Un jueves de éstos de octubre, invitado por la Real Academia Alfonso X el Sabio, impartimos conferencia sobre don Ricardo Codorniú en Las Claras de Murcia. A mí, particularmente, me sirvió para pasar, en mi entendimiento del mundo, a este personaje, de una importancia apreciable en la Historia Regional, a ser una figura de carácter internacional, por no decir universal. Conocer a fondo lo que dirigió en Sierra Espuña, ayudado por los también ingenieros de montes, Musso y Madariaga, es concederle ese salto a lo universal.
Vayamos a 1879, la Riada de Santa Teresa. La dana de entonces cae en la vertical de Sierra Espuña, y, como quiera que toda esa montuosidad está abocada al sur, al cauce del Guadalentín –que quiere decir en árabe Río de Barro– una cantidad monstruosa de agua de lluvia se vierte en ese cauce. Y, por ese cauce, hasta la ciudad de Murcia. Añadamos que, además, Sierra Espuña está perfectamente calva, debido a la sobreexplotación forestal de siglos: carbón, construcción, carpinteros de ribera… El agua sólo encuentra roca y tierra leve para amasar barro laderas abajo, violentamente. Desde la propia Sierra Espuña, no menos de 20 cauces desaguan la sierra hacia el susodicho cauce. El resultado fue destrucción total de todo, y más de 1000 muertos, entre encontrados y desaparecidos.
Bien, cuando esto sucede aquella noche de Santa Teresa, don Ricardo Codorniú tiene 33 años. Nueve años más tarde, es el encargado, junto con sus compañeros ya citados, de reforestar el macizo de Espuña, y efectuar todas las acciones necesarias para evitar otro nuevo desastre. En ese año de 1888, nuestro ingeniero sube hasta la cima del Morrón de Espuña, una pequeña llanada a 1585 m de altura, y contempla la sierra. Toda ella, comprueba, se inclina hacia el sur. Hay que trabajar en toda la extensión del macizo.
Los trabajos duran 12 años. Un milagro debido a la gran repercusión internacional de la tragedia. Ahí está la edición de aquella revista Paris-Murcie. El caso es que, a más de 10 años, empiezan los preparativos de la gran recuperación forestal de Sierra Espuña. Vayamos a los datos: 5000 Ha; o sea, 10.000 campos de fútbol, como extensión de la reforestación. 245 km en caminos y sendas, como de Murcia a Valencia. 144 km en diques; o sea, como de Murcia hasta Albacete. Y casi 3.000.000 m2 en bancales para contener la erosión. Toda una proeza. Otro milagro es que las sucesivas gobernanzas de conservadores y liberales continuasen aportando presupuestos.
Los murcianos, y todo el que pasa junto al Macizo de Espuña no sabe la de presas, caminos, plantones, sembrados, etc., que allí se hicieron y para qué. La reforestación de Sierra Espuña fue hito internacional. Y en California se apresuraron a traducir las “Notas Forestales” de Codorniú.
Por todo ello, para mí, la nómina universal que esta tierra aporta a la Humanidad se compone de cinco nombres: Jerónimo de Ayanz, Ricardo Codorniú, Isaac Peral, Juan de la Cierva y Pérez Piñero.