Estoy en Águilas y vemos con relativa frecuencia llegar pateras con migrantes agotados, hombres y mujeres que han puesto su vida en manos del mar. Por eso, lo ocurrido en Ceuta no debería parecernos una noticia lejana. Es la expresión más brutal de un problema que también alcanza nuestras costas. Hablo de personas desesperadas, fronteras desbordadas y administraciones que reaccionan tarde o simplemente no reaccionan.
La entrada masiva desde Marruecos dejó imágenes espeluznantes, decenas de víctimas y cientos de menores sin protección. Ceuta llegó a atender a más de ochocientos niños y adolescentes en un sistema preparado para apenas unas decenas. No estamos ante una simple discusión sobre extranjería. Creo que deberíamos darnos cuenta de que nos enfrentamos a una emergencia humanitaria, de seguridad y de Estado.
Marruecos vuelve a dejar la sospecha de que utiliza la inmigración como instrumento de presión. El Gobierno alauita abre o cierra la frontera según sus intereses diplomáticos y convierte a miles de personas vulnerables en piezas de una partida de poker geopolítico. España no puede responder a esa amenaza permanente con silencios, concesiones o gestos de falsa normalidad. La cooperación con Rabat es necesaria, pero no puede confundirse con subordinación.
¿Cómo puede alguien proclamarse defensor de la unidad de España y abandonar a Ceuta cuando pide ayuda?"
También el Gobierno nacional debe asumir su responsabilidad. No basta con anunciar millones cuando la crisis ya ha estallado. Hacen falta más guardias civiles, policías nacionales, equipos de Salvamento Marítimo, intérpretes, sanitarios y trabajadores sociales. Hacen falta sobre todo inteligencia, prevención y una presencia estable del Estado. Cada día que mostramos improvisación, aumenta el desorden y pone vidas en peligro.
La incoherencia alcanza a quienes reclaman firmeza en la frontera y, a la vez, se niegan a acoger a menores. Algunas comunidades miran hacia otro lado porque temen a Vox o dependen de sus votos. ¿Cómo puede alguien proclamarse defensor de la unidad de España y abandonar a Ceuta cuando pide ayuda? ¿Cómo se puede seguir este ejecutivo nacional en pie y gobernando con un líder cuyo discurso señala al extranjero como enemigo colectivo?
Aplicar sin excusas la ley obliga a distribuir a los menores desde los territorios desbordados, de manera que se crea un mecanismo solidaridad autonómica. Por otro lado es de sentido común reforzar Ceuta y las costas del sureste, Exigiendo a Marruecos compromisos verificables y desde luego convertir esta crisis en una cuestión europea, con recursos comunes y una política exterior que no premie el chantaje.
La historia no absuelve a quienes dicen que no saber y tampoco a quienes sabían y no actuaron. Algún día nos preguntarán qué hicimos mientras niños dormían en la calle y otros morían intentando alcanzar nuestras costas. Y entonces quizá comprendamos el verdadero significado de la frase: "Qué bien se está aquí".