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LA OPINIÓN PUBLICADA

Las joyas de la Castafiore

Publicado: 20/06/2026 · 06:00
Actualizado: 20/06/2026 · 06:00
  • El expresidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero.
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Bianca Castafiore es uno de los personajes más singulares (y cargantes) de los cómics de Tintín. La diva italiana, cantante de ópera, atormentaba a su sufrida audiencia, y en particular al Capitán Haddock, con su estridente canto, que le llevaba a diversos países del mundo (en general, siniestras dictaduras que en ocasiones utilizaban a la Castafiore como rehén, como en Tintín y los pícaros). Pero el cómic de Tintín en el que la Castafiore ocupó mayor protagonismo se titulaba como esta columna: Las joyas de la Castafiore, que desaparecen durante una estancia de la diva en el palacio de Moulinsart, residencia del mencionado Capitán Haddock (la policía y los medios se apresuran a inculpar a una caravana de gitanos que ha acampado en los terrenos del castillo, pero la responsable del robo finalmente es una urraca que se ha llevado las joyas a su nido).

Con la esperanza de encontrarse con una explicación igual de milagrosa y conveniente, el Gobierno y el PSOE han esperado durante semanas a la declaración ante el juez del expresidente, José Luis Rodríguez Zapatero, a fin de que aclarase las graves acusaciones del juez instructor y los informes policiales que penden sobre él. Vana esperanza. Zapatero no ha hecho declaraciones a los medios para preservar su estrategia de defensa y respetar la declaración ante el juez; se suponía que, una vez pasado ese trance, sí que se prestaría a dar explicaciones. Sin embargo, de su declaración no sólo no ha salido airoso, sino que realmente no ha podido ofrecer ninguna explicación o justificación plausible que le exonere, más allá de reivindicar su inocencia en lo que se refiere a los pagos recibidos por su asesoramiento a empresarios, de los que también se beneficiaron sus hijas, y que según el juez en realidad son pagos por tráfico de influencias en el rescate de la aerolínea Plus Ultra. La espinosa cuestión de las joyas, por otra parte, ni se abordó, pues Zapatero (que había intentado retrasar la declaración) no quiso declarar nada al respecto ante el juez.

Zapatero se había convertido en un icono de cierta izquierda, por sus políticas en materia de libertades durante su mandato, olvidando su papel en la implantación en España de las políticas de austeridad, que llegaron a incorporarse a la Constitución Española a iniciativa suya y mediante pacto con el PP. El papel de Zapatero como expresidente, sin meterse en negocios para enriquecerse -aparentemente- como sí hicieron tanto Felipe González como José María Aznar (este último con mayor dedicación y entusiasmo, si cabe), y su papel en estos últimos años, sobre todo en la campaña de las elecciones generales de 2023, como gran animador del ala izquierda del PSOE y referente del sanchismo, le había convertido en una figura muy importante, que de alguna manera compensaba los continuos dardos y críticas que recibe Pedro Sánchez por parte de Felipe González y los suyos.

  • Zapatero, Aznar y Felipe González, en una imagen de archivo. 

Ahora, todo eso ha saltado por los aires. No es que pareciera sencillo encontrar una explicación que permitiera salir airoso a Zapatero de esta situación, que difícilmente puede venderse como un caso de lawfare o “exceso de celo” judicial con propósitos políticos, como sí podría argumentarse respecto de los procesos que afectan a la mujer y al hermano del presidente del Gobierno (y no porque el comportamiento de David Sánchez y Begoña Gómez haya sido ejemplar, sino porque es difícil justificar que en él haya materia penal). Aquí hablamos de cantidades importantes, negocios turbios, familiares implicados (las hijas de Zapatero) que manifiestamente no tienen ni la capacitación profesional ni la acreditación del trabajo necesario para justificar las cantidades que han cobrado… Y, de remate, tenemos las joyas encontradas en el despacho de Zapatero.

También aquí, los defensores del expresidente se agarraron inicialmente a la ilusión de que era un mero ajuar, unas “joyas de la abuela” sin demasiado valor, pero la tasación ha mostrado que no es el caso. Y además, a estas alturas seguimos sin tener ninguna explicación de qué hace un expresidente del Gobierno con más de un millón de euros en joyas en una caja fuerte de su despacho; joyas de dudosa procedencia y donde las explicaciones que se deslizan son a cual peor (que hace veinte años eso lo hacía todo el mundo, como si hace veinte años viviéramos en la Edad Media, o que fue un jeque de Arabia Saudí quien se puso a repartir joyas a todos los presentes cuando Zapatero era presidente del Gobierno, en 2007, y digamos que él cogió “su parte” del botón).

  • Algunos de los objetos intervenidos en el registro al despacho de Zapatero en el informe enviado por UDEF al juzgado. 

Por esa razón, los defensores de Zapatero ahora tienden a defender su inocencia mediante un peculiar artilugio retórico, que es tirar por elevación: si incluso Rodríguez Zapatero, un referente moral, tenía esas joyas escondidas y cobraba -presuntamente- comisiones por intermediar… ¡Qué no habrán hecho González y Aznar, esos sinvergüenzas corruptos! ¡Que investigue la justicia ahí, que investigue! ¡Con Mahoma (Aznar) no se atreven!

En resumen: si Zapatero roba, será porque los otros roban más, y esto es lo que hay. La verdad, no sé a dónde quieren llegar con ello sus defensores. Porque el caso es que, aunque eso fuera cierto y González y Aznar estuvieran haciendo cosas mucho peores, eso no exculpa a Zapatero de sus acciones. Y sus acciones, aunque luego salga inocente de todos los cargos, le van a dejar definitivamente tocado y hundido como referente de cierta izquierda, sobre todo porque a las revelaciones y los indicios se une la ausencia de explicaciones mínimamente convincentes del expresidente, cuya estrategia judicial, además, parece encaminada no a negar los hechos, sino a invalidar las pruebas que han conducido a su imputación.

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