España y el murciélago frugívoro

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El eurocristiano tibio

"Las naciones que disfrutan de periodos largos de paz pueden ablandarse en exceso. Y luego les cuesta mucho recuperar lo perdido"

Publicado: 20/09/2026 · 06:00
Actualizado: 20/09/2026 · 06:00
  • Concentración en la bahía de Ceuta de banderas de España.
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Una de las analogías biológicas más conocidas en el campo de la geoestrategia consiste en comparar las naciones potentes y agresivas a halcones y las naciones menos fuertes y defensivas a palomas. En cambio, se ha explorado menos la posibilidad de comparar las primeras naciones a murciélagos y las segundas a polillas. Y eso que su dinámica evolutiva es bastante más compleja, por lo que ofrece más oportunidades de establecer analogías.

Los murciélagos son los únicos mamíferos capaces de volar activamente, para lo cual no solo cuentan con sus alas (en realidad, patagios), sino también con unos huesos porosos y un metabolismo muy eficiente. Por otra parte, las polillas adultas poseen unas alas con escamas. La suya es una batalla aérea. 

Ya Lazzaro Spallanzani, un monje y naturalista italiano del siglo XVIII, descubrió que los murciélagos podían evitar los obstáculos aun volando en plena oscuridad. Sin embargo, hasta la tercera década del siglo XX los científicos no lograron aclarar el método que empleaban. Mediante los apropiados equipos electrónicos, Donald R. Griffin y Robert Galambos comprobaron que emitían por la boca unos sonidos de frecuencia muy alta y que captaban sus ecos por las orejas. En 1940 Griffin propuso llamar “ecolocación” para denominar esa capacidad de los quirópteros. 

 

las naciones que disfrutan de periodos largos de paz pueden ablandarse en exceso. Y luego les cuesta mucho recuperar lo perdido."

 

Desde un principio quedó claro que los murciélagos no solo emplean la ecolocación para eludir obstáculos, sino también para cazar polillas en pleno vuelo. La pugna entre los intentos de los murciélagos de comérselas y los de las polillas de librarse de ser ingeridas ha originado sendos procesos conexos de evolución. Metafóricamente, cabe hablar de una carrera armamentística entre los murciélagos y las polillas. 

Entre los trucos que han desarrollado las polillas figura el de volar cerca de arbustos, lo que les dificulta a los murciélagos alcanzarlas. Algunas se han dotado de la capacidad de detectar los ultrasonidos que emiten los murciélagos, lo que les permite cambiar bruscamente sus trayectorias para despistarlos. Otras se han dotado de su propia capacidad de emitir ultrasonidos para confundir a sus depredadores. También las hay que anuncian que son tóxicas, una estrategia de disuasión preventiva. 

Aunque la mayoría de las polillas son nocturnas, algunas se han hecho diurnas. Así, pueden llevar a cabo sus actividades vitales a unas horas en las que no hay murciélagos. Otras polillas han escapado del acoso emergiendo en las épocas del año, como el invierno, en las que los murciélagos no están activos. En ambos casos son comparables a los contendientes que eluden entrar en combate ante un enemigo muy superior. Esos tipos de polillas suelen perder su ecolocación defensiva. En ausencia del riesgo, es usual relajar los sistemas defensivos. Corolario: las naciones que disfrutan de periodos largos de paz pueden ablandarse en exceso. Y luego les cuesta mucho recuperar lo perdido. 

Presionados para cazar más eficazmente, los murciélagos también han evolucionado. Algunos han aprendido a emitir señales menos intensas, lo que dificulta que las polillas las detecten. Otros han modificado las frecuencias de sus sonidos, que escapan así a los sistemas de detección de los lepidópteros. Esas formas de ecolocación sigilosa les permiten ataques sorpresivos, una gran ventaja en cualquier batalla.

 

Los murciélagos son comparables a naciones imperialistas que inician guerras ofensivas y las polillas a naciones que, carentes de la fuerza para disuadir a sus enemigos, están abocadas a defenderse o dejarse dominar"

 

Lo que resulta invariable es que tanto los murciélagos como las polillas necesitan alimentarse para subsistir. Análogamente, todas las naciones necesitan un mínimo de recursos económicos y de territorios para mantener sus poblaciones. En realidad, casi todas las guerras se han desatado por disputas acerca de bienes económicos o de territorios. Y no es probable que esas disputas desaparezcan en la próxima etapa histórica. 

Los murciélagos son comparables a naciones imperialistas que inician guerras ofensivas y las polillas a naciones que, carentes de la fuerza para disuadir a sus enemigos, están abocadas a defenderse o dejarse dominar. Se da, no obstante, una asimetría entre los contendientes: si se le escapa una polilla, un murciélago solo pierde una parte de su dieta; en cambio, para el insecto es cuestión de vida o muerte escapar al ataque. Análogamente, una nación atacada se juega en la guerra su continuidad, pero la nación imperialista solo se juega su prestigio y la expectativa de dominar nuevos territorios y aprovechar sus recursos naturales y económicos. De ahí que los defensores suelan estar más motivados que los agresores, como bien comprobó Napoleón primero en España y luego en Rusia.

Además, los defensores gozan de otras ventajas: conocen mejor el terreno, pueden elegir las zonas favorables, concentrar sus fuerzas en la zona crítica y aprovisionarse adecuadamente. Por el contrario, los atacantes no conocen a fondo el terreno, tienen que dispersar sus fuerzas para asegurar lo conquistado y pueden padecer dificultades de aprovisionamiento. En todo caso, no se puede ganar una guerra sin pasar en algún momento a la ofensiva.

 

No sabemos si la Humanidad alcanzará alguna vez el final de la Historia, pero sería tan erróneo como peligroso pensar que ya lo ha alcanzado o que está a punto de alcanzarlo"

 

Los murciélagos no solo se alimentan de polillas, sino también de otros tipos de insectos nocturnos; por otro lado, las polillas no solo tienen que eludir a los murciélagos, sino también a los pájaros, muchos de los cuales son diurnos y están activos durante los inviernos. Para colmo, distintas especies de murciélagos, o de polillas, pueden competir entre ellas.  En suma, las oportunidades y los riesgos geoestratégicos son muy diversos y probablemente inevitables. No sabemos si la Humanidad alcanzará alguna vez el final de la Historia, pero sería tan erróneo como peligroso pensar que ya lo ha alcanzado o que está a punto de alcanzarlo.  

Igual que ningún animal elige nacer murciélago o polilla, todas las naciones están limitadas por el potencial económico y militar que hayan heredado de su etapa histórica anterior.  Así que ninguna nación puede sobrepasar los límites estratégicos derivados de su herencia. No obstante, eso no las obliga a aceptar ningún fatalismo. Igual que las especies evolucionan, con suficiente tiempo y voluntad las naciones pueden cambiar. 

Es interesante dilucidar si España es comparable a un agresivo murciélago insectívoro o a una huidiza polilla. En mi opinión, no es ni una cosa ni la otra. Por un lado, el imperio español figura entre los diez más importantes de la Historia. De hecho, en el siglo XVI España era un murciélago dominante. Aunque, debilitada por la invasión napoleónica y sometida al ataque del emergente imperio estadounidense, España perdió sus últimos territorios transatlánticos, no por ello se degradó de murciélago a polilla. En la actualidad es una potencia media, lo que me induce a compararla a un murciélago frugívoro. En efecto, como ya no ambiciona ninguna clase de expansión territorial, España no supone ninguna amenaza para otros países. En contrapartida, posee la suficiente fuerza para resistir casi todos, aunque no todos, los ataques foráneos previsibles. Entre esos límites hay que trazar la geoestrategia óptima española al afrontar crisis como la de Ceuta. 

Ahora bien, tampoco cabe olvidar que los ataques a la integridad territorial no solo provienen de posibles enemigos extranjeros, sino también de los grupos separatistas internos. Si no prestase atención a esa amenaza, España sería comparable a un murciélago frugívoro en trance de contraer una grave enfermedad degenerativa. De hecho, la proporción de españoles que no creen en la españolidad de Ceuta es máxima entre los votantes de Reunirse (Bildu) y mínima entre los del PP y Vox, con los socialistas, como de costumbre, jugando a pares y a nones. 

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