Perrosanxe contra su fin de ciclo

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LA OPINIÓN PUBLICADA
Publicado: 10/10/2026 · 06:00
Actualizado: 10/10/2026 · 06:00
  • Pedro Sánchez en su comparecencia.
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Es una buena noticia para la izquierda valenciana este adelanto electoral. Lo es, porque las encuestas que se han publicado estos días muestran inequívocamente que, de celebrarse elecciones autonómicas ahora, PP y Vox sumarían con comodidad, como ya lo hicieron en 2023. Entonces vencieron contra pronóstico (hasta cierto punto), dejándose llevar por la marea antisanchista del movilizado votante de derechas, que castigó a Ximo Puig y a Joan Baldoví queriendo hacerlo con Pedro Sánchez. Resultado: un aventurero de Alicante fue entronizado President de la Generalitat, fue el primero en pactar con Vox (enturbiando el camino de Alberto Núñez Feijóo a La Moncloa semanas después) y terminó su tormentoso periplo al frente de la Generalitat dos años después, denostado y criticado por casi todos. 

La izquierda busca que los votantes valencianos apuesten de nuevo por PSPV y Compromís, pero para ello necesitan que dichos votantes alejen lo máximo posible la política nacional actual de su decisión de voto. Y eso es lo que va a ocurrir, pase lo que pase el 29 de noviembre, porque las elecciones autonómicas serán seis meses después, en mayo, salvo improbable adelanto electoral por parte del president Juan Francisco Pérez Llorca (que en todo caso ya no podría coincidir con las Elecciones Generales). Cuando se vote aquí será en clave valenciana, y si afecta la política nacional, previsiblemente, no lo hará en los términos de rechazo al sanchismo que tendríamos hoy, porque por aquel entonces el sanchismo comenzará a difuminarse ante la acción de Gobierno de PP y Vox, ya veremos con qué mayoría, pero -casi seguro- mayoría absoluta.

  • El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, en rueda de prensa en el Congreso de los Diputados 
  • Foto: EP

Por esta razón, esta convocatoria es una gran noticia para la derecha española, que lleva clamando por elecciones desde la misma noche electoral de julio de 2023 en que la movilización socialista de última hora dio al traste con su proyectado Gobierno de coalición, y no digamos con algunas ensoñaciones conservadoras, que en el PP afirmaban que podrían llegar a sumar para la investidura sólo con el PNV. Desde esa noche traumática para la derecha, PP y Vox han ejercido una oposición implacable, cimentada en el factor adicional de que el socio principal, el PP, fue el ganador de las elecciones de 2023. Ahora, salvo improbable hecatombe electoral, que sería mucho más sorprendente que la que se vivió entonces, la derecha y la extrema derecha sumarán y podrán formar Gobierno. 

Será así porque, aunque desde el PSOE y los adláteres socialistas se venda la idea de que esto puede ser una reedición de 2023 y que la crisis de la vivienda, potenciada por la trágica muerte de Maricarmen Abascal, que ha pasado de símbolo de dicha crisis a mártir (pues pocas dudas caben de que esta mujer anciana ha fallecido como consecuencia de las evidentes tensiones, emociones y traumas que había vivido en los últimos meses, amenazada con un desahucio finalmente ejecutado), las cifras no son las mismas que en 2023. Entonces las elecciones se adelantaron con un PSOE que más o menos aguantó el tipo en las municipales y autonómicas de mayo, pero que perdió el poder en casi todas partes por el derrumbe del socio a su izquierda, que entonces era Podemos. La vicepresidenta Yolanda Díaz esperó a dicho derrumbe para hacer acto de presencia electoral, y el excelente desempeño de Sumar en las Generales fue el factor clave para maximizar el voto de las izquierdas y lograr una minoría de bloqueo frente al PP y Vox en un Congreso que -a nadie se le olvide- ya en 2023 tenía mayoría de derechas. Y por eso Pedro Sánchez tuvo que pactar con PNV y Junts para lograr su investidura.

  • Maricarmen Abascal. -

Ahora han pasado más de tres años, durante los cuales se han acumulado los fracasos y desastres para la coalición gobernante, y en particular para la figura de Pedro Sánchez. El crecimiento económico no se ha filtrado a la mayoría de la población española, que ha visto cómo sus condiciones de vida empeoraban, sobre todo por efecto de la inflación y el incremento de la burbuja de la vivienda (de compra y de alquiler). En paralelo, el Gobierno ha demostrado inoperancia en la gestión en diversas ocasiones clave (Ceuta, la Dana, el accidente de Adamuz), sin que de dicha inoperancia se dedujeran las oportunas responsabilidades (seguimos teniendo al lamentable ministro de Fomento, Óscar Puente, insultando a propios y extraños día sí, día también, como si los sucesivos desastres de Renfe, Adif y Cercanías no fueran con él). Pedro Sánchez se ha visto afectado personalmente por diversos escándalos de corrupción, que afectan a la línea de flotación del PSOE y también de su familia. Y, en fin, la mayoría de investidura no se ha traducido casi nunca en una mayoría parlamentaria. Es muy difícil pensar en los logros del Gobierno durante esta legislatura, porque apenas hay. No se han aprobado Presupuestos.

Todo ello pesará en la papeleta, dificultando muchísimo que se pueda reeditar lo sucedido en 2023, y no digamos mejorarlo. Pero, a pesar de todo, estas elecciones son un acierto de Pedro Sánchez. De no convocarlas, lo más probable es que los resultados, cuando de todas maneras se produjeran las elecciones, fueran aún peores. Y no digamos en las elecciones municipales y autonómicas de mayo. Ya vimos cómo afectó a estos comicios la política nacional en 2023. Sánchez las convoca ahora porque piensa que la crisis de la vivienda puede propiciar una movilización electoral inesperada de la izquierda, y puede que hasta tenga razón. No será suficiente, salvo promesa mayúscula, para impedir la mayoría PP/Vox. Pero sí para impedir que ésta llegue a los 210 escaños, mayoría reforzada en el Congreso. Y también para salvar los muebles en el PSOE y soñar con empatar en votos con el PP en noviembre, sobre todo si Vox sigue subiendo en las encuestas.

En definitiva: todos están contentos con la convocatoria de elecciones, salvo tal vez los partidos de izquierda que aspiran a fusionarse en un Frente Amplio, que ya veremos lo amplio que resulta en la noche electoral. Estas elecciones eran necesarias, desde hace tiempo. Y no porque lo pidiera incesantemente la derecha (desde 1993 siempre lo hace, con diversos grados de encendimiento e indignación, cuando no está en el poder), sino porque este Gobierno estaba deslegitimado, era débil e incapaz de adoptar medidas. Y la prueba más clara de ello es que Pedro Sánchez convoca elecciones tras fracasar su Gobierno en la aprobación de dos decretos para paliar una crisis, la de la vivienda, que lleva agravándose años y años en España, y que ha alcanzado un clímax dramático con el desahucio y fallecimiento de Mari Carmen Abascal.

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