Cada vez son más las pequeñas y medianas empresas que utilizan inteligencia artificial. O, al menos, que la han probado alguna vez. Lo habitual es que alguien del equipo haya abierto ChatGPT para redactar un correo, preparar una publicación para redes sociales o buscar ideas. El resultado ha sido bastante bueno, se ha ahorrado algo de tiempo y, al día siguiente, se ha seguido trabajando exactamente igual que hace diez años, pero con una pestaña más abierta en el navegador.
Y ahí está precisamente el problema. Muchas empresas ya conocen la inteligencia artificial, pero todavía no saben cómo sacarle partido de verdad, porque la dificultad ya no está tanto en acceder a estas herramientas, sino en aprender a integrarlas en el trabajo diario.
No se trata de utilizarla para todo. Aunque, viendo algunas de las cosas que circulan por internet, parece que dentro de poco necesitaremos inteligencia artificial incluso para decidir qué desayunar. Se trata de identificar qué tareas nos quitan tiempo, cuáles repetimos constantemente y en qué procesos nos vendría bien contar con una ayuda adicional.
Eso sí, hay algo que no debemos olvidar: la inteligencia artificial puede ayudarnos a tomar decisiones, pero no debería tomarlas por nosotros. Bastantes decisiones cuestionables tomamos ya sin su ayuda.
No consiste en incorporar la última tecnología por miedo a quedarse atrás, sino en conseguir que las personas puedan dedicar menos tiempo a trabajos mecánicos y más a aquello en lo que aportan valor"
Y es que, por mucho que hayan avanzado estas herramientas, siguen cometiendo errores. A veces ofrecen información incorrecta con una seguridad sorprendente. Esa seguridad que todos querríamos tener cuando nos preguntan algo en una reunión y no tenemos ni idea de la respuesta. Otras veces utilizan datos desactualizados o simplemente desconocen circunstancias importantes de nuestra empresa.
Por eso, cuando alguien me pregunta cómo empezar a utilizar la IA, siempre considero más importante entender qué queremos conseguir que aprender a manejar una herramienta concreta.
No hace falta saber programar ni tener grandes conocimientos técnicos. Para empezar, basta con elegir una tarea sencilla que hagamos habitualmente, explicar bien lo que necesitamos y comprobar si realmente estamos ahorrando tiempo sin perder calidad. Porque si tardamos diez minutos en conseguir que la IA haga algo que antes hacíamos en cinco, igual tenemos que replantearnos el invento.
A partir de ahí, podemos ir un poco más allá. Guardar las instrucciones que mejor funcionan, utilizarlas de forma habitual, conectar herramientas para automatizar determinados procesos e incluso incorporar sistemas capaces de realizar varias tareas seguidas.
Pero todo eso tiene sentido únicamente si responde a una necesidad real del negocio. Automatizar algo que funciona mal no va a solucionar el problema. Simplemente conseguiremos que funcione mal mucho más rápido.
Para mí, esa es la verdadera oportunidad de la inteligencia artificial, especialmente para las pymes. No consiste en incorporar la última tecnología por miedo a quedarse atrás, sino en conseguir que las personas puedan dedicar menos tiempo a trabajos mecánicos y más a aquello en lo que realmente aportan valor.
Porque usar inteligencia artificial es cada vez más fácil. Lo que marca la diferencia es saber para qué utilizarla, cómo hacerlo y cuándo es mejor no hacerlo.
Y si después de leer esto alguien le pide a ChatGPT que le resuma el artículo, al menos espero que le dé la razón al autor.
Raúl Díaz
Miembro de la junta directiva de AJE Región de Murcia y co-fundador y CEO de Selspy