inversión y también la evolución que ha tenido el venture capital durante los últimos años.
- ¿Qué ha cambiado en el ecosistema desde aquella primera etapa de Demium?
- Cuando empezamos en Demium, el ecosistema era muy incipiente y hacía falta una incubadora porque no había capital en la fase early stage. A día de hoy hay muchas más opciones de financiación, pero muchos de esos fondos no están montados por fundadores en activo y, para nosotros, esa es una parte importante de nuestra diferenciación. Creemos que, a la hora de acercarnos a un fundador, la velocidad a la que generamos convicción o hacemos deals es mucho mayor que la de otros inversores. Estamos haciendo operaciones en dos o tres semanas desde que conocemos a un founder hasta que invertimos en una compañía y luego la forma de ayudar es mucho más parecida a lo que creemos que realmente necesita un fundador. Hemos creado un fondo que nos gustaría tener en nuestras propias compañías como inversor.
- ¿Dónde está actualmente el equipo?
- Parte del equipo está en Madrid y parte en Valencia. Ahora mismo tenemos más equipo en Madrid que en Valencia, pero seguimos teniendo presencia aquí. Además, tenemos un partner en Barcelona. La estructura es bastante distribuida porque nuestra actividad de inversión también lo es y buscamos compañías en distintos puntos.
- Habéis anunciado un fondo de 35 millones de euros. ¿En qué situación se encuentra?
- Todavía estamos terminándolo de levantar y seguramente superemos el objetivo de 35 millones de euros. La idea es hacer unas 15 inversiones al año, aunque podemos llegar hasta 20. Los tickets iniciales son bastante flexibles, pero suelen estar en unos 250.000 euros de media, y después concentramos mucho capital en las mejores compañías. Desde el propio fondo podemos acompañar hasta unos dos o tres millones de euros y, si una empresa va muy bien y necesita una cantidad superior, incluso nos podemos plantear montar un fondo específico para esa compañía.
- ¿Qué tipo de compañías buscáis?
- Veníamos ya de un enfoque generalista y seguimos siendo generalistas. Es habitual que las compañías tengan tecnología en el núcleo del negocio, pero no invertimos únicamente en empresas tecnológicas. En los dos últimos años, por ejemplo, hemos invertido en Plesh, una compañía de Barcelona de chocolates que ha creado una barrita de chocolate sin azúcar. Al final, lo que buscamos en una empresa en la que invertimos es que tenga una ambición muy grande y un alto grado de escalabilidad, que pueda llegar a cientos de millones de facturación en pocos años. Tenemos, por ejemplo, un caso de éxito con Singularu, de la que seguimos siendo socios a través de nuestro primer vehículo.
- ¿En qué momento del desarrollo de una empresa soléis entrar?
- Entramos en un punto muy incipiente, tanto como cuando entrábamos antes con las incubadoras, pero sin que la compañía tenga que pasar por todo el proceso de incubación. Suelen llevar menos de un año; a veces, meses o incluso semanas. Hay empresas que todavía ni siquiera han lanzado al mercado cuando invertimos. Entramos en esa primera ronda pre-seed, con posibilidad de acompañar después en la ronda seed y, en algunos casos, también en una Serie A.
- ¿Os está arrastrando también el auge de la inteligencia artificial?
La realidad es que sí. Estamos entrando en muchas compañías que son nativas de IA porque la inteligencia artificial es muy transversal y tiene múltiples capas de aplicación, desde los modelos fundacionales hasta los agentes o las soluciones verticales para industrias concretas. Nosotros, por ejemplo, hemos invertido en dos modelos fundacionales en lo que va de año y tenemos otras dos compañías aprobadas para invertir. Estamos viendo oportunidades en ámbitos muy diferentes y eso hace que la IA esté cada vez más presente en la cartera.
Uno de los proyectos es Kuiber, cuya ronda lideró Andreessen Horowitz. Nosotros tuvimos suerte de poder invertir en la compañía porque nos comprometimos poco antes de que entrase Andreessen. La ronda fue de más de ocho millones de dólares y detrás hay un fundador español que está en Estados Unidos desarrollando un modelo fundacional para la creación de imágenes vectorizadas con inteligencia artificial. Luego están las compañías agénticas, que crean agentes verticales para un sector concreto o que cubren un horizontal entero en una fase determinada. También hemos invertido recientemente en Optiac, que es un orquestador que genera una capa de seguridad para empresas. Estamos invirtiendo en muchas compañías de IA, pero con aplicaciones muy diferentes.
También. Hemos invertido en Techer Robotics en cada una de sus últimas tres rondas. Recientemente levantaron una ronda de 85 millones de euros con inversores americanos y siete corporaciones, seis de ellas europeas, donde han entrado compañías como Mango, Louis Vuitton, Samsung, Angels o Sonae. Es una compañía de robótica con inteligencia artificial y nosotros hemos acompañado a la empresa en sus tres últimas rondas, precisamente porque creemos mucho en ese cruce entre automatización, hardware e inteligencia artificial.
- ¿Qué perfil de emprendedores buscáis?
- Invertimos tanto en emprendedores que ya han tenido éxito y han vendido compañías como en emprendedores que han fracasado o en personas que emprenden por primera vez. No tenemos un patrón cerrado en ese sentido porque lo importante no es tanto el historial como el potencial del proyecto, la ambición y la capacidad del equipo para ejecutarlo. Al final, intentamos identificar equipos que puedan construir compañías realmente grandes, independientemente de si es su primera empresa o ya han pasado por varios proyectos antes.
- ¿Quién está poniendo ahora el dinero en los fondos de venture capital?
- En 2020 y 2021, cuando levantamos el anterior fondo, con tipos de interés negativos todo el mundo se sumaba porque buscaba dónde invertir el dinero y llegó mucho capital turista al mundo venture. En nuestro caso, tenemos una base de inversores que nos ha acompañado vehículo tras vehículo desde hace 13 años y tenemos la suerte de que una parte del capital nos viene prácticamente cuando salimos al mercado, mientras que otra parte siempre la tienes que levantar. Los fondos públicos siempre están ahí y nosotros ganamos las últimas convocatorias públicas del IVF y del ICO. A día de hoy hay mucho capital público disponible, pero nunca puede ser una parte mayoritaria del fondo por estatutos, así que necesariamente tienes que levantar también una parte privada importante.
- ¿De dónde viene ese capital privado?
- Hay tres grandes grupos. Los family offices, el capital institucional -como fondos de pensiones o fondos de fondos- y las corporaciones. Nosotros tenemos mucho family office como inversor, muchísimo. Nunca hemos incorporado corporates, aunque estaríamos encantados de hacerlo. También es verdad que las corporaciones suelen entrar más en tesis verticales, muy especializadas en determinados sectores, que en fondos generalistas como el nuestro. Además, en este último fondo hemos notado una tendencia muy clara: están invirtiendo muchos emprendedores de éxito. Es, junto con los family offices, uno de los perfiles que más capital está poniendo ahora mismo en nuestro fondo y creo que es una señal muy relevante de maduración del ecosistema.
Los primeros casos de éxito han permitido que empiece a fluir el capital. Hay fundadores que han montado compañías, han hecho capital y esos fundadores revierten parte de su dinero invirtiéndolo en nuevos proyectos. Cada vez hay más fundadores reinvirtiendo su capital en otros emprendedores. Ese capital está volviendo a fluir porque quienes más confían en el venture son precisamente los fundadores que hemos montado compañías y que decidimos reinvertir el capital en nuevas empresas. Confiamos en los founders, en cómo pueden transformar sectores y en cómo eso puede generar buenos retornos. Eso hará que haya más capital disponible, que se tome más riesgo y que se generen mejores retornos.
- ¿Hay menos dinero disponible que hace unos años?
- Hay menos capital disponible que hace cinco años, pero sigue habiendo apetito. Lo que ocurre es que muchos inversores han bloqueado bastante capital durante la última década y todavía están esperando a que se materialice porque el ciclo del venture capital es largo. Aun así, pienso que los inversores que han entrado en fondos durante los últimos tres o cuatro años van a generar retornos muy gordos. También creo que el venture capital se va a consolidar como una clase de activo que genere mejores retornos que el resto de activos de la industria. Pero para eso ha hecho falta paciencia y dejar que el sector se construyese durante la última década.
- ¿Cómo ves el ecosistema emprendedor español?
- Sin duda, es el mejor momento de la historia del ecosistema emprendedor en España. A España le sobra talento y también le sobra intervención estatal en muchos sectores. El problema de España y de Europa es que nunca se ha creado un marco regulatorio que facilite y promueva realmente que se creen empresas globales. Y, aun con eso, como hay mucho talento, se siguen creando compañías. Los primeros casos de éxito han permitido que empiece a fluir el capital, aparezcan nuevas empresas y haya fundadores que, después de generar patrimonio, vuelvan a apostar por el ecosistema.
- ¿Qué ha cambiado para que ahora haya más empresas y más capital?
- Los primeros casos de éxito han permitido que empiece a fluir el capital y que aparezcan nuevas compañías. Hay fundadores que han montado empresas, han generado patrimonio y ahora reinvierten ese dinero. Eso crea una especie de círculo virtuoso que antes prácticamente no existía en España. No veo, sin embargo, en la ambición de los políticos una voluntad real de cambiar la cultura empresarial en España. Pero, como hay talento y ya hay casos de éxito, el ecosistema sigue avanzando pese a esas limitaciones.
- ¿Qué valoración haces de la Ley de Startups?
- La Ley de Startups es absoluto humo y no sirve para nada. Es propaganda política. Decir que es una chapuza incluso sería asumir que alguien tenía intención de hacer algo bien y lo hizo mal. Yo creo que aquí ni siquiera había una intención real de hacer bien algo. Llevo 16 años emprendiendo y, de esos, 13 años y medio invirtiendo en fundadores, y lo hago porque pienso que el ser humano es emprendedor por naturaleza. No creo que los políticos, en esta faceta, tengan buenos incentivos para construir ese tipo de marco.