MURCIA. Sencillez, autenticidad, calma y otro ritmo de vida, más pausado y más consciente. Casa Vereda, que emerge como una nube que hubiera caído del cielo en el paisaje de la pedanía murciana de Los Ramos, transmite muchas de las constantes que están presentes en el trabajo de la arquitecta Laura Ortín. También esas líneas curvas que imprimen movimiento y rompen con la rigidez en sus proyectos, y que en este en concreto se traslada a los techos abovedados de los diferentes espacios que conforman esta vivienda que "nace de una idea sencilla: habitar la naturaleza sin competir con ella".
Así lo explica Ortín, quien buscaba que el proyecto se integrase en el paisaje a través de una arquitectura que forma parte de su entorno. Para construir esta casa que parece pertenecer a ese lugar desde siempre, la arquitecta hace que volúmenes, materiales y texturas dialoguen con la vegetación, la luz y la memoria. Casa Vereda es una casa singular y única, pero al mismo tiempo rechaza la ostentación. "Nuestra casa no quiere sobresalir. Su mímesis con el paisaje busca engañarnos: ¿Siempre ha estado ahí?", explica la creativa, quien añade que "como los elementos que la rodean, la arquitectura aspira a adquirir una pátina propia, a envejecer bien y a formar parte del paisaje con naturalidad".
Esta reconocida profesional destaca, asimismo, que "la naturaleza marca el ritmo de la casa". "La luz es nuestra aliada. El sol, nuestro combustible. La arquitectura bioclimática no se entiende como un añadido, sino como una forma natural de proyectar", añade, al tiempo que señala que "cada espacio busca el confort desde lo ambiental y lo sensorial: la orientación, la sombra, la ventilación, la relación con el exterior y la presencia constante de la luz (y de la sombra)".
Evocaciones

- Casa Vereda, de Laura Ortín -
- Foto: DAVID FRUTOS
Casa Vereda no solo se integra en el paisaje, también en la memoria y la identidad del mismo. Por eso, esta vivienda contemporánea evoca a la barraca, la ermita, la acequia, el bancal, los caballones y hasta las fábricas hortofrutícolas. Se trata, como describe Laura Ortín, de "una arquitectura cotidiana que habla de adaptación, de recursos y de una relación directa con el territorio". "Mirar hacia ellos es también una forma de aprender. Porque entender lo que ya existe puede ayudarnos a construir una arquitectura contemporánea más consciente y más conectada con su entorno", añade la arquitecta murciana.
En esas evocaciones juegan un papel destacado los materiales, que contribuyen a crear "una coherencia constructiva y algo de misterio. Verdad y belleza". Ortín explica al respecto que las cubiertas curvas están resueltas a la manera tradicional de bóveda tabicada con ladrillo artesanal. Cada espacio tiene la altura y ancho que requiere según el uso. Techos más bajos en dormitorios para conseguir un ambiente más recogido y fácil de climatizar y más altos en zonas comunes donde la actividad es mayor y cohabitan más personas.
El suelo interior, por otro laso, es terrazo, que en invierno al calentarse con el sol permite mantener la temperatura por su gran inercia térmica, mientras que en verano protegiéndolo con las contraventanas se mantiene fresco. La arquitecta también apunta que el tipo de madera sorprende, pino natural lacado en tono cerezo que convive perfectamente con el resto de materiales.

- Casa Vereda, de Laura Ortín -
- Foto: DAVID FRUTOS
En exteriores y alféizar el barro artesanal es el protagonista -continúa explicando Ortín-, siendo este material natural aporta una pisada real y aspecto rural que conecta con la tradición hortelana. El revestimiento de fachada y cubierta es corcho proyectado con cierta granulometría para mejorar el asilamiento térmico, higrotérmia y continuidad material a todo el conjunto.
Y las contraventanas, diseñadas por el estudio, están inspiradas en la mallorquina mediterránea con una relectura contemporánea. Fabricadas en aluminio lacadas en color verde hoja y reducidas a lo mínimo para mejorar la seguridad, la protección solar y la conexión con la memoria colectiva de lo local.
Con todo ello, y el palabras de Laura Ortín, Casa Vereda es "una casa pensada para vivir despacio. Para abrirse al exterior, dejar entrar la luz y habitar los espacios con sencillez. Un refugio donde arquitectura, paisaje y vida cotidiana se encuentran. Donde la casa no pretende ser la protagonista, sino el escenario desde el que disfrutar de lo esencial".
La arquitecta también recurre a unos versos de Antonio Machado que resumen lo que transmite esta casa tan especial: "Soñé que tú me llevabas/ por una blanca vereda/ en medio del campo verde,/ hacia el azul de las sierras,/ hacia los montes azules,/ una mañana serena".

- Casa Vereda, de Laura Ortín -
- Foto: DAVID FRUTOS