El talento que se nos escapa

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"Hablamos mucho de inclusión, diversidad, igualdad de oportunidades y atención personalizada, pero todavía existe una diversidad intelectual que pasa silenciosamente por nuestros centros: un alumno con altas capacidades intelectuales al que nadie ha sabido reconocer"

Publicado: 18/09/2026 · 06:00
Actualizado: 18/09/2026 · 06:00
  • Alumnos antes de un examen.
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Existen alumnos que entran cada mañana en el aula, ocupan su mesa, cumplen más o menos con las tareas y terminan el curso sin que nadie haya descubierto realmente quiénes son. No molestan demasiado. Algunos obtienen buenas calificaciones; otros, sorprendentemente suspenden. Unos parecen distraídos, otros desmotivados y alguno termina recibiendo una de esas etiquetas que se adhieren con demasiada facilidad a la piel de un o una chavala: vagos, indisciplinados, despistados, poco constantes. 

Y, sin embargo, detrás de algunos de esos comportamientos puede encontrarse un alumno con altas capacidades intelectuales al que nadie ha sabido reconocer. Hablamos mucho de inclusión, diversidad, igualdad de oportunidades y atención personalizada, pero todavía existe una diversidad intelectual que pasa silenciosamente por nuestros centros. No porque los profesores carezcan de voluntad, sino porque demasiadas veces carecen de una formación a fondo especializada, medios, tiempo y programas adecuados para identificarlos y atenderles.

Son bastantes los años que llevamos algunos estudiando y trabajando en estos menesteres y, a primavera vista, estos grupos de niños están más desamparados que el resto con algún tipo de problemas. Todos los alumnos de un aula, en principio, nadie lo negará, poseen la misma dignidad, pero en el día a día, de los que hablamos, se van quedando por el camino. Se pierden.

 

El aburrimiento sostenido no educa el carácter. Tampoco desarrolla el talento y puede producir desafección"

 

Imaginemos que obligáramos a un adolescente a leer durante meses el mismo capítulo de un libro que comprendió perfectamente la primera semana. Probablemente terminaría mirando por la ventana. Después comenzaría a hablar con el compañero. Más tarde olvidaría traer el libro. Finalmente concluiríamos que no muestra interés por la lectura. El aburrimiento sostenido no educa el carácter. Tampoco desarrolla el talento y puede producir desafección. El alumno deja de levantar la mano porque sabe la respuesta y hacerlo continuamente termina convirtiéndolo en el raro de la clase. Aprende incluso algo mucho más peligroso: a ocultar lo que sabe para poder pertenecer al grupo. Así, el sistema educativo consigue exactamente lo contrario de aquello para lo que fue creado: en lugar de ayudar a que una persona llegue a ser cuanto puede ser, le enseña a disminuirse.

Resulta curioso comprobar cómo nuestra sociedad pronuncia constantemente palabras como innovación, talento, investigación o excelencia, mientras podemos permitir que una parte de ese talento permanezca durante años escondida en la tercera fila del aula. Por otro lado, educar las altas capacidades tampoco significa alimentar el ego del alumno diciéndole continuamente lo inteligente que es, craso error. Significa precisamente lo contrario: enseñarle que sus capacidades implican responsabilidad, trabajo, humildad, perseverancia y servicio. El talento sin carácter puede quedarse en fuegos artificiales.

La escuela, las diversas transiciones a Secundaria, Bachiller o Universidad-FP no pueden garantizar que todos lleguen al mismo lugar, pues los seres humanos somos diferentes. Lo que sí debería intentar garantizar es que ninguno quede artificialmente frenado por no haber sabido comprender sus necesidades. Un sistema educativo serio no puede depender únicamente de encontrarse por casualidad con un magnífico maestro.

 

Una gran escuela o centro de secundaria debería acompañar al que encuentra dificultades, sostener al que tropieza, integrar al diferente y, simultáneamente, impulsar hasta donde sea razonable a quien pueda avanzar más deprisa o profundizar mucho más"

 

En el curso escolar que se inicia no sabemos quién está hoy sentado, aburrido, al fondo de un aula. Puede encontrarse allí una futura investigadora, ingeniero, médico, músico, escritora… pero tampoco deberíamos medir su valor únicamente por aquello que pueda producir mañana. Más aún, una sociedad inteligente comprende también que cuidar el talento constituye una extraordinaria inversión colectiva.  ¿Entienden por ahora lo de la fuga de cerebros? Una gran escuela o centro de secundaria debería acompañar al que encuentra dificultades, sostener al que tropieza, integrar al diferente y, simultáneamente, impulsar hasta donde sea razonable a quien pueda avanzar más deprisa o profundizar mucho más.

El gran reto del siglo XXI no consiste en impedir que alguien se quede atrás. Consiste también en evitar que obliguemos a quedarse atrás a quien podría llegar más lejos. La igualdad de dignidad exige diversidad de respuestas y, quizá deberíamos entrar mañana en nuestras aulas haciéndonos una pregunta incómoda: ¿cuántos talentos tenemos delante sin saberlo? También pierde -silenciosamente, sin estadísticas espectaculares ni titulares- cuando un alumno permanece sentado durante años en un pupitre, aprueba incluso sus exámenes, termina sus estudios y nadie llegó jamás a descubrir el tesoro intelectual que llevaba dentro. 

Por último, son muchas las madres que se dan cuenta de ello desde pequeños y no desean decirlo para que a su hijo no se le clasifique. Aún más, desean que su hijo sea uno más, que pase desapercibido y ello es fatal para su hijo. Su hijo no es uno más y le está haciendo un daño garrafal

Estos temas y otros llevan pasando años por nuestras Consejerías educativas, como el agua pasando por encima de los riscos. Seguimos estando a años luz de temas centrales y ello, con el tiempo, va castrando a una sociedad donde los mejores, así lo ha deseado la sabia naturaleza, son ladeados por la falta de profesionalidad e interés de los que dicen ser protagonistas regionales de la educación. 

 

Mariano Galián Tudela

Presidente del partido nacional Valores en la Región de Murcia

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