¿Quién incendia el contenedor?

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TRIBUNA LIBRE
Publicado: 30/10/2026 · 06:00
Actualizado: 30/10/2026 · 06:00
  • Disturbios en Barcelona, el pasado 24 de octubre.
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Antes de que se apagara el primer contenedor, ya teníamos culpable. En cuestión de horas, los políticos sabían quién estaba detrás de los disturbios. Cada uno, por supuesto, sabía algo distinto.

Para unos, es la extrema izquierda. Para otros, provocadores de extrema derecha, o incluso policías infiltrados. Para los de más allá, una juventud sin vivienda ni empleo, y por tanto un fallo del adversario. Curiosamente, la explicación de cada partido coincide con lo que ese partido llevaba diciendo desde antes de los disturbios. Qué casualidad.

Esta semana en la presentación de un libro, uno de los autores, un policía con muchos años en seguridad ciudadana, dijo algo que no oímos a ningún político: que muchos de los que participan en los disturbios probablemente ni saben por qué están allí. Lo mismo podrían estar celebrando una victoria del Barça que protestando por cualquier otra cosa. No era un dato, sino una impresión de oficio. Pero es más honesta que casi todo lo que hemos escuchado en los platós.

Cuando no sabemos quién ha hecho algo, lo prudente es investigar. Que una hipótesis sea posible no la hace probable, y que unos disturbios beneficien a un partido no prueba que los haya provocado. Pero a los políticos no les interesa saber, les interesa acusar. Piden pruebas cuando la sospecha les salpica y se conforman con insinuaciones cuando salpica al rival. Con una diferencia, que aunque nosotros, los ciudadanos, hacemos lo mismo en la barra del bar, ellos cobran por no hacerlo.

El error de fondo es creer que todo el que participa en unos disturbios tiene una motivación política, y la misma. No es así. Una manifestación puede convocarse por razones legítimas. Entre los miles que acuden pacíficamente se cuelan grupos dispuestos a la violencia. Y cuando empieza la pelea, se suman otros que ni comparten la causa ni conocen a quienes la provocaron. No es lo mismo convocar, provocar o sumarse. Tampoco manifestarse que romper cosas durante la manifestación.

En grupo nos comportamos de otra manera. Imitamos, buscamos el aplauso de los demás, nos excita el momento y nos sentimos anónimos. Uno tira una piedra porque cree en la violencia. Otro, porque sus amigos la tiran. Un tercero, por la emoción. Hacen lo mismo por razones distintas.

Y hay algo de cálculo. El delito también responde a incentivos. Nadie calcula probabilidades antes de romper un escaparate, pero si otros ya lo hacen y no pasa nada, sumarse sale barato. Cada uno necesita ver actuar a un número distinto de personas antes de decidirse. Unos pocos encienden la mecha, los demás se incorporan. Así un grupo pequeño provoca un incendio grande sin que nadie comparta ideología.

Mientras tanto, la factura la pagan otros: el comerciante del escaparate roto, el dueño del coche quemado, los vecinos que no pueden pasar, los contribuyentes que reparan el mobiliario. Ningún partido les devuelve el dinero. Y cada vez que la violencia se cuela en una protesta, más gente se lo piensa antes de salir a protestar pacíficamente.

Tampoco sirve la explicación contraria, la de que todo es una gamberrada. Los disturbios ingleses de 2011 se estudiaron a fondo y no tuvieron una causa única. Cambiaban los motivos según el barrio y la persona, y lo que empezó como un enfrentamiento acabó en saqueo.

Por eso las respuestas también son varias, y no se excluyen. Si hay grupos organizados, hay que investigarlos y exigir responsabilidades. Si hay oportunistas, tienen que saber que serán identificados. Y si hay problemas sociales detrás, habrá que atenderlos, aunque lleven años en el cajón. Nada de esto justifica la violencia. Entender por qué alguien delinque no es disculparlo.

Lo que no tiene excusa es la prisa de nuestros representantes por señalar culpables que no han investigado. Los políticos se preguntan a quién beneficia el incendio, porque es la pregunta que les sirve en la próxima tertulia. Los criminólogos se preguntan quién participa y por qué, que es la que sirve para evitar el siguiente. Las dos son legítimas. Pero solo una arregla algo.

Porque para que no vuelva a arder un contenedor, importa más saber por qué alguien decide prenderle fuego que a qué partido le conviene el incendio.

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